China busca estabilidad económica con la UE y con Estados Unidos

| © European Union 2015 - European Parliament, Flickr
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Madrid. Esta pasada semana, China y la Unión Europea (UE) celebraron su primera cumbre desde 2019, la primera tras la pandemia. Una cita clave para dar estabilidad a los mercados internacionales, sobre todo cuando ambas partes aún mantienen disputas comerciales y políticas, una reunión en la que había también el antecedente de que la UE criticó a Pekín por su opacidad sobre los orígenes de coronavirus y su actitud cada vez más «intimidatoria» hacia Taiwán y sobre las islas del mar de China Meridional, asuntos que entorpecieron los lazos bilaterales entre Bruselas y Pekín, en un momento en que chinos y estadounidenses tratan de consensuar criterios económicos para salvaguardar las relaciones comerciales entre las dos primeras potencias mundiales.

Tanto China como la UE mantienen una importante cooperación de años, pues Bruselas y Pekín son dos de los mayores socios comerciales del mundo y ambos representan más de un tercio del PIB mundial y el gigante asiático siempre ha apostado por el organismo comunitario como una de sus principales prioridades y de ahí que le no interese que otros problemas le dañen sus objetivos comerciales con la Unión Europea, y más cuando el Banco Mundial (BM) rebaja al 5,2 por ciento su crecimiento para 2024.

China y la UE intercambian mercancías por valor de más de 2.000 millones de euros, pero el déficit comercial del organismo comunitario se ha duplicado en dos años hasta alcanzar los 400.000 millones de euros, según señala Charles Michel, presidente del Consejo Europeo, pero ambas partes acordaron que debe haber un equilibrio comercial para determinar el futuro de las relaciones comerciales. Una cita obligada aunque se esperaba una mayor concreción en compromisos de actualidad.

No obstante, China, mientras hablaba con la UE, recibió la mala noticia de Italia al abandonar la Nueva Ruta de la Seda, un enorme proyecto de infraestructuras para conectar Europa, Oriente Medio y Asia, y de esta forma, mientras aumente la tensión geopolítica entre China y EEUU, las relaciones con la UE tampoco se estabilizarán. Además, ahora Pekín acaba de eximir de visados para estancias de dos semanas a los nacionales de Alemania, Francia, España, Países Bajos e Italia, una buena decisión que favorece a los empresarios que deseen viajar a China, aunque obviamente la salida de Italia de la Nueva Ruta de la Seda empañó esta iniciativa.

Pero el verdadero caballo de batalla entre la UE y China, más allá de sus habituales tensiones comerciales y geopolíticas, ha radicado en el apoyo de Pekín a Moscú en la guerra de Ucrania, dado que la UE deseaba que con la cumbre de esta semana el presidente chino, Xi Jinping, detuviera las ventas de empresas chinas (13, según distintas fuentes) al Ejército ruso, ya que burlan las sanciones internacionales al suministrar equipamiento europeo o civil con uso militar, pues de lo contrario la UE podría incluir a dichas compañías en el paquete de sanciones contra Moscú, lo que le ocasionaría grandes problemas a Pekín y perjudicaría aún más las relaciones entre la UE y China. La UE ha insistido a Pekín para que use su influencia sobre Rusia para detener esta guerra de agresión.

Luego también está pendiente la investigación que Bruselas abrió en octubre sobre los vehículos eléctricos chinos, pero lo que es evidente es que las tensiones comerciales y geopolíticas están al orden del día y todo a causa de la guerra de Ucrania, que sigue afectando a los intereses básicos de Europa y donde la UE exige a China que acabe con su apoyo a Rusia. Y añade ya que no es sólo por no condenar el conflicto y criticar siempre a EEUU y a la OTAN, sino también por las ventas de algunas compañías chinas al Ejército ruso, que violan las sanciones del organismo comunitario contra Moscú. A China le importa muy poco Rusia: son relaciones de intereses, se sigue aprovechando de la compra de petróleo barato y con ello el Kremlin financia la guerra ucraniana. Rusia tiene dinero pero vende mal por las sanciones. India también se aprovecha de comprar petróleo a bajo precio.

