China, entre la tradición milenaria de Beijing, la sostenibilidad emergente de Foshan y la vanguardia tecnológica de Shenzhen

Pekín, Foshan y Shenzen, en China. | Pxhere / 钉钉, Wikimedia / Chris, Flickr
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Madrid. Mis experiencias en Beijing, Foshan y Shenzhen reflejan un panorama fascinante de ciudades que están transformándose en verdaderas «smart city» (ciudad inteligente) y que están comprometidas con un futuro de emisiones cero. Mi viaje a China se produjo gracias a la Asociación Amigos de China en España y Cátedra China, un bagaje que me ha servido para el desarrollo de mis conocimientos académicos, buceando en la rica cultura y tradiciones chinas, además de estar presente en el Foro de la Nueva Ruta de la Seda con encuentros significativos y testimoniar en ASIAnortheast.com mis propias investigaciones para resaltar el enorme progreso de la República Popular China.

En la encrucijada entre la historia milenaria y la vanguardia tecnológica, las tres ciudades citadas se destacan como epítomes de transformación sostenible. Esta experiencia es un testimonio de mi fascinante vivencia en estas metrópolis, donde la dualidad entre lo tradicional y lo moderno crea un paisaje visualmente cautivador.

Esta apasionante y enriquecedora pericia en Beijing revela una ciudad que se erige como un epicentro de innovación y desarrollo sostenible. La capital china presenta un fascinante contraste entre lo nuevo y lo tradicional, donde rascacielos modernos y antiguas estructuras históricas coexisten armoniosamente.

Beijing, la capital china, se revela como un fascinante crisol de historia y modernidad. La Ciudad Prohibida, joya arquitectónica de las dinastías Ming y Qing, se alza como un recordatorio majestuoso de un pasado imperial. Este icónico sitio contrasta vívidamente con los tradicionales «hutongs», callejones estrechos que encapsulan la vida cotidiana de épocas imperiales.

La Ciudad Prohibida, un antiguo palacio imperial, contrasta con los estrechos callejones tradicionales llamados «hutongs», ofreciendo una visión única de la vida china a lo largo de los siglos. La Gran Muralla China, un ícono histórico, que se encuentra a las afueras de Beijing, representa la imponente defensora de antaño que simboliza la resistencia histórica, mientras que el reluciente Distrito Financiero de la capital, hogar de rascacielos, representa el rápido y vertiginoso crecimiento económico y tecnológico contemporáneo.

El contraste se extiende al Templo del Cielo y parques tecnológicos, donde la tradición se encuentra con la vanguardia. Beijing también fusiona artes tradicionales como la ópera de Pekín con centros de arte contemporáneo, y el Palacio de Verano contrasta con distritos de compras modernos como Wangfujing. En el corazón del Templo del Cielo, emperadores realizaban rituales para buenas cosechas, mientras que los parques tecnológicos modernos encarnan la avanzada investigación y desarrollo tecnológico. Beijing, hogar de artes tradicionales como la ópera de Pekín, coexiste con centros de arte contemporáneo, creando un mosaico que fusiona pasado y presente en su escena artística.

Esta conjunción única no solo ofrece una experiencia visualmente impactante, sino que también refleja la capacidad de la capital china para abrazar su rica herencia cultural mientras avanza hacia un futuro sostenible y tecnológicamente avanzado.

Esta dualidad visualmente impactante no solo representa la rica herencia cultural de Beijing, sino también su capacidad para abrazar el pasado mientras avanza hacia un futuro sostenible.

En cuanto a Foshan, he sido testigo de una rápida evolución hacia una economía más verde y sostenible. La ciudad está adoptando tecnologías inteligentes para optimizar el consumo de energía, mejorar la eficiencia de los servicios públicos y reducir emisiones. Iniciativas como eficiencia energética en edificaciones, transporte sostenible y gestión inteligente de residuos demuestran el compromiso integral de Foshan con la sostenibilidad.

En relación a Shenzhen, urbe que destaca por su liderazgo global en innovación y tecnología, la transformación hacia una ciudad con emisiones cero es evidente. La movilidad eléctrica se combina con sistemas de transporte inteligente, energía renovable, edificios inteligentes y gestión avanzada de residuos. Shenzhen busca no solo abordar los desafíos ambientales, sino también establecerse como un modelo para otras metrópolis.

Estas ciudades chinas están integrando la visión de ser «smart city» con la conciencia ambiental, desde la implementación de la Inteligencia Artificial en la gestión del tráfico hasta la construcción de edificios ecoeficientes. Además, he observado el crecimiento del poder adquisitivo de los ciudadanos chinos, equiparándose cada vez más al de Occidente, evidenciado por la creciente demanda de productos de alta gama y las inversiones en tecnologías verdes. Eso sí, lo que es evidente es que las ciudades denominadas inteligentes ya son una realidad que hace que la revolución tecnológica llegue más rápido.

Y sin olvidar, como reitero, que el poder adquisitivo de los ciudadanos chinos está en rápido crecimiento, tal como lo demuestran los lujosos centros comerciales en estas ciudades que exteriorizan la creciente demanda de toda clase de productos de alto nivel con importantes inversiones en tecnologías verdes y sostenibles.

En conclusión, Beijing, Foshan y Shenzhen no solo lideran el camino hacia ciudades más inteligentes y sostenibles, sino que también reflejan la transformación económica de China y su ascenso al nivel de las naciones occidentales en términos de poder adquisitivo. Estas experiencias ilustran cómo el país está impulsando un futuro más sostenible a nivel global.

Sergio Trigo Saugar

Profesor de la Universidad Rey Juan Carlos en el Master de la UE y China (Interuniversitario con la Universidad a Distancia de Madrid-UDIMA) y coordinador de la Asociación Amigos de China en España.

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