Corea del Norte conmemora su 74 aniversario con su capacidad nuclear al alza

Kim Jong-un
Kim Jong-un
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Madrid. Corea del Norte acaba de celebrar el 74 aniversario de su fundación, con numerosos actos en la colina de Mansu, rincón emblemático de Pyongyang, donde se ubican las estatuas de Kim Il-sung y Kim Jong-il, abuelo y padre del actual líder, Kim Jong-un, quien presenció la efeméride y recordó el desarrollo militar y la importancia de sus armas atómicas, que velan por la seguridad de sus fronteras ante cualquier invasión exterior, por ahora imposible, ni de Corea del Sur ni de Estados Unidos, en un acto masivo que sirve para reactualizar al régimen del «amado» líder que sigue sufriendo las vicisitudes de las sanciones internacionales.

Lo que está claro es que mientras que el régimen norcoreano no toque su programa nuclear las sanciones tampoco se van a modificar, un dilema grave para un país que económicamente sufre los estertores de una crisis económica mundial que afecta a la ciudadanía del país, que sigue considerando el arma nuclear como su mejor aliado de seguridad.

Corea del Norte, país que apoya la invasión rusa en Ucrania, tendría que ir demorando su programa nuclear para ganarse la confianza internacional a cambio del levantamiento de la sanciones, y por ello China, su mejor aliado, tiene que influir lo suficiente, haciéndole ver a Kim Jong-un que nadie quiere un cambio de régimen en Corea del Norte, ni nadie va a invadir el país, porque lo que se desea es una mayor estabilidad en la región y todo ello pasa por llevar a cabo una cierta modificación en la política nuclear a cambio del levantamiento de las sanciones para que así se favorezca económicamente el nivel de vida de los norcoreanos. Pero ni las manobras militares ni el lanzamiento de misiles arregla la situación actual.

Pero mientras Estados Unidos y Corea del Sur advierten que Pyongyang está preparando el que sería su séptimo ensayo nuclear, Corea del Norte, en plenos actos masivos con motivo del 74 aniversario de la fundación de la República Popular Democrática de Corea, aprueba una ley en la que se declara así mismo como un Estado con armas nucleares, una ley que permite el lanzamiento de ataques nucleares preventivos y que al mismo tiempo descarta la posibilidad de cualquier negociación sobre la desnuclearización, una decisión que aún lo radicaliza más y bloquea cualquier atisbo cercano al entendimiento con Corea del Sur y EEUU. Pyongyang, pese a las sanciones, ya ha realizado seis pruebas nucleares entre 2006 y 2017.

La vuelta a las negociaciones y al diálogo con EEUU y mejorar las relaciones con su vecina del Sur son realidades que China apoya, pero al declararse como un Estado con armas nucleares, la credibilidad y la confianza desaparecen, crean más tensiones y origina un escenario nada cómodo para un país que necesita que sus ciudadanos confíen en sus autoridades y se sientan arropados en la mejora de sus condiciones de vida.

La credibilidad y confianza se tiene que sentir dentro y fuera del país. Kim Jong-un lleva ya diez años dirigiendo el país, el tercer miembro de la dinastía de los Kim como máximo líder de Corea del Norte. De momento, el programa nuclear norcoreano sigue su ritmo, el océano Pacífico es un rincón que ni EEUU ni China están dispuestos a abandonar, y la guerra de Ucrania sigue activa con sus consecuencias militares para Rusia y de análisis geoestratégico para China, pero cada vez hay más escenarios con enormes capacidades para alterar el orden global, e incluso, como afirman expertos, si Washington está muy pendiente de lo que haga nuclearmente Pyongyang, puede darle más espacio a Pekín para ver qué hace con Taiwán.

Corea del Norte siempre ha apoyado a Rusia en su guerra contra Ucrania, lo que ha supuesto que Kiev y Pyongyang hayan roto sus relaciones diplomáticas tras el reconocer la independencia de las autoproclamadas repúblicas populares de Donetsk y Lugansk, que forman el Donbás ucraniano, y lo mismo ocurre con el apoyo que muestra a China en sus litigios con Taiwán, pero mientras tanto Corea del Sur, Japón y EEUU siguen reforzando su cooperación militar, reafirman su voluntad de diálogo con Pyongyang y advierten que están preparados para cualquier contingencia en la península coreana y, eso sí, Tokio armándose cada vez más. Pero la firmeza de Pyongyang de aniquilar a cualquier país que intente de derrocar al régimen de Kim Jong-un no se va a producir porque ni surcoreanos, ni japoneses ni estadounidenses lo van a hacer.

El objetivo político radica en que se suspendan los ensayos, lanzamientos o juegos nucleares norcoreanos y así también las maniobras militares entre Seúl y Washington y se entre en un periodo de negociaciones sobre su programa nuclear a cambio de estabilidad y levantamiento de las sanciones, que están haciendo mucho daño a una economía que se contrajo en 2021 un 0,1 por ciento, tal como señala el Banco Central de Corea del Sur y ello se debe a las sanciones y al impacto de la pandemia, aunque el cálculo indica un dato mucho menor que la contracción del 4,5 % estimada para 2020.

Santiago Castillo

Periodista, escritor, director de AsiaNortheast.com y experto en la zona

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