La guerra de Irán trastoca los planes energéticos de China y altera la geopolítica mundial (y II)

Madrid. El caos geopolítico reinante es total, además es contradictorio en los países del Golfo, están «asustados», pues un cambio de régimen traería democracia, y prefieren un gobierno -régimen- iraní débil, de ahí que Donald Trump esté dispuesto a dialogar o como ha pasado en Venezuela, pero está claro que una democracia estable y fuerte en Irán no le interesan tampoco ni a los chinos ni a los rusos. Los iraníes temen que ocurra igual que con Venezuela, pues una vez Nicolás Maduro en prisión, el régimen sigue operativo y ahora con la muerte de Alí Jameneí, el líder supremo iraní, el gobierno sanguinario chiita pueda seguir de pie. China se opone históricamente a las estrategias de Estados Unidos de un cambio de régimen, un anhelo que desea una amplia mayoría social iraní. Tampoco China desea un cambio de régimen en Corea del Norte.
Las monarquías del Golfo, países del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) como Arabia Saudí, Omán, Emiratos Árabes Unidos, Bahréin y Kuwait, mantienen este consorcio de cooperación económica y de seguridad y también social y cultural y con empresas y negocios millonarios en medio de una región inestable, en la que hay que destacar que estas monarquías son principalmente suníes, en especial en sus estructuras de gobierno y élites gobernantes, aunque Bahréin tiene una población mayoritariamente chií, pero está gobernada por una monarquía absoluta de la rama suní, lo que ha generado también tensiones políticas y sociales.
El Líbano, cuya población está dividida entre chiitas y sunnitas, declaró ilegal la actividad de la milicia libanesa terrorista chií de Hezbolá en un intento de frenar una nueva ofensiva israelí contra el Líbano. EEUU e Israel le piden a Beirut frenar a Hezbolá. El Líbano vive hace años una crisis con confrontaciones políticas y económicas brutales. La sociedad libanesa está cansada que Hezbolá desde su país siga disparando misiles al Ejercito israelí y la respuesta es total que causan muertos y destrozos por el país. Y lo mismo pasa con los Hutíes de Yemen, país que atraviesa un periodo muy inestable tras una década de guerra civil, una organización terrorista financiada al igual que Hezbolá por Irán, o Hamas, prácticamente derrotada tras la guerra en Gaza. Irán tendrá difícil de seguir apoyando a estas organizaciones aunque se mantenga el régimen chiita de los ayatolás.
Y claro que este conflicto bélico está afectando a las rutas comerciales de los barcos y al coste de las mercancías. Las principales navieras del mundo se han visto obligadas a explorar una nueva travesía marítima, retrasar sus planes de regreso a los tránsitos por el Canal de Suez, y, en su lugar, volver a los desvíos del Cabo de Buena Esperanza (Sudáfrica), mientras las líneas de contenedores pueden aumentar en cerca de 10 días la duración de sus viajes con ese nuevo trayecto, lo que incrementaría tanto el consumo de combustible como los tiempos de navegación, disparando así los costes de los productos transportados en barco. Pero el miedo a una guerra larga puede derrumbar los mercados con consecuencias muy dañinas para la economía mundial y por ahora no parece que esta escalada bélica vaya por la vía rápida.
China es uno de los grandes perjudicados por el cierre de Ormuz, pues en 2025 ha recibido el 25% de la producción de los países de la zona. India, Japón y Corea del Sur figuran también entre los principales compradores del petróleo que sale de esta área, según datos de Bloomberg. Un espacio clave para el comercio global. El cierre de Ormuz provoca un importante incremento de los costes de estas materias primas. Incluidos los hidrocarburos, puesto que además de China e India y otros clientes de los países del Golfo tendrán que acudir a otros mercados para buscar abastecimiento, lo que elevaría sus precios a escala mundial.