Pero la importancia de la relación bilateral es obvia. No solo por el volumen del intercambio comercial, que ronda los 900.000 millones de euros (con un déficit para la UE de 396.000 millones en 2022), sino, sobre todo, por el potencial de la cooperación sumada de ambas partes para afrontar los desafíos globales. La necesidad de corregir el desequilibrio entre la UE y China tiene una prioridad en aras de una mayor estabilidad comercial. China cada vez está más en todas partes y cuesta reducir su influencia en la geopolítica mundial.

El presidente chino acaba de visitar Vietnam el pasado 13 de diciembre, una visita altamente valorada por Pekín, dada la importancia de coordinar acuerdos para profundizar en las relaciones entre ambos países, que comparten una frontera de unos 1.300 kilómetros, y en especial en esos litigios del mar de China Meridional, donde Pekín y Hanói se han comprometido a realizar patrullas conjuntas en el golfo de Tonkin, en aguas cercanas a los dos archipiélagos cuya soberanía se disputan chinos y vietnamitas sobre las islas Spratly y las Paracel.

La visita del presidente chino a Vietnam se produjo tres meses después de la del estadounidense, Joe Biden, en septiembre pasado, que supuso la elevación de la relación diplomática entre Hanói y Washington a la Asociación Estratégica Integral, el máximo nivel y que además fortalecieron sus lazos económicos de cooperación tecnológica y del plan de transición energética vietnamita. Biden señaló, y es importante recalcarlo, que se necesita un Indo-Pacífico libre y abierto para todos, una visita que sirve para recordar que la lucha hegemónica entre China y EEUU no sólo está en el control del Indo-Pacifico, una realidad política que también se ha visto tensada por el acoso de China sobre barcos de Filipinas en el mar de China Meridional y que obligó a Manila a convocar al embajador chino en el país. Filipinas se ha ido distanciando de Pekín y cada vez está más cerca de Washington.

China quiere calma, pero la calma con esta enorme polarización política no está asegurada. Y ahora se han agregado a la inestabilidad mundial los rebeldes hutíes del Yemen, que respaldados por Irán amenazan con atacar todo barco que se dirija a Israel, independientemente de su nacionalidad, en medio de una escalada de ataques y secuestros de buques comerciales en el mar Rojo.

La UE pide a China afrontar juntos los desafíos globales. Pekín busca la estabilidad comercial con EEUU, pese a sus diferencias sobre la geopolítica mundial, pero el gigante asiático trata de reactivar su economía tras tres años de un férreo control por la pandemia y pide a Estados Unidos construir puentes de colaboración y más respetuosos en las relaciones económicas y comerciales y que no sancione a las empresas chinas.

Xi Jinping lo tiene claro. Los dos países tienen «un enorme potencial y perspectivas prometedoras» para fortalecer la cooperación a nivel económico y comercial en un momento en el que ambas partes tratan de deshelar las relaciones tras meses de hostilidades. «China promoverá un desarrollo de alto nivel y se abrirá al mundo exterior con un entorno empresarial internacional, legal y orientado al mercado, lo que traerá más oportunidades a empresas de todo el mundo, incluidas las estadounidenses», dijo el presidente chino en una carta de felicitación para conmemorar el 50 aniversario del establecimiento del Consejo Empresarial Estados Unidos-China.

Crear más incertidumbre e inestabilidad no favorece a nadie. Pekín y Washington van dando pequeños pasos para apaciguar algunos de los muchos frentes abiertos que tienen. Pero el gigante asiático afrontará el nuevo año con su deshielo con EEUU y la ralentización de su economía y buscando la estabilidad comercial con la Unión Europea.

Santiago Castillo

Periodista, escritor, director de AsiaNortheast.com y experto en la zona

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