China tensiona el estrecho de Taiwán, pero no invadirá la isla

Xi Jinping y Tsai Ing-wen, presidentes de China y Taiwán, respectivamente.

Madrid. China y la península coreana son todavía rincones del mundo en los que la división del país sigue vigente, pero el sueño de una “gran China”, como la unificación de las dos Coreas”, no ha dejado indiferentes a nadie y más cuando se conmemoran acontecimientos que recuerdan el enfrentamiento civil entre sus protagonistas, pero de ahí a una invasión de la República Popular China sobre Taiwán, o que Corea del Norte pueda hacer lo mismo con Corea del Sur, parece de momento bastante improbable.

Tanto la guerra civil de China (1927-49) como la de Corea (1950-53) fueron conflictos muy violentos que han desembocado en periodos de tensiones e inestabilidad en esa parte del continente asiático que siguen sin resolverse por distintos motivos geopolíticos y estratégicos. 

Por un lado, en China se inició una guerra civil en 1927, que duró 22 años, sólo interrumpida por la invasión japonesa de 1937-1945, en la que tanto los comunistas como los nacionalistas luchan contra el invasor nipón, y luego, en 1945, tras la derrota de Japón en la Segunda Guerra Mundial, se reanuda la guerra civil china con el triunfo de Mao Zedong en 1949 que proclama la República Popular China, mientras los nacionalistas del Kuomintang (KMT) con el apoyo de EEUU se establecen en la isla de Taiwán (antigua Formosa) y así hasta la actualidad.

Por otro, en cuanto a la guerra civil coreana, las dos Coreas permanecen técnicamente en guerra, ya que el conflicto que las enfrentó entre 1950 y 1953, y en el que Estados Unidos lideró la coalición que apoyó al Sur, acabó con un alto el fuego, el actual armisticio, y no un tratado de paz. Y todo como consecuencia de la derrota de Japón, que había colonizado la península coreana (1910-45). Tras la división de la península en 1948 se establece oficialmente la instauración de los dos países en el Norte y Sur, respectivamente. Y así hasta hoy día.

De esta forma, la realidad política es que la República de China (actual Taiwán) sigue ocupando un importante espacio geopolítico en el continente asiático en un mundo cada vez más global en el que EEUU y China pugnan por el liderazgo mundial pero donde Pekín no cede en su “presión” sobre la isla taiwanesa con el objetivo de debilitarla y analizar la respuesta que pudiera dar Washington, su valedor y aliado principal, en el caso de invadirla.

Tanto China con su Día Nacional de la República Popular China, el pasado 1 de octubre, como Taiwán (República de China) con su “doble diez”, 10 de octubre, han celebrado sus respectivas fiestas nacionales y las dos partes han aprovechado la ocasión para reivindicar su integridad territorial con una serie de actos que han evidenciado lo lejos que están por ahora Pekín y Taipéi, pues de momento la tesis de “un país, dos sistemas” que facilitó la devolución a China de Hong Kong y Macao el siglo pasado fue planteada antes, pero sin éxito, a Taiwán en la transición hacia la democracia, una tesis que rechaza la presidenta taiwanesa, Tsai Ing-wen, mientras el gobernante chino, Xi Jinping, considera a la antigua Formosa una provincia rebelde y cuya soberanía reclama desde hace décadas.

Estratégicamente Taiwán sigue siendo vital para EEUU, sobre todo con la cada vez mayor influencia de China en Asia, pues el Pacífico ahora es el núcleo de la rivalidad entre Pekín y Washington y el estrecho de Taiwán radica la división en dos mares: mar de China Meridional y mar de China Oriental, por ello el gigante asiático no cederá en su objetivo de recuperar la isla, mientras Estados Unidos si quiere seguir influyendo en la zona y con ello evitar la hegemonía china no se quedará con los brazos cruzados ante cualquier amenaza a la isla.

China nunca ha ocultado sus intenciones de invadir Taiwán, cuya isla bloquea el sueño de una gran China, y sabiendo que Estados Unidos vende armamento a Taipéi, que mantiene un pacto de defensa con EEUU. Controlar el Pacífico, el océano mundial de mayor extensión de la Tierra, es objetivo de las dos primeras potencias del mundo.

Mientras Taiwán mejora sistemáticamente su capacidad de defensa y de combate, los expertos navales estadounidenses consideran que el creciente poderío marítimo de China no tiene freno, cuya Armada desarrolla un proceso rápido de sus capacidades que obviamente preocupa a Washington.

