Corea del Norte lanza sus misiles para advertir a EEUU y a sus aliados que está listo para todo

Centro de pruebas nucleares de Punggye-ri, Corea del Norte, en 2013. | USGS, Wikimedia
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Madrid. El régimen norcoreano no piensa en dejar de ser protagonista en nada de lo que ocurra en la península coreana, pero su obsesión sigue siendo encontrar el momento para llevar a cabo la séptima prueba nuclear, pues intentos en este año que termina no le han faltado, pero las circunstancias políticas lo impidieron. No fue posible en 2023 y veremos qué ocurre en 2024, ya que al menos el centro de pruebas nucleares de Punggye-ri (noreste del país) está totalmente rehabilitado y listo para albergar esa soñada séptima prueba nuclear.

Corea del Norte confirmó que el proyectil lanzado el pasado 18 de noviembre fue un misil balístico intercontinental (ICBM) Hwasong-18, que funciona con combustible sólido, y detalló que el líder Kim Jong-un «observó el lanzamiento de prueba sobre el terreno» de cara a «enviar una advertencia» a Estados Unidos y sus aliados, por lo que de esta forma Pyongyang hizo su quinto lanzamiento de este tipo en este año a punto de finalizar, una cifra récord que subraya los avances del programa armamentístico de régimen norcoreano y la importante escalada militar en la región.

El misil del pasado día 18 de noviembre fue disparado desde una zona cercana a la capital, Pyongyang, y habría recorrido 1.000 kilómetros en un vuelo de 73 minutos, antes de caer en el mar al oeste de Hokkaido, la isla más septentrional de Japón, según fuentes oficiales surcoreanas y japonesas. Un cohete que tiene un potencial de desplazamiento de más de 15.000 kilómetros, lo que significa que puede alcanzar cualquier punto de Japón y del territorio continental de Estados Unidos, señaló el viceministro de Defensa japonés, Shingo Miyake, pero de ahí a un conflicto bélico dista mucho de la realidad, pues Corea del Norte sabe que su mejor arma para tener el control del pueblo y su seguridad es su enorme capacidad nuclear.

Y era el segundo lanzamiento en pocas horas que hacía Pyongyang, a modo de respuesta frente a las «provocaciones» y movimientos de «guerra» lideradas por EEUU, refiriéndose así a la llegada un día antes de un submarino nuclear estadounidense a una ciudad surcoreana. Los últimos misiles balísticos intercontinentales de Corea del Norte fueron lanzados desde un campo cercano al aeropuerto internacional de Pyongyang, donde se sospecha que podría haber una instalación de ensamblaje de misiles, pero todo ello ha llevado a EEUU a estrechar la cooperación con Corea del Sur y Japón y a la vez sus compromisos serios para no debilitar la defensa en contra de un hipotético ataque nuclear norcoreano.

El año 2023 no tuvo comparación en lanzamientos de misiles con los habidos en 2022, más de 70 lanzamientos, y veremos qué ocurre con este año nuevo de 2024. Corea del Norte necesita tener su propia guerra particular. Por una parte, el pueblo norcoreano está desde hace mucho tiempo bien mentalizado de que el enemigo número uno es «EEUU y sus secuaces de Japón y Corea del Sur», que están listos para invadirla y por ello tiene que armarse continuamente dando señales de alarma para evitar «sorpresas», se justifica la dinastía Kim para la paz en la península coreana. Y por otra, la mejor solución, que no acepta el régimen norcoreano, radica en el levantamiento de sanciones a cambio de un lento y paulatino desmantelamiento nuclear ofreciendo al régimen confianza y seguridad. Nadie va a atacar a nadie y nadie va a invadir nadie.

Corea del Norte ya se ha declarado como un Estado con armas nucleares, lo que le facilita aún más el camino para llevar a cabo su séptima prueba nuclear, pero ya veremos si será en 2024, pero las consecuencias serían muy inestables para la comunidad internacional y dudo que China, a pesar de ser su mejor aliado, le dé el visto bueno para ejecutar una maniobra que sólo traería más tensión en una zona en la que Japón se rearma, Corea del Sur muestra cada vez más intransigencia con Pyongyang y EEUU no se distancia de sus mejores aliados como son Tokio y Seúl, mientras Pekín sigue siendo clave para influir en la reducción de tensiones y convencer a Kim Jong-un de que nadie le va atacar.

Corea del Norte lanza su primer satélite espía para reforzar sus capacidades de vigilancia ante sus «enemigos potenciales» en noviembre pasado, los cancilleres de Corea del Sur, Japón y China se reunían en la ciudad surcoreana de Busan para normalizar su cooperación, compartir asuntos de interés común y retomar las estancadas cumbres en un momento en que Pyongyang ha reforzados sus vínculos con Rusia y cuando la península coreana no logra la estabilidad deseada tras la suspensión del acuerdo militar firmado en 2018 por los dos Coreas. Y todo parece indicar que la normalidad y la confianza son dos aspectos que suelen chocar bastante en la compleja realidad de la península coreana.

China, Japón y Corea del Sur tienen ante sí el reto de un mayor desarrollo regional y obviamente global. A nadie le interesa que la economía se vea salpicada por caprichos de terceros, y a chinos y estadounidenses no les interesa que la inestabilidad de la geopolítica mundial les afecte en sus relaciones comerciales.

Corea del Norte seguirá con sus lanzamientos de misiles para marcar eventos políticamente significativos en el país, o como una señal de su descontento con los ejercicios militares de Estados Unidos y Corea del Sur y en otras ocasiones con Japón, pero toda actividad de misiles norcoreanos, prohibidos por las resoluciones de la ONU, tienen un solo objetivo para Pyongyang que radica en su autodefensa como país soberano.

Santiago Castillo

Periodista, escritor, director de AsiaNortheast.com y experto en la zona

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