‘Sonritsu kiki jitai’, el ‘lawfare’ chino y el deterioro de las relaciones chino-japonesas

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Madrid. El deterioro de las relaciones diplomáticas entre China y Japón ha ido recientemente acompañado de sanciones diplomáticas y restricciones turísticas, incrementando la tensión regional. La primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, respondió en noviembre pasado a la pregunta sobre qué circunstancias en Taiwán constituirían una amenaza para Japón con la siguiente declaración: «Si hay buques de guerra y se usa la fuerza, desde cualquier punto de vista podría constituir una situación que amenaza la supervivencia».

Una frase que puede sonar inofensiva. Sin embargo, ‘sonritsu kiki jitai’ o «situación de amenaza a la supervivencia» es un término jurídico de Japan Legislation for Peace and Security de 2015 que autoriza el uso de la defensa colectiva ante un ataque armado contra un país estrechamente vinculado a Japón que amenace su supervivencia. Aunque la ministra no declaró formalmente este estado, su uso tiene implicaciones estratégicas.

Para que esta categoría legal tenga credibilidad en un posible escenario de crisis en Taiwán, Japón necesitaría un interés nacional concreto que se vea amenazado por ello. La justificación de esa amenaza podría ir ligada al suministro de Gas Natural Licuado (LNG). El LNG representa aproximadamente el 30 % de la generación de energía eléctrica de Japón y suministra gas para uso urbano. Por tanto, un posible bloqueo alrededor de Taiwán supondría una vulnerabilidad económica y social ya que una parte significativa del LNG importado circula por rutas que pasan por el mar del Sur de China y algunas, por el propio estrecho de Taiwán.

Los barcos «pesqueros»

Las declaraciones de la primera ministra y la detención de un barco pesquero chino en la zona económica exclusiva japonesa han provocado una respuesta por parte de China. Imágenes satelitales mostraron una barrera marítima de aproximadamente 200 millas náuticas formada por miles de barcos pesqueros entrenados para operaciones militares frente a la costa de Japón.

Esta estrategia se ajusta al ‘playbook’ chino de coerción marítima. China ya ha desplegado barcos pesqueros en áreas disputadas antes, como en aguas frente a Vietnam. Con esta táctica, China demuestra que puede movilizar decenas de miles de barcos civiles para obstruir rutas marítimas y complicar operaciones militares de sus adversarios.

Este uso estratégico de barcos civiles reta al derecho internacional, limitando la intervención de terceros. Bajo las International Regulations for Preventing Collisions at Sea (“COLREGs”), los buques navales de Estados Unidos y sus aliados están limitados a la hora de interferir con embarcaciones que se dediquen activamente a la pesca, lo que le da margen de maniobra a China sin riesgo de una respuesta militar directa.

La guerra antes de la guerra

La declaración Taikaishi no supone la intervención inevitable de Japón frente a un conflicto en Taiwán. Sin embargo, sí significa que el margen de intervención de Japón estará limitado por un marco legal que vincula choques externos, especialmente los relacionados con su suministro energético, con el deber de movilizar a las Fuerzas de Autodefensa (SDF) en un conflicto por Taiwán.

Estas dinámicas continúan deteriorando las relaciones entre China y Japón, mientras generan mayor incertidumbre sobre el futuro de Taiwán y la estabilidad en el Indo-Pacífico.

Además, la situación pone de manifiesto la importancia la de guerra híbrida en los conflictos actuales y las debilidades del derecho internacional frente a estrategias que juegan con las ambigüedades legales, poniendo a prueba un orden internacional ya de por sí desestabilizado.

Marta Sanchez

Marta Sánchez, estudiante de Relaciones Internacionales y de Administración y Dirección de Empresas (ADE)

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