La guerra de Irán trastoca los planes energéticos de China y altera la geopolítica mundial (I)

| Inimafoto A, Pexels.com
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Madrid. Mientras la guerra de Irán sigue su curso, China no quiere quedarse inmóvil y tiene claro que su suministro energético es vital para sus intereses nacionales y, en consecuencia, no tiene entre sus prioridades dejar de comprar petróleo a Irán, como tampoco quiere verse afectado por el control iraní del estrecho de Ormuz, que amenaza a cualquier barco que navegue por la zona. Pekín considera el abastecimiento de hidrocarburos iraníes como estratégico, ya que sustituir ese crudo implicaría depender más de Estados Unidos, Arabia Saudí o Rusia, lo que complicaría su diversificación energética, al tiempo que dejaría de beneficiarse de los márgenes atractivos que le ofrece Irán.

China primará la seguridad del suministro con independencia de si tensiona su relación con Washington. Esto se debe a que ha pasado de ser una nación en desarrollo a convertirse en una potencia mundial que necesita energía asequible para mantener su crecimiento. Un crecimiento vital para la República Popular China que, según Bloomberg, China ha ordenado a las mayores refinerías del país que suspendan sus exportaciones de diésel y gas mientras el conflicto en el golfo Pérsico no se interrumpa.

China no está más en el control de la escena de la situación sino más en el control de las repercusiones. El gigante asiático es el principal comprador de crudo iraní y para ello pasa haberse dotado de un abastecimiento estable, aunque China se ha cumplido de reservas de energías que no le perturben su mercado de crudo. Una ampliación duradera de la guerra aliviaría la presión en el Indo-Pacífico que es por donde realmente está el teatro estructural de competencias. E incluso este nuevo conflicto de Irán también favorece a Rusia en su guerra con Ucrania, que ve como cada vez su ayuda de material bélico se merma.

China es posiblemente el gran perjudicado tras el ataque de Estados Unidos e Israel a Irán. Además, es el principal comprador de la producción petrolífera del país del golfo Pérsico. En 2025, según datos de análisis de mercado y de la propia Administración de Información Energética estadounidense, casi el casi el 80 % de la producción de crudo iraní fue a parar a China. Pero, a pesar de eso, esta adquisición solo consigue cubrir cerca del 14 % de la demanda de consumo petrolero del país asiático.

Si el bloqueo es completo, como en Venezuela, podría desembocar en una escalada regional que dispararía los precios del gas y el petróleo. China era también de largo el principal comprador de petróleo en Venezuela -se calcula que le adquiría entre el 70 % y el 80 %- hasta que Estados Unidos atacó al país caribeño. Todo indica, en opinión de expertos, que la crisis iraní supone para Pekín un mayor riesgo que el caso venezolano.

En 2021, China e Irán firmaron un acuerdo de asociación estratégica durante 25 años y de marcado carácter económico con una inversión china de unos 400.000 millones de dólares en infraestructuras y telecomunicaciones, un acuerdo que tiene sus propias repercusiones en la geopolítica de Oriente Medio que exterioriza la política exterior china hacia esa región. Irán para China es más un activo que un aliado, de ahí su reacción tímida y calculada en el conflicto. China resalta su amistad con Irán, pide el cese de hostilidades y critica el ataque EEUU-Israel y nada más. Eso sí, Pekín observa, analiza y contempla que nadie le puede decir lo que tiene que hacer en su geopolítica mundial. China defiende siempre sus intereses.

China, el mayor importador mundial de petróleo, adquirió en 2024 unos 560 millones de toneladas de crudo en el exterior, equivalentes a unos 11,2 millones de barriles diarios, con una dependencia cercana al 72 %. No obstante, el impacto del cierre del estrecho de Ormuz es «gestionable» para China, según expertos.

El colapso de Ormuz con un cierre prolongado elevará la factura energética y creará una ola de inflación muy alta. Asia, el continente más afectado por la crisis en el estrecho de Ormuz, se puede plantear varias alternativas si el conflicto en Oriente Medio se prolonga: desde comprar más petróleo y gas a Rusia o EEUU hasta reforzar la autosuficiencia, mientras China se posiciona como el único país que podría presionar a Irán para que garantice el tránsito por esta vía marítima. De ahí que la posible escasez de petróleo y gas en el mercado internacional llevará a los países más afectados, en especial a China, a buscar estas materias en otros mercados, lo que perjudicará indirectamente a Europa. Ya lleva seis días cerrado en el 90 por ciento del tráfico, mientras el alquiler de un petrolero de 300.000 toneladas de crudo ha pasado de unos 50.000 a 480.000 dólares.

