Corea del Norte lanza un nuevo misil hipersónico y avisa que el país está fuerte y sin fisuras (y II)

Kim Jong-un y Moon Jae-in se dan un abrazo en Panmunjom, ante la mirada de Donald Trump. | Casa Blanca, Flickr
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Madrid. La supervivencia del régimen de Corea del Norte no depende exclusivamente de su desarrollo nuclear, pues su economía está supeditada en gran parte a China, país que suministra el 90 por ciento del combustible que consume, de ahí que Pyongyang siga condicionado al efecto de las tímidas reformas económicas que el líder Kim Jong-un aprobó a mitad de su mandato y que al mismo tiempo se han visto prácticamente sin el desarrollo deseado a causa de las sanciones internacionales y la pandemia, pero basar que el régimen político norcoreano dependa de su desarrollo nuclear para mantenerse en el poder obviando a la economía tendrá un recorrido con muchas dificultades.

El mundo global actual obliga reducir las tensiones en las relaciones internacionales y precisamente China es lo que busca con ahínco en su nueva proyección mundial. Que Pekín, a pesar de que en muchas ocasiones se ve sorprendido por la actitud del régimen norcoreano, vaya a permitir que Pyongyang use su armamento nuclear en pleno siglo XXI para atacar a cualquier país vecino sin consecuencias, por muy peligroso que pueda ser su desarrollo nuclear, resulta algo quimérico e imposible. Además, Corea del Norte no lo va hacer, como tampoco el país va a ser atacado por nadie y nadie va a modificar su régimen político.

Mientras Corea del Norte no logre la confianza necesaria, tanto a nivel doméstico como exterior, seguirá usando su potencia nuclear, cada vez más sofisticada, como arma disuasoria, y con enormes partidas económicas a su desarrollo, que podrían tener otros destinos para proyectar una mayor infraestructura de país priorizando las necesidades del pueblo coreano en la economía, pero condicionar las proyecciones económicas a cambio de una seguridad nuclear puede resultar muy contraproducentes para su estabilidad. Nadie va a atacar a nadie y nadie va a ser atacado.

China afronta los Juegos Olímpicos de Invierno, del 4 al 20 de febrero, como un evento de suma importancia para su propia imagen y para mostrar al mundo su influencia y notoriedad en la comunidad internacional y nadie, absolutamente nadie, pese al boicot diplomático, y no deportivo, de países como Estados Unidos, Canadá, Japón, Australia o el Reino Unido, van a manchar el enorme esfuerzo que Pekín ha hecho para que sus «juegos» sean impolutos y efectivos, y menos Corea del Norte lanzando misiles que incomodaría al gigante asiático.

Kim Jong-un tiene una buena oportunidad en estos Juegos Olímpicos de Pekín, pues si los Juegos Olímpicos de Invierno de 2018 en la ciudad surcoreana de Pyeongchang, donde asistió como máxima representante de Corea del Norte la hermana del líder norteño, Kim Yo-jong, sirvieron para que el régimen norcoreano se abriera en política exterior con sus reuniones con EEUU y su mejora con su vecina del Sur, ahora Kim Jong-un debería acudir a la jornada de inauguración de los Juegos, donde coincidiría con el ruso Vladimir Putin y otros dignatarios, además de con el anfitrión, Xi Jinping.

Catapultaría así una nueva política norcoreana en la que la comunidad internacional tendrá muy en cuenta y, además, favorecería una distensión objetivada en el levantamiento de las sanciones y la progresiva reducción de su programa nuclear. Es decir, sembrar confianza. Pero Pyongyang, sancionada por no asistir a los Juegos de Tokio 2020, ha comunicado esta semana que no participará en los de China.

Por otra parte, las elecciones presidenciales de Corea del Sur en marzo próximo pueden también cambiar el rumbo político de la península coreana. El candidato del gubernamental Partido Democrático (PD) para las presidenciales surcoreanas del próximo marzo, Lee Jae-myung, del presidente del país, Moon Jae-in, que iba muy rezagados en los últimos sondeos, ha empezado a remontar a costa del candidato conservador, Yoon Seok-youl, del Partido del Poder Popular (PPP), que por diversos motivos y escándalos ha ido desinflándose en los últimos meses, incluso perdiendo cierto apoyo de la masa juvenil que desconfía de un programa económico sólido para su mundo laboral.

En suma, unos comicios que también Corea del Norte seguirá con lupa, dado que si al final la oposición conservadora obtiene la Presidencia del país, las relaciones las entre las dos Coreas no serán igual que en la actualidad, mientras que si gana el partido del presidente Moon, Pyongyang seguirá, pese a los altibajos en las relaciones, confiando en Seúl, más partidario de flexibilizar las sanciones a cambio de atenuar su programa nuclear y estampar la firma de un definitivo tratado de paz que sirva para comenzar una nueva etapa en la península coreana, pero a la vez también puede servir para romper el estancamiento de los contactos y el aislamiento del propio régimen que se ve muy afectado por la crisis económica, la COVID-19 y la nueva variante Ómicron.

Santiago Castillo

Periodista, escritor, director de AsiaNortheast.com y experto en la zona

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