El bloqueo del corredor de Lachín deja Nagorno-Karabaj aislado del mundo

| Adam Jones, Flickr
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Madrid. Desde el 12 de diciembre, el corredor de Lachín, único nexo que une a los habitantes de la región separatista de Nagorno-Karabaj con sus compatriotas en Armenia, está siendo bloqueado por manifestantes azeríes, que protestan contra la explotación de las minas en tierra controlada por las milicias armenias. Mientras el primer ministro armenio, Nikol Pashinián, intenta conciliar el nacionalismo interno con la amenaza externa, Azerbaiyán, liderado por Ilham Alíyev, está aumentando su presión para devolver los territorios perdidos en los años 90.

El bloqueo de la ruta de Lachín deja a Stepanakert verdaderamente sitiado y aislado del mundo externo. Según la administración separatista del Artsaj (endónimo armenio de la región), las protestas siguen la tutela de Bakú. La anglosajona ‘Radio Liberty’ halló que muchos de los participantes eran famosos por su apoyo al régimen de Alíyev y su política en el Karabaj. En Azerbaiyán, uno de los países con menos libertad de expresión del mundo, es poco común que movimientos fuera del marco institucional puedan aparecer en el espacio público y criticar sin consecuencias.

La Unión Europea (UE) y Estados Unidos instaron a Bakú a que abra paso en la carretera y se adhiera al acuerdo de cese de fuego de noviembre de 2020, que acabó con el último gran conflicto entre los enemigos acérrimos del Cáucaso. Stepanakert alega que varias personas en difíciles condiciones no están pudiendo recibir atención médica necesaria en Armenia debido al bloqueo. Más de mil personas, entre ellos cientos de niños, están atrapados en Armenia sin poder volver a sus casas. Hay escasez de productos médicos, medicinas y comida. En Bruselas estaban además preocupados por el corte de los suministros de gas, que dejaron a las ciudades karabajíes sin calefacción durante varios días. El 16 de diciembre el gas volvió a fluir por los gasoductos, pero el libre paso por el corredor sigue obstruido hasta el día de hoy.

Aunque Bakú no niega su involucración en la situación, apoyando las protestas por la televisión, afirma que son los pacificadores rusos, establecidos en Nagorno-Karabaj desde 2020, los culpables de impedir el paso de las personas. El Kremlin calificó estas acusaciones de «inaceptables y contraproducentes, provengan de dónde provengan» sin especificar, aun así, la fuente. Desde el comienzo de la llamada «operación especial» en Ucrania, Azerbaiyán se permite desafiar cada vez más abiertamente a su vecino septentrional, ignorando su opinión. Alíyev entiende que a Rusia le quedan pocos aliados y no puede arriesgarse a que Bakú se decante por Occidente acercando a la OTAN más cerca que nunca.

Durante los últimos años, tanto Armenia como Azerbaiyán se acusan de violar el acuerdo de cese de fuego. A menudo resultaba en escaramuzas fronterizas, pero en septiembre de 2022, cuando la artillería azerí atacó por primera vez territorio armenio, la escalación acabó en varios combates y 300 muertos. Bakú lanzó entonces una clara indirecta: hasta que Armenia respete su integridad territorial, no habrá ni paz ni acuerdo. Entonces especificó sus demandas en cinco puntos: ambos países reconocían mutuamente la integridad territorial, se comprometían a no desafiarla en el futuro y no usar métodos ilegítimos para hacerlo y establecían relaciones diplomáticas y comerciales.

El 16 de diciembre, altos cargos azeríes demandaron el establecimiento de control fronterizo en el corredor de Lachín para evitar el contrabando desde territorio armenio de armas y minas a las milicias separatistas.

Pashinián, mientras tanto, se encuentra entre dos fuegos. Su danza política con los homólogos europeos durante sus viajes a Bruselas y conferencias con Alíyev bajo los auspicios de la UE le permitió ganar tiempo, pero su posición no parece sostenible. Algún momento se verá obligado a tomar una difícil decisión que muchos armenios no apoyarán, como demostraron las protestas en Ereván este año. Bakú está en posición de fuerza y no piensa rendirse ahora. Azerbaiyán quiere todo Nagorno-Karabaj y lo quiere cuanto antes.

 

Iván Ortega Egórov

Estudiante de Relaciones Internacionales de la Universidad Carlos III, de Madrid

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