Y ahí tenemos el estrecho de Malaca que es una ruta clave para las importaciones de petróleo y gas del golfo Pérsico hacia las potencias asiáticas, incluyendo el 80 % del petróleo de China y gran parte del suministro de Japón, Corea del Sur y Taiwán. En suma, es un punto de estrangulamiento estratégico crítico para la economía y seguridad energética de China, manejando gran parte de su comercio marítimo y suministro de petróleo. China ve este paso como una vulnerabilidad si se producen tensiones geopolíticas con aliados de EEUU.

Oriente Próximo es una región estratégica para China en lo que al abastecimiento de petróleo se refiere. Aproximadamente la mitad del crudo que importa por vía marítima procede del golfo Pérsico, lo que pone de manifiesto su dependencia energética de la zona. Sin ir más lejos, después de que el Parlamento iraní propusiera un plan para bloquear el estrecho de Ormuz en junio de 2025, tras los ataques estadounidenses contra las instalaciones nucleares de Irán en medio del conflicto con Israel, China se pronunció en contra del cierre de esta ruta crítica para el transporte de crudo, por la que transita a diario el 20 % del comercio mundial de petróleo y gas. Se calcula que más del 80 % del crudo que pasa por el Estrecho -unos 17 millones de barriles diarios- se dirige a Asia, siendo China el destino principal.

No obstante, China tiene en cuenta que las exportaciones iraníes de petróleo y gas respaldan su seguridad energética, luego la enemistad de Irán con EEUU desvía la atención y los recursos estadounidenses que, por otro lado, podrían entrar a contrarrestar a China y otro elemento es que Irán sirve como punto de entrada para que China afiance una mayor influencia en Asia Sudoccidental, en países como Arabia Saudí, Irán, Irak, Turquía, Israel y Jordania, es decir, lo equivalente a Oriente Medio. Pekín quiere proteger sus propias empresas e inversiones.

Y luego Rusia, desde la invasión de Ucrania, la relación con Irán se ha ido intensificando, de ahí la cooperación militar, sobre todo en el suministro de drones iraquíes al Ejército ruso. Moscú no desea un colapso del régimen iraní por temor a alterar el equilibrio regional, que actualmente no le interesa a Vladimir Putin. Rusia ya fue proveedor a Corea del Norte, y Pyongyang le respondió perfectamente con munición, misiles balísticos, artillería pesada y soldados, pero Rusia consolida ahora más que antes sus relaciones con China con la crisis de Irán. En suma, pese a las sanciones, Moscú utiliza armamento norcoreano a cambios de importantes ayudas al régimen de Kim Jong-un que le ha facilitado enormes beneficios.

Pero tanto Rusia como China insisten en que debe respetarse la soberanía, la seguridad y la integridad territorial de Irán y de otros países, aunque, al parecer, esta declaración de Pekín e incluso de Moscú no fueron las mismas cuando Rusia invadió Ucrania. Lo que sí es cierto es que con Nicolás Maduro en la cárcel y Jamenei muerto, la preocupación no es baladí.

Una prolongada guerra en Irán puede reforzar todavía más los lazos energéticos entre Moscú y Pekín. Putin sabe cómo aprovechar la coyuntura política del momento. Además, China ahora puede reforzar su compra de petróleo con Rusia tras la crisis iraní, lo que económicamente, aunque sea a precios bajos y con las sanciones de Occidente a Putin, Rusia lo agradecerá. Lo que sí es cierto que si esta guerra la acaba ganando EEUU e Israel, Irán por mucha buena relación con Moscú y Pekín, no podrá contar ni con rusos ni chinos, pero EEUU, con Donald Trump de presidente, seguirá produciendo armas. Rusia y China tienen fuertes lazos diplomáticos, comerciales y militares con Irán, pero la ofensiva militar de Estados Unidos e Israel contra la nación islámica ha descolocado a todos.

Santiago Castillo

Periodista, escritor, director de AsiaNortheast.com y experto en la zona

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