China toma ventaja en la campaña presidencial de Taiwán

La presidenta de Taiwán, Tsai Ing-wen.

Madrid. La pérdida de aliados de Taiwán en favor de la China continental apremia al Gobierno del Partido Democrático Progresista (PDP) de la presidenta Tsai Ing-wen a optar por una única vía de promoción electoral de cara a los comicios de enero: o redoblar el discurso por la independencia de la isla o apostar por la moderación y el acercamiento a Pekín.

El doble divorcio diplomático acontecido en septiembre con Islas Salomón y Kiribati a raíz de la decisión de sendos archipiélagos del Pacífico de establecer relaciones con la República Popular ha reducido a 15 los países que aún mantienen lazos con Taipéi.

Kiribati achacó al “interés nacional” el abandono a su suerte de Taiwán, al que había reclamado un avión comercial para testar la viabilidad de la relación, según reconoció el presidente Taneti Mamau; sin embargo, la respuesta se limitó a la concesión de préstamos y olvidó por completo la aeronave, una petición que China podría satisfacer.

Por su parte, el primer ministro salomonense, Manasseh Sogavare, valoró como “totalmente inútil” la compañía de Taipéi al considerar su apuesta por Pekín, que estaría dispuesto a agradecer el paso dado con inversiones valoradas en 500 millones de dólares.

En la disputa por decantar de su parte el tan interpretable principio de “una sola China”, al que Taiwán añade que con dos Estados, y que la República Popular limita solo al continente y tacha a la isla de provincia rebelde, el PDP se enfrenta a la tesitura de escoger qué mensaje será más atractivo para un electorado alejado de los extremos, o en el caso del partido al frente del Ejecutivo, insatisfecho con los titubeos en su discurso.

Los partidarios de la independencia superan en las encuestas a los interesados en la unificación con la China continental, pero ninguna de estas posiciones alcanza una mayoría amplia que legitime la aplicación de una de ellas.

Las protestas que vive Hong Kong despiertan simpatías entre los ciudadanos escépticos de Taiwán que creen que bajar la guardia en la guerra psicológica entablada desde el otro lado del estrecho supondría una intromisión cada vez mayor del régimen chino en los asuntos de la isla, en línea con la denuncia del Gobierno de que China estaría detrás del aluvión de noticias falsas dirigidas a mermar la credibilidad de la presidenta Tsai en beneficio del partido político del Kuomintang (KMT), más cercano al Partido Comunista chino pese a la otrora rivalidad.

La tesis de “un país, dos sistemas” que facilitó la devolución a China de Hong Kong y Macao el siglo pasado fue planteada antes, pero sin éxito, a Taiwán en la transición hacia la democracia.

Tsai afrontará la carrera a la reelección con el bagaje de haber perdido siete socios desde que asumiera la jefatura del Estado en 2016, cuando derrotó ampliamente en las últimas elecciones presidenciales con casi siete millones de votos -el 56 por ciento- al candidato del nacionalista Kuomintang (KMT), Eric Chu, que registró el 31 por ciento de los sufragios.

El Salvador, Burkina Faso, Santo Tomé y Príncipe, Panamá y República Dominicana completan el grupo de naciones que han decidido dar de lado a la isla de Formosa durante el mandato de Tsai para acogerse en el regazo del “gigante asiático”, capaz de corresponder a los demandantes de amistad.

En cambio, el Vaticano y catorce pequeños países de América y Oceanía mantienen por ahora fidelidad a Taiwán, que conserva junto a estos y la protección disimulada de Estados Unidos -que entabló relaciones con China en 1979- un débil prestigio internacional ante la expulsión de Naciones Unidas y de otros organismos interestatales debido a la presión de Pekín.

La derrota general del PDP en las elecciones municipales del pasado noviembre, en las que perdió la mitad de los gobiernos locales que poseía frente a la subida del KMT, forzó la dimisión de Tsai al frente de la formación.

Aun así, la presidenta optará a un segundo mandato -el máximo permitido- después de vencer en abril en las primarias del partido al ex primer ministro William Lai Ching-te, quien también dimitió tras la debacle municipal.

La experiencia de Chen Shiu-bian, el primer líder del PDP en alcanzar la Presidencia en el año 2000 tras medio siglo de dominio absoluto del KMT, obligan a corregir la indeterminación que la formación progresista acostumbra practicar una vez alcanzado el poder.

El tira y afloja ideológico de sus corrientes internas por encumbrar una postura u otra, bien la declaración de independencia, bien la distensión con la parte continental, es norma habitual en las tres legislaturas que el partido ha ejercido al frente del país.

La apuesta por la moderación ha sido la salida común en la trayectoria gubernamental del PDP al descontento ya no solo de sus votantes, sino de la sociedad taiwanesa en general, inclinada más a la mejora del bienestar y de los problemas internos que a la confrontación con Pekín.

El alcalde de la ciudad de Kaohsiung, Han Kuo-yu, del KMT, será el rival directo de Tsai en las urnas. La postura tímidamente prochina del KMT, el partido de los exiliados del continente al proclamar Mao Zedong la República Popular el 1 de octubre de 1949, aporta al elector indeciso la ventaja descrita en un manido refrán.

La ausencia de candidatos con propuestas alternativas y capacidad de desbancar las idas y venidas del PDP y el KMT en el Gobierno llevan al mejor malo conocido que bueno por conocer. Del mismo parecer es China, que agota las vidas de Taiwán en el ámbito de la diplomacia y ha colocado en su terreno, a fin de modificarlo en provecho suyo, el statu quo que les enfrenta.

Sergio Perea Martínez

Sergio Perea Martínez

Graduado en Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid.

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