El tráfico de barcos por el estrecho de Ormuz, bajo influencia iraní y por donde fluye una quinta parte de la producción de petróleo mundial y gran parte del gas, se ha suspendido prácticamente por completo ante el peligro de bombardeos. Catar, el segundo exportador de gas licuado del mundo, ha paralizado las entregas después de que los ataques iraníes obligaran a cerrar la mayor terminal del mundo, responsable del 20% de la oferta mundial, pero como resaltaba anteriormente, China es el único país que podría presionar a Irán para que garantice el tránsito por la vía del estrecho de Ormuz. Irán es el cuarto productor de petróleo del mundo con unos 3,3 millones de barriles diarios. Actualmente, toda la producción de Irak y Kuwait, además de la mayor parte del crudo extraído por Arabia Saudí y Emiratos, pasa por esta vía marítima, en su gran mayoría con destino a los mercados asiáticos, como China, India y Japón.
China quiere una «Gran China». China quiere incorporar a Taiwán a la República Popular China antes de 2049 o como tope en esa fecha histórica del centenario de la fundación del país. Pero, obviamente, no resulta fácil o cómodo, dado que Pekín quiere que todo se haga en plenas conversaciones sin conflicto bélico alguno, pero Taipéi no está por esta labor. La tensión está ahí y ahora con todo lo que viene haciendo Donald Trump, el gigante asiático tendrá las manos libres para actuar a su manera. Eso sí, Estados Unidos es el principal suministrador de armas a Taiwán, pero con la guerra de Irán, además de otros conflictos bélicos de Trump en Oriente Medio, la entrega de más material militar como sistemas de defensa aérea pueden sufrir demoras, en realidad, no hay para todos, dicen los expertos, o sea, la capacidad operativa de EEUU puede verse mermada y al mismo tiempo “aflojar” su presión a China en el Pacífico, comenta Chieh Chung, investigador del Instituto para la Investigación de Defensa y Seguridad Nacional de Taiwán.
No obstante, pese a la ofensiva militar de Trump en distintos escenarios (Gaza, Hamas, Herbolá en el sur de El Líbano, los hutíes en Yemen, Venezuela o Irán en dos ocasiones), no parece por ahora que China lleve a cabo cualquier acción militar en el estrecho de Taiwán. Además, las recientes purgas en las Fuerzas Armadas chinas, con la destitución de altos mandos en la Comisión Militar Central, no parece ser el momento adecuado, según analistas, quienes consideran que para llevar a cabo y gran escala operaciones militares son de alto riesgo y aún, agregan, el Ejército Popular de Liberación (EPL, Ejército chino) dispone todavía de cierta capacidad limitada para garantizar una «victoria rápida». China quiere una «reunificación pacífica».
Donald Trump viaja a China a finales de marzo, será su sexto encuentro con Xi Jinping, quien quiere reivindicarse como estabilizador en esta inestable geopolítica mundial, pero en la agenda de ambos podrían privilegiar fórmulas para rediseñar el nuevo tablero geopolítico mundial tras la guerra de Irán y al mismo tiempo analizar la situación de Oriente Medio como palanca estratégica hacia el Pacífico, un rincón cada vez más apetitoso para China que Washington no quiere perder influencias. Unos retos para un encuentro que tampoco Taiwán quedará en el olvido en las conversaciones pero afortunadamente con menos tensión que hace unos meses, la cual no va a desaparecer peses a la guerra de Irán.
China no quiere que el comercio sea empleado como arma o herramienta de presión política, después de que el presidente estadounidense, Donald Trump, amenazara con cortar las relaciones comerciales con España, que no podría hacer, tras la postura del Ejecutivo español en la guerra de Irán. Pero la Comisión Europea ha pedido a Washington respete sus compromisos comerciales y afirmó que protegerá los intereses de la Unión Europea (UE).
El precio del barril del petróleo está en torno a los 84 dólares, aún no ha llegado a 100 dólares, lo que supondría una recesión a escala mundial, a un riesgo negativo para la economía mundial. Y en relación con España, Estados Unidos se ha consolidado como el primer proveedor de gas natural, que supera el 44 por ciento del total de las importaciones, por lo que evitemos más problemas con la primera potencia mundial ante cualquier repercusión que dañe la economía española. El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha indicado que si «si el conflicto (en Oriente Medio) se prolonga, tiene un potencial evidente de afectar los precios, los mercados energéticos y a la inflación a nivel mundial».
La guerra no interesa a nadie. Pero, sin embargo, mientras escribo este análisis, las bolsas europeas rebotan tras dos sesiones de pérdidas por el conflicto en Irán y las del Sudeste Asiático también se recuperan pese a la situación en Irán.







