Armenia entre dos fuegos (I): Azerbaiyán ataca desde fuera, los armenios protestan desde dentro

El primer ministro armenio, Nikol Pashinián. | World Economic Forum / Sikarin Fon Thanachaiary
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Madrid. El pasado 13 de septiembre, a las 00.05 horas, las fuerzas de Azerbaiyán abrieron fuego contra el territorio armenio (las ciudades de Goris, Sotk y Jermuk, famoso balneario en el sudeste del país), según informó el Ministerio de defensa armenio. Las autoridades azerbaiyanas en Bakú acusaron a su vez a Ereván de iniciar las hostilidades.

El mismo día, el primer ministro armenio, Nikol Pashinián, se dirigió al Parlamento y anunció 49 víctimas del ataque de su vecino. Bakú respondió a las acusaciones de escalar el conflicto alegando a que Azerbaiyán se vio obligado a comenzar una operación para lidiar con las provocaciones que las fuerzas armadas armenias llevaban una semana organizando en las regiones fronterizas. Expertos armenios discrepan, argumentando que su país no tiene los recursos necesarios para atacar el territorio azerí después de la severa derrota en la guerra de 2020.

La súbita escalada del conflicto entre los dos países caucásicos tomó al público internacional por sorpresa. Desde los enfrentamientos en la región de Nagorno Karabaj (también conocido como Artsaj, territorio mundialmente reconocido como azerí, pero controlado, sin embargo, por milicias pro-armenias), en marzo de este año los beligerantes se reunieron varias veces en Bruselas para contemplar el cese de la disputa que lleva desgarrando al Cáucaso por más de tres décadas. Un acuerdo de paz se vislumbraba en el horizonte.

El conflicto de Nagorno Karabaj se remonta a la extinta Unión Soviética, donde, bajo decreto de Moscú, el territorio de Nagorno Karabaj (o Alto Karabaj), con una significante minoría armenia, pasó a formar parte de la República Socialista Soviética de Azerbaiyán. Cuando el régimen se desmoronaba a finales de los años 80, el conflicto entre armenios y azeríes salió a la luz y resultó en una de las guerras más sangrientas de la región. En la primera guerra, Armenia consiguió dominar la provincia disputada, además de adquirir varios distritos adyacentes para facilitar la conexión con su propio territorio. El conflicto se congeló entonces, habiendo de vez en cuando pequeños enfrentamientos fronterizos.

Todo cambió en 2020, año del coronavirus, cuando Bakú dirigió una ofensiva relámpago retomando una parte significante de su territorio y rodeando a las milicias pro-armenias en el Artsaj. El acuerdo de cese de fuego promovido por Moscú fue firmado en noviembre de ese año y aseguró la posición azerí en las regiones conquistadas. La administración de Nagorno Karabaj en la capital, Stepanakert, quedó aislada, con fuerzas enemigas a tan solo 11 kilómetros en la ciudad de Susa. La única conexión que mantenía con Armenia era el corredor de Lachin, defendido por pacificadores rusos que se entrometieron en la guerra para evitar que los armenios pierdan más territorio.

Un año y medio después, cuando Rusia, país que solía ocuparse de mantener a los jugadores regionales postsoviéticos a raya y bajo control, invadió a la vecina Ucrania el 24 de febrero, Bakú retomó su iniciativa de recuperar su integridad territorial de una vez por todas. El Kremlin estaba ocupado con su «operación especial», intentando tomar Kiev y avanzar en el Donbás, y no podía permitirse distraerse a otro conflicto. Ilham Aliyev, presidente de Azerbaiyán, lo sabía perfectamente. Rusia necesitaba todas las fuerzas que podía reunir, por lo que anunció que retiraría al menos una parte de los pacificadores rusos de Nagorno Karabaj, según informaron fuentes azerbaiyanas. Entonces las fuerzas azeríes entraron en varios poblados al otro lado de la línea de demarcación.

Aunque pequeño, el avance era una señal clara para Moscú por parte de Bakú: ¿Qué vas a hacer ahora? Rusia manifestó su condena a las acciones de su vecino meridional y demandó que Azerbaiyán retirara de inmediato sus fuerzas del territorio disputado. Bakú respondió de forma muy atrevida, acusando al Kremlin de parcialidad y mentira, y demandando que todas las milicias armenias abandonen el Artsaj. Además, Ilham Aliyev recordó que el término «Nagorno Karabaj» no existe ‘de iure’, por lo que instó a Rusia a que restrinja su uso en sus comunicados oficiales

Mientras tanto, en Armenia el ataque sembró el pánico. Aliyev ganó en 2020 y no pensaba detenerse ahora. Quería todo Karabaj y no parará ante nada hasta que lo tenga entero. Pashinián se encontraba en una encrucijada. Su país no podía ir al paso de Azerbaiyán y defender el Artsaj. Por otro lado, la población no le perdonaría una rendición.

