El “gaokao”, la dura prueba de acceso a la universidad, paraliza China

Estudiantes preparándose para el gaokao
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Madrid. Al igual que años anteriores una vez más al menos diez millones de estudiantes de secundaria participan en el examen nacional de acceso a la universidad de China, conocido como “gaokao”, una fuerte prueba que anualmente altera la vida de los pueblos y ciudades del país con toda clase de medidas para garantizar que nada perturbe a los estudiantes y que supone una especie de batalla que determina el destino de todos ellos.

El “gaokao”, que dura entre dos y tres días, dependiendo de la región del país, sirve para evaluar si un estudiante entra en la universidad, regresa a la escuela para intentarlo el año próximo o entra en el mercado laboral y su concentración es total y debe ser respetada al máximo, ya que se producen cortes de tráfico, cierres de fábricas o cambios de horarios laborales para molestar lo más mínimo a los  casi diez millones de adolescentes en las difíciles pruebas.

El país vive obsesionado con la educación desde hace milenios, es algo muy serio que implica a buena parte de la sociedad, donde familias y profesores, pero también la policía, las redes de transporte y hasta el Ejército se movilizan en los varios días que duran estos exámenes -varían según la provincia- para que los estudiantes tengan el mejor entorno posible a fin de completar una prueba en la que su futuro está en juego.

«El gaokao marca el cambio en la trayectoria de nuestras vidas», tal como se recoge en las distintas opiniones de algunos ya licenciados que ya superaron la prueba, que luego sirvió para iniciar sus posteriores estudios universitarios.

La importancia del «gaokao» se palpa hoy en la entrada de miles de centros de examen del país, a los que las familias acuden con la sensación de encontrarse en un momento trascendental, mientras la gente alienta a los estudiantes con vítores o hasta con pancartas.

Muchos padres reservan habitación en hoteles próximos a los lugares de las pruebas para que sus hijos no tengan que madrugar tanto, e incluso en Pekín, fuerzas especiales de seguridad transportan las preguntas de los exámenes, que son consideradas «secreto de Estado», por lo que su publicación antes de tiempo es un delito grave.

Además, desde este año, copiar en el «gaokao» es también un crimen incluido en el código penal, punible con hasta siete años de prisión, y al mismo tiempo se persigue también a las personas que se ofrecen a cambiarse por otras menos preparadas y hacerles el examen, en el que uno de cada cuatro, aproximadamente, no sacará la nota suficiente para ir a la universidad y deberá optar por repetirla el año que viene o buscar otras salidas.

De todas formas, se utilizan todos los medios para asegurar la limpieza del proceso, incluyendo los citados drones que vigilan e interceptan señales inalámbricas, detectores de metales o técnicas de reconocimiento facial. Cualquier cosa para cazar a los tramposos y asegurar que pasan los mejores. En los últimos años se han detectado desde auriculares implantados en el oído interno a bolígrafos con pequeñas cámaras incorporadas e incluso van a la cárcel las personas que ayuden a los estudiantes como por ejemplo copiar en un examen.

En suma, los casi diez millones estudiantes chinos se enfrentan en estos días a las temidas pruebas de selectividad o “gaokao” (高考), un hito de carácter decisivo para millones de estudiantes que compiten por acceder a la formación universitaria, y probablemente se trata el ejemplo más claro del espíritu meritocrático que rige el sistema educativo y el político. Su limpieza supone una preocupación constante para millones de familias chinas que, durante años, invierten todo su esfuerzo y ahorros para no desaprovechar esta oportunidad.

Los estudiantes viven unas jornadas de gran presión, y de hecho, durante las pruebas hasta se ha suministrado suero a los alumnos que desfallecen y se ha reforzado la seguridad en las ventanas para evitar suicidios, que también han existido caso. “La presión es demasiado grande. Si no consigues acceder a una buena universidad tu futuro es muy negro. Estás acabado y tu familia no te lo perdonará”, decía un candidato a estas pruebas.

La determinación del futuro depende de estas pruebas, claves en el devenir de lo que puedan ser los futuros ciudadanos que ocuparán distintos puestos en la sociedad china, y una buena muestra de la presión que sufren los jóvenes ante estos exámenes es la fuerte competencia y el miedo al fracaso y al deshonor de la familia.

La entrada en la universidad es importante en cualquier país, pero para China es algo más, algo que moviliza durante una semana a la nación, donde la tradición confucionista valora la educación como uno de sus máximos valores desde hace milenios.

En Pekín se han desviado 16 rutas para que los autobuses no pasen por los institutos y se reduzcan los atascos, mientras en zonas rurales se despliegan servicios de tren especiales para que los chicos lleguen pronto a la ciudad.

El “gaokao” fue establecido en 1952 desde entonces -con la excepción de la década de la Revolución Cultural (1966-1976), cuando fue suspendido- se ha convertido en un punto de inflexión en la vida de los jóvenes del país, en la que la presión que sufren los estudiantes es tan enorme que se producen suicidios entre los que no superan las pruebas, pero la seguridad en las pruebas es total, y la puesta en práctica de  detectores y drones son para evitar copiar en la selectividad de acceso a la universidad.

En definitiva, la gigantesca población china y una oferta universitaria que en la actualidad sigue dejando fuera de la educación superior a cerca de una cuarta parte de los examinados, aunque hasta hace unos años la proporción de excluidos era mucho mayor, han hecho de esta prueba un hito decisivo para el futuro de los estudiantes chinos.

Este año los aspirantes a estas duras pruebas han recibido el apoyo del físico británico Stephen Hawking, quien desde su cuenta en la red social china Weibo (el Twitter chino) les ha mandado un mensaje de aliento y les ha dicho: «Muchos os preparáis para hacer el examen, y quiero desearos éxito en vuestra aventura académica, vosotros que sois la próxima generación de mentes científicas», escribió Hawking.

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