Venezuela desplaza la pugna entre China y EEUU por liderar el mundo en 2026

Nicolás Maduro. | Kremlin.ru, Wikimedia
Nicolás Maduro. | Kremlin.ru, Wikimedia
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Madrid. Venezuela se ha convertido en protagonista de la geopolítica mundial. China toma nota de lo que hace Donald Trump, que le concede un cheque en blanco tras su operación militar en Venezuela y también le sirve a Vladimir Putin para seguir destruyendo a Ucrania. Xi Jinping quiere Taiwán. Trump, el Premio Nobel de la Paz y el petróleo venezolano, sin importarle las consecuencias de sus políticas y sus ataques a Europa. Putin contempla un escenario seguro pues ni China ni Estados Unidos le van a toser en su contante destrozo a Ucrania, mientras Kiev espera una mayor ayuda militar de la Unión Europea (UE) y la Administración estadounidense hace lo que quiere.

La única reacción de Rusia ha sido pedir a EEUU la liberación de Nicolás Maduro y su esposa, mientras China condenó los ataques militares de Estados Unidos contra Venezuela y pidió a Washington el respeto al Derecho Internacional y a los principios de la carta de Naciones Unidad. Trump campea a sus anchas sabiendo que Moscú y Pekín no van a hacer más allá de estas peregrinas quejas, aunque, eso sí, países como Cuba, Nicaragua o Colombia andarán con más cautela dado que el presidente estadounidense parecer ser que no ahorra energías para llevar sus políticas a donde sea necesario. Ni rusos ni chinos se enfrentarán a EEUU. Y tampoco Corea del Norte, cuyo líder, Kim Jong-un, denuncia la «grave violación de la soberanía venezolana», mientras lanza misiles en el mismo día que el presidente de Corea del Sur, Lee Jae-myung, visita China.

Eso sí, Pekín sigue analizando el desarrollo de la guerra ucraniana, saca sus conclusiones, como ahora la intervención militar de EEUU en Venezuela y estudia sus estrategias militares para cuando llegue el momento, que por ahora no llegará, de actuar en Taiwán para incorporarla a la «Gran China» que quiere Xi Jinping. El ascenso de China es imparable, con o sin Taiwán. Y el 2049 es la fecha tope para lograrlo, el primer centenario de la fundación de la República Popular China. Los venezolanos pasan su lealtad a EEUU, ya no existe Maduro. China se opone a las injerencias externas en asuntos internos de otros países y pide a Trump que libere a Maduro, pero nada más. El mundo supuestamente perfecto.

Trump no quiere verse desplazada por China en América Latina. Pekín había penetrado mucho en Venezuela, su influencia se iba extendiendo lentamente, las advertencias de Washington a Maduro en los últimos meses solo han servido para concluir una operación que no garantiza un éxito seguro. Los aliados de Caracas han enmudecido aceptando la realidad que ha impuesto el presidente estadounidense. Una acción unilateral en respuesta a la estabilidad de Pekín en la región. Pero dirigir el país hasta que haya una transición adecuada, como dice Trump, no supone una estabilidad definitiva.

China mantiene una estrecha relación diplomática y económica con Venezuela desde la llegada al poder de Maduro, una alianza reforzada durante los mandatos del presidente Xi Jinping y caracterizada por acuerdos en ámbitos como la energía, la financiación y la cooperación estratégica, en el marco del apoyo político de China al gobierno de Venezuela frente a las sanciones occidentales.

La República Popular China lleva años expandiendo su influencia por la región y ha desplazado a Estados Unidos como principal socio comercial de muchos países latinoamericanos. La relación entre China y Venezuela se ha mantenido como una fuerte alianza, sólida y firme, sobre todo en lo político, mientras en lo comercial el país caribeño sigue siendo un proveedor importante de petróleo para la segunda economía mundial. De hecho, en los últimos meses de 2025, los chinos han obtenido cerca del 80 % de las exportaciones petroleras venezolanas. Es decir, China es con diferencia el mayor comprador de petróleo de Venezuela.