Como la atención de Rusia estaba concentrada en el frente ucraniano, la iniciativa de pacificar a los beligerantes la retomó la Unión Europea (UE). El 6 de abril Pashinián y Aliyev viajaron a Bruselas, donde los recibió Charles Michel, presidente del Consejo Europeo. El fin de este encuentro era simple: poner fin a las hostilidades y negociar un acuerdo de paz de una vez por todas.

El Ministerio de Exteriores de Azerbaiyán formuló sus demandas en 5 puntos:

-Ambos países deben reconocer mutuamente la integridad territorial el uno del otro. Eso significa que Ereván reconoce la región autónoma de Nagorno Karabaj como parte inseparable de Azerbaiyán.

-Ambos lados se abstienen de reclamar el territorio del uno del otro.

-Ambos países tienen que abstenerse de usar métodos no inscritos en la Carta de la ONU de 1945 para conminar a su oponente. La vía militar de recuperar el territorio perdido queda prohibida.

-Azerbaiyán y Armenia establecen relaciones diplomáticas bilaterales.

-Los países establecen relaciones comerciales y conexión de transporte, algo que Bakú necesita para acceder a su enclave meridional de Najicheván, otro tema controvertido en esta disputa.

Tras el encuentro Pashinián afirmó que estaría dispuesto a aceptar estas condiciones, siempre cuando cualquier decisión sea consultada con la población que habita los territorios en cuestión.

Las declaraciones del primer ministro de un acuerdo con Bakú provocaron un fuerte descontento en la población armenia. Liderados por la oposición, miles de personas salieron a las calles de Ereván para protestar contra la cesión de Nagorno Karabaj, por el que tantos de sus compatriotas sacrificaron su vida. Los expresidentes Robert Kocharián y Serzh Sarkisián apoyaron a los manifestantes, junto con el primer líder del país, Levón Ter-Petrosián, y demandaron la destitución de Pashinián del puesto de jefe de gobierno.

Las manifestaciones duraron varias semanas y más de 2.000 personas fueron detenidas. Eran comunes las confrontaciones entre la gente y la policía. Cuando en junio el ministro de exteriores ruso Serguéi Lavrov viajó a Ereván las protestas se intensificaron. Los armenios que salieron a las calles culpaban al funcionario del Kremlin de presionar a Armenia para firmar la paz.

A continuación, tuvieron lugar otros dos encuentros entre Aliyev y Pashinían bajo los auspicios de la UE en Bruselas. La última reunión fue el 31 de agosto debido al enfrentamiento fronterizo a comienzos de mes, donde -según los informes oficiales- murieron dos milicianos karabajíes y un soldado azerí. Bakú afirmaba que Ereván seguía manteniendo su presencia en el territorio disputado, algo prohibido por el acuerdo de cese de fuego de 2020. Según el verano llegaba a su fin las tensiones aumentaban.

Además, aparte de mostrar aparente interés por firmar la paz, Pashinián no se daba prisa a poner el punto final en la disputa. Desde que Bakú declaró sus cinco demandas ya pasó casi medio año. Azerbaiyán se estaba poniendo ansioso. Un ataque sorpresa serviría para mostrarle a Ereván que su única opción es rendirse y rápido.

En la cumbre de los países de la Organización de Cooperación de Shanghái, a la que ambos líderes caucásicos fueron invitados como observadores, Ilham Aliyev hizo un discurso ante los demás dirigentes, enfatizando la devoción de su país por alcanzar la paz. «Ahora, tenemos que comenzar a trabajar en el tratado de paz sin condiciones previas ni demoras artificiales», puntualizó. Demandó además que Armenia establezca un corredor terrestre entre el territorio azerí y su enclave en Najicheván. Pashinián, debido al conflicto fronterizo, no asistió a la reunión.

Otro hecho que muestra la resolución de Azerbaiyán de acabar con la cuestión karabají de una vez por todas es que la contienda entre ambos países, que antes solía limitarse en su mayoría al territorio del Artsaj, ahora pasó al territorio mundialmente reconocido como armenio. Bakú envía un claro mensaje, aludiendo a la primera de sus demandas: si tú no reconoces mi integridad, yo no reconozco la tuya. Aliyev tiene la supremacía militar y va a presionar a Ereván hasta que este ceda al fin. La amenaza al territorio armenio es mucho más existencial que la de perder Nagorno Karabaj.

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Iván Ortega Egórov

Estudiante de Relaciones Internacionales de la Universidad Carlos III, de Madrid

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