INVASIÓN DE UCRANIA | Rusia y China, de antiguos enemigos a fieles aliados (y III)

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Madrid. Siempre se habla de que China va a invadir Taiwán, y son muchos años con el mismo monotema, pero por ahora no va ocurrir, aunque nunca es descartable. Eso sí, a Pekín no le interesa tener enfrente a medio mundo y una de las cosas que está viendo con la invasión de Rusia en Ucrania ha sido la enorme protesta mundial contra el presidente ruso, Vladimir Putin, y esto no le facilita al gigante asiático su condición para ganarse a la comunidad internacional. China tiene económicamente muchas puertas abiertas en todo el mundo.

Esta misma semana, en la «isla rebelde», como la llama Pekín, o la República de China, como la llaman los taiwaneses, la crisis de Ucrania ha servido para que su presidenta, Tsai Ing-wen, haya condenado sin paliativos las acciones rusas por «atentar contra la soberanía ucraniana», al tiempo que aseguraba que la isla «reforzará su respuesta a la guerra cognitiva».

Mientras, la República Popular de China se ha limitado a una solución diplomática: más diálogo, más negociación pero con un apoyo implícito a Rusia. Pekín insiste en salvaguardar la soberanía de los Estados, pero es complicado cuando Xi Jinping y Putin han reforzado su alianza contra EEUU. Y, además, no se sumará a la comunidad internacional en las sanciones económicas a Rusia por su invasión a Ucrania.

La ambigüedad china en el conflicto de Ucrania no le ayudará para convertirse en la primera potencia mundial, ya que a Pekín le incomoda la invasión rusa de Ucrania, pues no hay que olvidar que el gigante asiático es el mayor importador de los productos agrícolas ucranianos, y Kiev es un gran socio económico para los chinos, un equilibrio difícil para Xi Jinping. No es lo mismo pedir moderación que no condenar sin ambages la agresión rusa. China ganará prestigio y fortalecerá sus pretensiones económicas en la Ruta de la Seda, pero es obvio que al gigante asiático no le interesa alejarse de la Unión Europea (UE), aunque mientras dure el conflicto ni expresará un apoyo total a Ucrania ni plenamente lo hará con Rusia, su mayor socio comercial.

Putin ha sufrido dos importantes reveses en sus planes. Primero, el acoso militar ruso por llegar a Kiev está resultando más difícil de lo esperado, los ucranianos resisten, terminarán masacrados. Rusia se ganará el mayor insulto mundial por hacer algo similar a lo que hicieron los alemanes en la Segunda Guerra Mundial. Putin se ve obligado a una ofensiva bestial, le da igual el número de muertos. Putin no quiere a la OTAN en sus fronteras, pero una guerra, una invasión, una brutalidad sin precedentes en estos tiempos necesita un duro castigo, y la OTAN, Europa y EEUU no pueden quedarse con los brazos cruzados.

Y, segundo, que China, en medio de su ambigüedad, frente a la invasión rusa de Ucrania se acaba de abstener en la condena en la ONU, una decisión que a Putin no le habrá gustado, pues quiere que Pekín esté a su lado al cien por cien, pero al menos el gigante asiático empieza a darse cuenta de que la guerra mediática la ha ganado Ucrania con sus muertos, sus ruinas y con el apoyo y la sensibilidad de la comunidad internacional. Pekín insiste en el «respeto a la soberanía de los países y de su integridad territorial» y un concepto de seguridad «común e integral». Pues que Xi coja el teléfono y se lo explique a Putin.

Santiago Castillo

Periodista, escritor, director de AsiaNortheast.com y experto en la zona

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