Las Coreas reanudan la comunicación cuando las dos partes más lo necesitan

Vista de la ciudad norcoreana de Kaesong. | Baron Reznik, Flickr

Madrid. La necesidad obliga. Pero las dos Coreas han vivido tantos cambios emocionales que pasar de un escenario a otro es totalmente normal, pues cuando en junio de 2020 la tensión entre los dos países llegó a altos voltajes tras cortar el Norte las comunicaciones con la destrucción de la Oficina de enlace con el Sur se sabía que no era bueno para nadie, y ahora se han reactivado las líneas telefónicas que comunican a ambos gobiernos, lo que facilita más sosiego en la península coreana y más esperanza a Corea del Sur por normalizar los contactos con Pyongyang.

Aquella ruptura nunca favoreció a las dos Coreas. Por un lado, Corea del Norte sabe que, pese a todas la acusaciones que pueda verte contra Corea del Sur o su presidente, Moon Jae-in, su situación económica no le permite originar más incertidumbre sobre todo cuando la pandemia del coronavirus le ha obligado a cerrar sus fronteras con China y con ello paralizar cualquier actividad económica y, por otro, Moon logra un buen balón de oxígeno de cara a las elecciones presidenciales de 2022 y más cuando su popularidad anda por los suelos.

Desde hace ya varios meses, tanto Kim Jong-un como Moon Jae-in llevaban en secreto contactos con una serie de cartas personales para priorizar el enlace transfronterizo y así buscar la normalidad política que quedó rota cuando en junio de 2020 Pyongyang decidió de forma unilateral cortar las líneas telefónicas de ambos lados. Y todo vino entonces con la protesta de Corea del Norte por el envío de parte de grupos de desertores de panfletos de propaganda hacia el Norte con acusaciones a Seúl de que el Gobierno de Moon no hacía lo suficiente por evitar ese tipo de actos. Y todo lo que sea recular, bienvenido sea.

Según la Agencia Central de Noticias de Corea del Norte (KCNA), la restauración tendrá “efectos positivos en la mejora y el desarrollo de las relaciones Norte-Sur”. Y agrega que en realidad, la línea de comunicación no se había roto físicamente, sino que Pyongyang simplemente había dejado de contestar el teléfono cuando Seúl llamaba.

Y todo coincide cuando todavía Corea del Norte sigue siendo sometida a sanciones internacionales por sus programas nuclear y balístico, y al mismo tiempo el país afronta una grave escasez de alimentos, y de sequía, además de su lucha por evitar la COVID-19 en su territorio.

De esta forma, desde abril pasado los dos países “acordaron restablecer las líneas de comunicación como prioridad”. Las primeras en recuperarse han sido las correspondientes, en el Sur, al Ministerio de Unificación -responsable de las relaciones con el Norte- y a Defensa, mientras el Ministerio de Unificación señala que ambas partes han acordado comunicarse en dos llamadas diarias, una a las nueve de la mañana y otra a las cinco de la tarde. 

Es decir, la historia se repite y la historia no cambia, pero la realidad política en esta etapa del siglo XXI de la era de la globalización empuja a soluciones definitivas y cambiar el rumbo de los hechos para que de una vez definitivamente se hable más de los problemas a resolver que a mantener sine die la misma estructura, ya obsoleta, que facilite ese gran cambio político, social y económico para empezar a hablar de asuntos más serios encaminados a poner fin al único rincón de “guerra fría” que aún perdura en la península coreana tras el fin de la Segunda Guerra Mundial. Y al mismo tiempo sirva para que los norcoreanos vivan mejor.

Es evidente que por ahora a Corea del Norte no le será fácil encontrar a un aliado como el presidente surcoreano, Moon Jae-in, firme partidario de una mayor reconciliación con Pyongyang, a donde viajó en abril de 2018 para programar la primera cumbre entre Kim y Donald Trump en Singapur en junio de ese año, pero pese al grave incidente como fue la destrucción de la “Oficina de Enlace Conjunto Norte-Sur enclavada en la Zona Industrial de Kaesong”, Seúl insiste en evitar cualquier confrontación, mantener el acuerdo de paz y reanudar las conversaciones para reducir la tensión entre los dos países después de que Pyongyang amenazara con una ruptura inminente de las relaciones.

Corea del Sur ha resaltado que estas cartas de intercambios de los últimos meses, que se vienen efectuando desde abril pasado, están relacionadas con el tercer aniversario de los actos de las dos Coreas cuando celebraron en septiembre de 2018 en Pyongyang su tercera cumbre de Estado en el marco de la reunión de alto nivel, en una cita en la que el presidente Moon Jae-in viajó a la capital norcoreana, que reforzaría el primer encuentro histórico, entre el líder Kim Jong-un y el gobernante surcoreano, quien sería luego el tercer jefe de Estado en visitar a su vecino en más de diez años, tras los dos realizados por los expresidentes Kim Dae-jung (2002) y Roh Moo-hyun (2007).

Ahora falta que “Kim Jong-un visite Seúl y el problema intercoreano se acaba”. Moon Jae-in termina su mandato el próximo mayo de 2022, no hay tiempo y una cuarta cumbre a nivel de máximos líderes de los dos países sería la antesala para que se diera las condiciones de un encuentro entre el líder norcoreano y el presidente de EEUU, Joe Biden, a lo que no se opondría China, y todo ello facilitaría cambios importantes en la península coreana, y más en un mundo global donde la economía es la que manda. Kim en Seúl, ¿es posible?

La confianza no existe aún en el régimen norcoreano y sus dudas no desaparecen, pero la celebración de estos encuentros darían lugar a un buen clima de entendimiento para levantar las sanciones que pesan sobre Corea del Norte a cambio de la paulatina desnuclearización de la península coreana que favorezca la normalidad política en la zona, y Pyongyang sabe que Seúl puede ayudarle a levantarlas, claves para la mejora de la economía del país.

Las dos Coreas permanecen técnicamente en guerra ya que el conflicto que las enfrentó entre 1950 y 1953 y en el que Estados Unidos lideró la coalición que apoyó al Sur acabó con un alto el fuego, el actual armisticio, y no un tratado de paz.

Santiago Castillo

Periodista, escritor, director de AsiaNortheast.com y experto en la zona

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