Las disculpas de Kim Jong-un no minimizan la gravedad de la muerte de un funcionario surcoreano y tensa las relaciones (I)

Madrid. El monotema de las relaciones entre las dos Coreas va camino de eternizarse con altibajos de toda índole pero sin una solución política definitiva y son más de 70 años en medio de una realidad entre los dos países que no sólo cansa a la ciudadanía surcoreana sino que este último incidente ocasionado por Corea del Norte por haber matado a tiros a un hombre surcoreano para, al parecer, evitar la propagación del coronavirus, ha causado una enorme indignación pública y política, pese a la sorprendente disculpa de Pyongyang a Seúl que persigue, pese a la gravedad del asunto, evitar más tensiones entre las dos partes. 

Tal vez las nuevas tensiones junto a lo infrecuente del líder norcoreano, Kim Jong-un, de ofrecer sus disculpas a Corea del Sur después de que el Ejército norcoreano abatiera a tiros la semana pasada a un funcionario de pesca surcoreano junto a la frontera marítima entre los dos países sirvan para reducir el voltaje de unas circunstancias políticas que marcan desde hace años la particularidad que vive la península coreana, donde empezó a fraguarse una nueva realidad política a raíz de los Juegos Olímpicos de Invierno de Pyeongchang (Sur), en enero de 2018, y con el cambio de estrategia de Pyongyang y las dos cumbres entre EEUU y Corea del Norte.

El presidente de Corea del Sur, Moon Jae-in, recibió de Corea del Norte una disculpa por carta un día después de que Seúl informara de la muerte del funcionario de pesca surcoreano, cuyo cadáver, según las primeras fuentes, fue rociado con gasolina y prendido, una situación dentro del país que al mismo tiempo ha supuesto que el jefe del Estado afronte presiones políticas por el incidente, que coincidió con un nuevo impulso para tomar medidas contra el régimen de Kim Jong-un.

Por ahora todo indica que el cadáver no fue quemado y sigue ilocalizable en aguas norcoreanas, lo que ha supuesto que la Armada surcoreana se haya movilizado con bastantes barcos, incluido buques de guerra, en una operación de búsqueda pero con la seria advertencia de Pyongyang sobre el peligro de que sus navíos traspasen la frontera marítima después del despliegue de Seúl en la zona para encontrar al cadáver del funcionario sureño que murió por los disparos de tropas norcoreanas. 

La frontera marítima occidental intercoreana, situada en el mar Amarillo y conocida como la Línea Límite Norte (LLN), es una de las zonas más tensas de la región y ha sido escenario de trifulcas entre ambos vecinos -técnicamente aún en guerra-, que en los últimos 20 años han dejado al menos 80 militares muertos de ambos bandos.

De esta forma, es obvio que la carta del líder norcoreano, en la que “lamentaba profundamente el incidente inesperado y desagradable ocurrido en nuestras aguas”, representa la estrategia política de Pyongyang de no romper definitivamente con Seúl. Pese al gravísimo incidente y a las deterioradas relaciones entre las dos partes, Corea del Norte aseguró que tomaría medidas para que no se repita lo sucedido.

Sin embargo, en Corea del Sur se piden más explicaciones y contundencia contra Corea del Norte. Desde la oposición hasta una parte de la ciudadanía exigen, según medios surcoreanos, menos tibieza al presidente Moon en su respuesta al Pyongyang, así como detalles más concretos sobre la muerte del funcionario surcoreano, cuyo propio hermano ha resaltado que es totalmente falso que quisiera fugarse a Corea del Norte como desertor. Una situación confusa, dado que primero se quema el cuerpo, luego se desmiente y, más tarde, las excusas vertidas con esta muerte aparecen llenas de contradicciones. Además, el Norte advierte al Sur del peligro de que entre en sus aguas para ubicar el cadáver en medio de nuevas tensiones entre los dos países.

Eso sí, Corea del Sur ha pedido una exhaustiva investigación conjunta, aunque con toda seguridad será difícil que Corea del Norte la acepte, pero sí es evidente que el régimen norcoreano mostrará que es un país fuerte certificando su propia seguridad. Entre tanto, Seúl ha pedido al Norte reactivar las líneas de comunicación militares entre ambas coreas, que Pyongyang dejó de usar en junio pasado en protesta por el envío de propaganda a su territorio por parte de activistas desde el Sur.

Pero las versiones de ambos lados sobre la muerte del funcionario surcoreano, que desapareció el pasado lunes (21 de septiembre) cuando trabajaba a bordo de un buque del Ministerio de Pesca cerca de la frontera marítima intercoreana en el mar Amarillo, no concuerdan, de ahí la incertidumbre y las presiones al gobierno de Moon para esclarecer unos hechos que marcarán una vez más las inestables relaciones entre los dos lados.

Santiago Castillo

Santiago Castillo

Periodista, escritor, director de AsiaNortheast.com y experto en la zona

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