Fallece el periodista Félix Ropero, un ejemplo de integridad y compromiso

El periodista Félix Ropero.

Madrid. Conocí a Félix Ropero a finales de los años 70, cuando hacía primeras prácticas (a las que siguieron dos más) en la agencia Efe. Nunca olvidaré que me saludó en la redacción de la calle Espronceda, de Madrid, y me deseó mucha suerte en mi etapa de dos meses como becario de verano. Dada su amabilidad, le dije que quería hablar con él para que me asesorara cómo debía afrontar una posible colaboración con Efe desde Egipto, ya que me habían dado una beca del Ministerio de Asuntos Exteriores de dos años para labores de investigación en ese país, entonces inmerso en el apasionante proceso paz de los acuerdos de Camp David.

Los 45 años de Félix en la agencia Efe, y sin intención alguna de jubilarse, al menos así me lo llegó a recordar recientemente, han dejado una gran impronta no sólo en los que le trataron directamente, sino en sus detractores, que también los tenía. A mí sinceramente me marcó su personalidad, y me ayudó mucho en distintas etapas de mi vida profesional en Efe. Realmente dudaba en ir al despacho del presidente Luis María Anson para contarle lo de la beca de Asuntos Exteriores, y Félix me dijo: —Sin iniciativa, un periodista no va a ninguna parte. Y así fue cómo conocí a quien sería luego un gran amigo, pero sobre todo un espectacular compañero. Hasta el pasado 24 julio nunca interrumpimos nuestras relaciones, conversaciones y quehaceres comunes de la vida diaria. Una amistad que creció aún más cuando regresé definitivamente a Madrid tras abandonar mi periplo asiático. 

Félix siempre se ganó el respeto de todos, pues con Félix se podía hablar de todo, se estuviera o no de acuerdo. Durante decenios negoció como sindicalista de CCOO los intereses de los trabajadores, expresando con absoluta sinceridad sus opiniones, y gustaran o no a los directivos de Efe, había un concepto idiosincrásico que le diferenciaba de los demás, al tiempo que su tenacidad por la verdad y la lealtad a sus principios nunca se debilitaron, y eso que tuvo en algunas ocasiones buenas ofertas profesionales con las que pretendían acallar sus reivindicaciones sindicales. Pero ni sus “exilios” por distintos departamentos de Efe pudieron modificar a un hombre legal y comprometido. Eso sí, en más de una ocasión le dije que por esos destierros que vivió en Efe iba camino de superar a Miguel de Unamuno. Al menos se nos ha ido al otro mundo con un más que merecido “Redactor jefe”.

El ahínco que puso en defender a los trabajadores, sin distinción alguna, que yo sepa, nunca pasó desapercibido. Y en cualquier departamento donde estuviera desempeñando sus labores profesionales eran frecuentes las visitas de compañeros que acudían para conocer sus puntos de vista. Tal vez sea exagerado, creo que no, pero para los que iban a contarle sus problemas, Félix siempre tenía el comentario oportuno y resultaba terapéutico. Era un auténtico maestro para muchos periodistas a los que tuvo como becarios y que luego en algún que otro caso fueron sus jefes. Un buen periodista con un gran olfato periodístico, que sabía mucho más de lo que podíamos imaginarnos y cuya personalidad le diferenciaba de los demás.

Félix era buena persona, un gran compañero y, sobre todo, un sindicalista de fuertes convicciones, como así lo han reconocido sus allegados de CCOO. Nunca fue egoísta, y nunca tuvo reparos en quedarse hasta cualquier hora en la Agencia para resolver cualquier dilema que afectara a los trabajadores. Siempre estuvo fuera de estigmatizar los valores personales, y muy cercano en la preocupación de los trabajadores.

En honor a la verdad, en lo único que me falló Félix es en que nunca me entregó ese serial que habíamos acordado para mi digital www.asianortheast.com de “Un nuevo orden mundial, liderado por China”, pues siempre me decía que no tenía tiempo, que estaba muy ocupado, sobre todo familiarmente, pero que lo haría. Y también me falló las veces que me prometió que me acompañaría al Monasterio de Silos, pues Félix sabía que llevo casi 30 años yendo en noviembre a imbuirme del silencio y de los cantos gregorianos, y quería vivirlo.

Félix era sincero, y como dicen los aristotélicos, la sinceridad vence todos los obstáculos. Tal vez el único obstáculo que no pudo vencer fue la muerte de Araceli, su mujer, con la que compartió toda su vida, compensada por sus hijas y nietas. Hace unos días, cuando nadie lo esperaba, tampoco pudo vencer ese “fallo cardiorrespiratorio que le causó una embolia pulmonar”.

Félix era discreto en sus cosas, en sus intimidades, pero en lo único que rompía parte de esa discreción era cuando se refería a su SEAT 1500 con matrícula de Tarragona, que adoraba como a uno más de la familia, me decía, y además presumía con orgullo de un coche antiguo. De hecho, en más de una ocasión hablamos de irnos los dos, yo con mi “cuatro latas” (Renault 4) que aún conservo, con más años que el de Félix, a un desfile de coches de época.  

El ahínco y la firmeza en la defensa de los trabajadores de la agencia Efe le valió también el respeto de sus contrincantes sindicales. Félix ha sido, es y seguirá siendo siempre único e indomable en la legalidad sindical, social y profesional, en lo que respeta la idiosincrasia de la masa trabajadora de Efe. Félix, parafraseando al filósofo francés Michel Foucault, en “Las palabras y la cosas”, supo tener la suficiente prudencia para saber actuar en el momento preciso cuando las palabras eran innecesarias.

Eso sí, siempre me dio buenos consejos sobre mis contactos directos con la familia Kim. Primero con Kim Il-sung, luego con Kim Jong-il y, ahora, con Kim Jong-un. Incluso, tras la muerte de Deng Xiaoping en 1997, me insistió: —Vete a Beijing a poner orden en el PCCh chino

Gracias, Félix, por haberme dado tu confianza y tu amistad. Te echamos de menos. Pero si la muerte es la continuación en otra vida, como decía Rilke, allí nos veremos. Descansa en paz.

Santiago Castillo

Periodista, escritor, director de AsiaNortheast.com y experto en la zona

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