Claves para un “tratado de paz” y de entendimiento entre las dos Coreas

Nueva edición en Seúl del Congreso Mundial de Periodistas con la participación de 18 expertos de todo el mundo.

Madrid. En esta pasada semana he tenido la ocasión de intervenir en dos videoconferencias sobre las relaciones entre las dos Coreas. Una de ellas en el Congreso Mundial de Periodistas, celebrado en Seúl, vía online, al igual que la celebrada en Madrid por la Federación Mundial por la Paz Universal, donde manifesté varias claves encaminadas a poner fin a este largo litigio que se vive en la península coreana desde el final de la Segunda Guerra Mundial que dio origen a su división tras la colonización de Japón (1910-1945) y luego después a una guerra civil brutal entre ambas partes (1950-53) que terminó con un armisticio pero nunca con un tratado de paz.

Las dos Coreas acaban de conmemorar el segundo aniversario de su acuerdo en la cumbre de Pyongyang en medio de una enorme discreción y un profundo estancamiento en sus relaciones bilaterales y diálogos sobre la desnuclearización, que unido al también estancamiento entre Corea del Norte y EEUU, tras las dos cumbres pasadas (Singapur en junio de 2018 y Hanói en febrero de 2019) todo hace pensar que no habrá novedades al menos hasta el primer trimestre de 2021, y sólo seguirá siendo noticioso los continuos ataques de Donald Trump a China para ganarse a sus votantes y lo que haga Corea del Norte en sus planes de misiles o desarrollo nuclear, pero ambas acciones no resuelven para nada el actual problema.

Así, en líneas generales es vital un acuerdo de paz entre las dos Coreas que sustituya al armisticio de 1953 que puso fin a la guerra coreana, ya que la firma de un tratado de paz es imprescindible para buscar la normalidad y estabilidad en la región y al mismo tiempo sirve para generar confianza y comenzar una nueva etapa en la península coreana.

La nueva situación política en Corea del Norte debe servir para encauzar la nueva realidad social-económica-política para enterrar el pasado y con un nuevo tratado paz sería posible, pero el régimen norcoreano busca una mayor seguridad que no ponga en peligro su supervivencia en la pugna geoestratégica. No obstante, hay que aprovechar todo lo que nació en enero de 2018 durante los Juegos Olímpicos de Invierno de Pyeongchang, que contribuyeron a un acercamiento con el Sur y a dos encuentros históricos entre Kim Jong-un y Donald Trump, pero la inminente prueba balística norcoreana no soluciona el problema, sólo conduce a fortalecer el régimen dentro de su propio país. Con métodos bélicos de una y otra parte la península coreana no se arregla.

Pese a la reciente destrucción de la Oficina de Enlace entre las dos Coreas en Kaesong (junio de 2020), además de endurecer su postura contra EEUU y su vecina del sur, poco días después Corea del Norte suspendió la respuesta militar prevista contra Corea del Sur en un momento decisivo para desbloquear el estancamiento de las negociaciones nucleares con Estados Unidos, pero sólo son momentos temporales, la realidad debe ser constante y cambiante, de lo contrario el monotema coreano, que cansa a todos, puede durar siglos. 

Y la confianza y la seguridad son claves para el régimen norcoreano. Fue precisamente el fracaso de la cumbre de Hanói una consecuencia de la desproporción entre el levantamiento de las sanciones y la reducción del programa nuclear norcoreano, Para Pyongyang, mientras no se sienta seguro, el asunto nuclear tendrá una difícil solución y el régimen necesita también el levantamiento de las sanciones para airear su maltrecha economía.

Es decir, el entendimiento de ambas partes también está relacionado con la confianza, que ahora no existe, pero que Corea del Norte necesita. Corea del Sur se la ha ofrecido. Y las dos cumbres entre Kim Jong-un y Donald Trump han sido y serán claves para 2021 tanto para Trump como si ganara en su caso las elecciones presidenciales el demócrata Joe Biden. Una península coreana con amenazas nucleares o con la buena defensa militar surcoreana no son la solución. La base de todo para la estabilidad empieza con la firma de un tratado de paz que dé confianza y sobre todo entendimiento de cara al presente y futuro de la región.

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Una vez se supere la pandemia del coronavirus es importante, y ya con un nuevo presidente en EEUU, que tanto Corea del Norte como Corea del Sur se entiendan dejando el pasado en el olvido, para de esta forma ayudar a desmantelar el programa nuclear norcoreano, su única arma de protección, analizar el levantamiento paulatino de las sanciones y sobre todo originar un clima de confianza que Pyongyang necesita para lograr con Seúl la firma de una paz que ponga fin a lo que fue la “guerra coreana”: 70 años de turbulencias y tensiones que no han arreglado el problema.

El mundo va a cambiar aún más tras la pandemia. Y eso sí, China no puede quedar, pues el gigante asiático tiene el 93 por ciento del comercio exterior de Corea del Norte y le facilita el 90 por ciento del combustible que consume el país.

En definitiva, los medios bélicos no arreglan la actual situación de la península coreana. Desde el punto de vista militar, las tensiones en ambas Coreas sólo alargan el problema y provocan cada vez más gasto económico. La desnuclearización es vital, además del fin progresivo de las sanciones internacionales. Porque pensar aún que Corea del Norte pueda atacar a Corea del Sur o lanzar un misil a Japón es realmente quimérico.

Obviamente la comunicación sincera entre Seúl y Pyongyang es fundamental, así como una normalización política sin altibajos y con una estrecha colaboración de Corea del Sur, tras una previa y profunda confianza de Corea del Norte. Sin dejar en el tintero una solución a los problemas de índole social, vital en una sociedad que necesita un equilibrio sociológico a nivel de país que sirva para encauzar nuevos caminos hacia una nueva etapa difícil, pero no imposible.Y sin pasar por alto el importante asunto de la economía, trascendental para avanzar en su desarrollo. Tal vez, el primer paso para lograr todas estas consideraciones sea una reconciliación que no existe entre ambas Coreas y que condiciona un definitivo tratado de paz en la península.

Y, por último, al margen de las distintas opiniones vertidas sobre la realidad actual de las dos Coreas, el régimen norcoreano sigue trabajando en los preparativos de un gran desfile militar en Pyongyang para celebrar por todo lo alto, el próximo 10 de octubre, el 75 aniversario de la fundación del Partido de los Trabajadores.

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Santiago Castillo

Santiago Castillo

Periodista, escritor, director de AsiaNortheast.com y experto en la zona

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