Trump implantó el pasado 4 de diciembre de 2025 la «nueva Estrategia de Seguridad Nacional de EEUU», que establece el principio de «reclutar y expandir» para controlar la migración y detener el narcotráfico, mientras traza sus líneas políticas contra la penetración en América Latina de China, Rusia e Irán a través de los regímenes totalitarios de Cuba, Nicaragua y Venezuela, de quien acaba de detener a su líder, Nicolás Maduro, con una intervención militar «espectacular» y que también ha advertido de lo que pudiera pasar a estos países más Colombia, a cuyo presidente, Gustavo Petro, le acusa de tener «laboratorios de cocaína» y que debe «cuidarse el trasero», aunque tampoco se olvida de México.

Donald Trump está dispuesto a hacer un nuevo orden mundial a su manera, pues tiene poder para hacerlo, pero no cuenta con las estructuras internacionales para crear esa nueva realidad mundial. Trump quiere volver al pasado rememorando la «Doctrina Monroe», quien estableció en 1823 como quinto presidente de EEUU que Europa no debía colonizar ni intervenir en América, a cambio de que Estados Unidos no se metiera en asuntos europeos bajo el lema «América para los americanos», pero la realidad de entonces no tiene que ver nada con la actual geopolítica de las relaciones internacionales.

Estados Unidos ha actuado en Venezuela, cuyos aliados han callado, solo han manifestado sus quejas. A Rusia le molesta e incluso le puede perjudicar en sus estrategias al ver como su influencia en el país caribeño se irá diluyendo, pues ya tiene bastante con Ucrania, pero lo único que ha pedido es la liberación de Nicolás Maduro y lo mismo hace China que reitera el respeto al orden internacional e incluso una muy mermada Irán sólo ha sabido protestar tímidamente por la acción de EEUU, la cual viola el orden del sistema internacional y nada más. Trump lo sabe y todo le da igual. La acción militar de Trump da alas a Moscú y a Pekín para hacer lo que quieran, mientras el presidente estadounidense quiere una América Latina sin rusos ni chinos. Ah, y la UE pide moderación.

Trump cerró el espacio aéreo venezolano y sus costas. El régimen chavista sigue, veremos cómo funciona a partir de ahora, pero sí es una dura advertencia a los países citados, donde Cuba sale muy perjudicada ya que el petróleo que le facilitaba Maduro a los cubanos no continuará, pero en realidad si se trata de eliminar dictadores, el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, señaló que Estados Unidos «sabe cómo tratar a los dictadores», en referencia a la captura de Nicolás Maduro, en una operación militar en Caracas. Y obviamente con una clara alusión a otro dictador como Vladimir Putin. La invasión rusa fue una violación de la Carta de las Naciones Unidas y, según especialistas en Derecho Internacional, el ataque de EEUU a Venezuela es otra violación de la Carta de la ONU. ¿Cómo se catalogaría una hipotética intervención de China en Taiwán?

El editorial del ‘The New York Times’ se ha posicionado claramente en contra de la operación militar de Trump y le ha lanzado una dura advertencia tras la captura de Nicolás Maduro. El rotativo neoyorquino subraya que todo puede empeorar aún más, aunque califica a Maduro de un líder antidemocrático, represivo y responsable de una crisis migratoria sin precedentes, y recuerda que otras intervenciones unilaterales de Estados Unidos como Afganistán, Libia e Irak, suelen dejar países rotos y consecuencias trágicas para las regiones afectadas.

El presidente estadounidense dice que el petróleo le pertenece. Venezuela posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, con aproximadamente 304.000 millones de barriles. EEUU quiere explotar los recursos energéticos venezolanos, pero su industria petrolera afronta desafíos importantes a causa de las sanciones, de sus deficientes infraestructuras y de sus numerosos problemas de gestión. Trump no ha dudado en decir: «Nuestras grandes compañías, las más grandes del mundo, invertirán miles de millones para reparar la infraestructura petrolera». ¿Qué le interesa más, controlar la droga o quedarse con el petróleo venezolano?