Los taiwaneses también están preocupados, pues saben que el desarrollo militar chino no se detiene, incluso el ministro de Defensa de Taiwán, Chiu Kuo-sheng, ha señalado esta semana que China tendrá la capacidad de lanzar una invasión sobre la isla para 2025, siendo así una clara advertencia de su Gobierno sobre la posibilidad de un conflicto armado y en medio de una escalada de las tensiones entre Pekín y Taipéi, después de que unos 150 aviones militares chinos hayan sobrevolado las cercanías del espacio aéreo taiwanés en los últimos días.

Aun así, y pese a las tensiones entre Taipéi y Pekín, China es un socio comercial importante de Taiwán, pero ocurre que la isla no quiere estar bajo el control de China, y cada vez más los isleños denuncian la incursión de aviones militares chinos en su espacio aéreo, lo que agrava la tensión entre taiwaneses, chinos y estadounidenses.

Pero una invasión china no resultará baladí. Por un lado, la credibilidad e imagen de Pekín en el mundo quedaría muy tocada, sobre todo cuando China opera con socios comerciales que, al menos diez de esos países, son democracias plenas y en torno al 60 por ciento de sus exportaciones van a EEUU y sus aliados.

Y, por otro, las consecuencias económicas a nivel industrial y financiero requieren de un gran esfuerzo que, entre otras necesidades, se encuentra la de una fuerte presencia militar en la isla, y por tanto, de momento, una invasión está lejana, lo que no quiere decir que Pekín insista en ello, en especial cuando el gigante asiático haya alcanzado la autosuficiencia tecnológica.

Y luego, según los últimos sondeos de la Taiwán New Constitution Foundation, publicados en agosto pasado, revelan que sólo un 4,7 % de los 24 millones de habitantes residentes de la isla es partidario de una integración con China; un 50,3 % está a favor de mantener el statu quo tal y como está, y un 38,9 % es partidario de la independencia. Una invasión tendría un rechazo social considerable.

Está claro que el plan naval de China para superar a la Armada de Estados Unidos y controlar el Pacífico en 2030 ya ha comenzado a moverse, y la posible militarización del mar de China Meridional y todo lo que puede ocurrir en Taiwán, por cuyas aguas pasan buques de guerra estadounidenses, no será un asunto a desconsiderar, pero, eso sí, EEUU, Reino Unido y Australia han pactado una nueva alianza de defensa militar, conocida como Aukus, para frenar el ascenso de China en el Indo-Pacífico, y aunque se pasarán unos años para que Pekín militarmente supere a EEUU, el Aukus, ese pacto de defensa en donde Australia tardaría hasta diez años en tener su primer submarino nuclear, para entonces ya Pekín podría haber logrado al menos ocho y conservaría la superioridad aérea, balística y marítima.

Taiwán quiere proteger el “statu quo” de la isla, pero Pekín no está por la labor. La presidenta Tsai lo ha dicho esta semana: “Reclamamos mantener el ‘statu quo’, haremos lo posible para que no sea alterado unilateralmente”. Y añade que “para resolver las diferencias (con China), se necesita que ambas partes entren en un diálogo basado en la igualdad”, lo que Pekín se opone, al considerar a la isla como parte del territorio nacional. Tsai también reconoce que la isla vive su momento más complejo de los últimos 72 años, cuando los nacionalistas del Kuomintang perdieron la guerra civil contra los comunistas y se replegaron a la isla.

En definitiva, el presidente chino, Xi Jinping, ha dicho muy claro que su país “puede conseguir y conseguirá la reunificación con Taiwán”, mientras la presidente taiwanés a, Tsai Ing-wen, también lo ha manifestado, en el sentido contrario, claramente: “No pueden obligarnos a tomar el camino elegido por China para Taiwán”. Y reclamó reforzar las defensas de la isla para demostrarlo. Sólo falta un accidente provocado por las actividades militares o de incursiones de aviones de la Fuerza aérea china o de un error de cálculo que supondría un “conflicto militar” que por ahora no sé vislumbra, pero, mientras tanto, Taipéi no ha dejado de intensificar sus esfuerzos para buscar apoyo internacional, lo que también inquieta a Pekín.

Santiago Castillo

Periodista, escritor, director de AsiaNortheast.com y experto en la zona

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