En definitiva, lo más llamativo no es ya el final de Maduro, un dictador que ha destrozado su país, sino el método y las formas con las que Trump explica al mundo la intervención estadounidense, un verdadero «show televisivo» en sus palabras. Saltarse el Derecho Internacional y, posiblemente, varios preceptos constitucionales tiene consecuencias en un mundo en el que ascienden potencias con valores e intereses contrapuestos a los occidentales y afirman también la ley del más fuerte. La justificación de detener a Maduro de una organización de narcotraficantes no es suficiente, incluso hace unas semanas Trump indultó al expresidente de Honduras condenado por tráfico de drogas. China y Rusia tienen ya suficientes argumentos para actuar a su manera y elaborar otro orden mundial diferente al que ahora pretende Donald Trump.

¿Qué puede hacer Rusia? Pues seguir masacrando a Ucrania ante la pasividad de EEUU o la indiferencia de China. Moscú depende mucho de Pekín para sostener el esfuerzo ruso de su presencia en Ucrania. Putin sólo puede prolongar la guerra hasta buscar una paz que le favorezca. La UE trata de influir. El orden mundial cada vez más resquebrajado. ¿O se está configurando un nuevo orden mundial?, pero China y EEUU son los que mandan, pero lo que es cierto que si durante años, Venezuela, Cuba y Nicaragua conformaron un núcleo autoritario que se sostuvo política, económica y moralmente, ahora ese núcleo comienza a romperse. Venezuela fue un sostén clave para Cuba y respaldo político para el régimen nicaragüense.

El joven siglo XXI ya lleva impregnado en personajes que han marcado el devenir de la geopolítica mundial, tales como Xi Jinping y Trump, pero Putin no se queda a la zaga tras el estropicio que ha cometido con Ucrania, que infravaloró y le está costando una ruina sin precedentes pese a la riqueza del país y a los fuertes recursos de Rusia. Washington ve el avance silencioso de Pekín mientras EEUU sigue enredado en mil batallas domésticas y foráneas, en especial con sus aranceles, pues tras 11 meses de guerra comercial, sus efectos le están pasando factura, y otros conflictos internacionales como Gaza, Irán, país que ha perdido toda su fuerza exterior, solo la tiene para masacrar a su joven pueblo iraní, y Trump amenaza con volver a bombardearles o Nigeria, Yemen, además de sus permanentes críticas a Europa, e incluso su obsesión por Groenlandia. O sea, estrategias de las que Pekín sale favorecido.

Putin y sus amenazas a la seguridad de Europa sólo contribuye a aumentar los obstáculos a una paz definitiva en Ucrania, y eso que tiene a un Donald Trump a su favor y una China contemplativa que no quieres que Estados Unidos ejerza como país hegemónico y dominante en la esfera internacional. Pekín y Washington tienen su propia guerra tecnológica, unas tendencias que tecnológicamente cambiaran a lo largo de 2026.

La IA piensa mejor que una persona, pero lo vital es distinguir la verdad de la ficción. Y superará todas las previsiones, pero las tendencias tecnológicas cambiaran a lo largo de 2026. La tecnología china y la estadounidense están inmersos en una intensa carrera por dominar la robótica humanoide. El nuevo año, el del Caballo, marcará un aceleramiento por ver quién de las dos primeras potencias mundiales logra la supremacía tecnológica. China muestra su «ejército» de robots humanoides en acción y en EEUU dicen que todo «es falso».

Reglas todas las posibles, pero solucionar conflictos, litigios y otros desastres pero usando la fuerza es prácticamente imposible. Si Trump está convencido de evitar que la droga llegue a EEUU no puede actuar por su cuenta de la misma forma que acaba de hacer con Venezuela. Estados Unidos está volviendo a un sistema internacional sin leyes y esto es muy peligroso.

Lo único positivo es que le quedan tres años de presidente, suficiente para hacer más destrozos, mientras desafiar las leyes de la globalización sigue su curso. El nuevo orden mundial de Xi Jinping no será fácil de aplicarlo, como tampoco el de un Donald Trump crecido y dispuesto a todo. El mundo seguirá polarizado con más tensiones en una realidad geopolítica mundial llena de inestabilidad con escenarios diferentes y con intereses menos multilaterales en contra de la globalización y del multilateralismo. China y Estados Unidos seguirán mandando.

Santiago Castillo

Periodista, escritor, director de AsiaNortheast.com y experto en la zona

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