Del Atlántico al Indo-Pacífico: la nueva estrategia comercial de la Unión Europea

Europa dividida entre potencias globales. | IA.
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Madrid. Cada día que pasa hay una nueva noticia que evidencia un cambio drástico de los tiempos de paz -no solo comercial- que han prevalecido en las últimas décadas. Las tensiones entre socios tradicionales como Europa y Estados Unidos se repiten en bucle, en una suerte de transición irreversible que está sacudiendo sin contemplaciones el cómodo estatus del que disfrutaba el Viejo Continente desde 1945. La realidad es cada vez más tozuda y los funcionarios europeos han asimilado desde hace tiempo que el proteccionismo de la Administración Trump acarrea importantes implicaciones para la economía de la eurozona, especialmente en sus exportaciones.

Una de las consecuencias directas del nuevo orden mundial que desde el otro lado del charco se está instaurando a través de la imposición de elevados aranceles es que la diplomacia europea, en busca de nuevos socios fuera de la órbita transatlántica, se ha visto forzada a diversificar sus relaciones comerciales más allá de Washington para no estar abocada al aislamiento. Un ejemplo claro es el reciente acuerdo con el Mercosur, que justamente ahora se cierra tras un cuarto de siglo de negociaciones. Supone un claro mensaje de Europa, firmemente comprometida con el multilateralismo, en pos del libre comercio, creando un mercado de 700 millones de personas. Sin embargo, no es la única vía que persigue para colocar sus productos por medio de otras alianzas: la región del Indo-Pacífico está también en su radar. Prueba de ello son sus esfuerzos para mejorar vínculos comerciales y ramificar las cadenas de suministro, apoyándose en acuerdos ya vigentes con Japón, Corea, Singapur y Vietnam.

Incluso con China, que representa el 14 % del comercio exterior de la Unión Europea (UE), pesa el pragmatismo y Bruselas intenta gestionar disputas como la de los vehículos eléctricos con fórmulas que permitan transacciones siempre bajo una serie de reglas. Hace unos días, se conoció un acuerdo orientado a dar pasos que permitan resolver este litigio, que sentaba las bases para ofrecer instrucciones a los fabricantes chinos de este tipo de coches sobre cómo presentar ofertas de precios mínimos de importación. En concreto, la UE señaló que dichos precios deben establecerse en un nivel «adecuado para eliminar los efectos perjudiciales de la subvención». El bloque había impuesto en 2024 aranceles de hasta el 35,3 % a las importaciones de vehículos eléctricos chinos tras una investigación sobre ayudas estatales por parte de China que se consideraban «injustas».

«El mercado europeo está abierto a vehículos eléctricos de todo el mundo, siempre que hayan llegado respetando unas condiciones de competencia equitativas», afirmó Olof Gill, portavoz de la Comisión Europea, que defiende el cumplimiento de las reglas de la Organización Mundial del Comercio. «Esto contribuye no solo a garantizar el desarrollo sano de las relaciones económicas y comerciales entre China y la UE, sino también a salvaguardar el orden del comercio internacional basado en normas», señaló por su parte un comunicado del Ministerio de Comercio de China.

Por encima de todo ello, no hay que olvidar que los fabricantes de la UE dependen en gran medida de baterías fabricadas en China, materiales de tierras raras y chips informáticos. El Atlantic Council, un instituto de análisis con sede en Washington, lo explica bastante bien: la UE busca gestionar riesgos sin desvincularse, lo que implica mantener y reforzar transacciones comerciales con Pekín pese a fricciones comerciales y las preocupaciones sobre prácticas industriales, mientras se afana en asegurar unas cadenas de suministro estables.

Esto se traduce en que la compra de estos vehículos irá en aumento. Según la consultora AlixPartners, para 2030 es probable que los fabricantes chinos de automóviles dupliquen su cuota de mercado en Europa hasta alrededor del 10 %. «China es uno de los mercados de NEV -vehículos de nueva energía- más competitivos del mundo, con intensas guerras de precios, innovación acelerada y nuevos competidores que elevan constantemente el listón. Este entorno ha impulsado avances notables en tecnología y eficiencia de costes», indica Stephen Dyer, responsable para Asia de Automoción e Industria de AlixPartners. A medida que el crecimiento se desacelera en el mercado doméstico y aumentan las barreras comerciales globales, los fabricantes chinos de vehículos eléctricos deben centrarse en construir marcas sólidas, invertir en tecnologías avanzadas como la conducción autónoma y localizar sus operaciones en mercados internacionales clave, pero están obligados a adaptarse con rapidez para seguir prosperando, apunta este experto.

La UE adoptó formalmente en 2021 una estrategia para la cooperación en la región del Indo-Pacífico, con un enfoque que combina objetivos comerciales, inversión, seguridad y desarrollo sostenible. Con ello, trata de ampliar la presencia europea en Asia y diversificar las relaciones, fortaleciendo cadenas de suministro, conectividad e integración económica con socios asiáticos. Por poner algunos ejemplos, la UE y Japón han avanzado en su relación mediante la entrada en vigor de un Acuerdo de Asociación Estratégica, que va más allá del comercio e incluye cooperación política, de seguridad y normas compartidas.

Asimismo, Europa e India están en las etapas finales de negociaciones para un Tratado de Libre Comercio (TLC), relanzadas en 2022 tras años de estancamiento, con las que se intenta alcanzar un acuerdo ambicioso para facilitar el acceso al mercado y la inversión. Analistas y dirigentes europeos argumentan que este acuerdo no solo abriría un mercado de más de 1.400 millones de consumidores, sino que también reduciría la dependencia de redes de suministro concentradas, sobre todo respecto a China.

La UE también se encuentra en la fase final de las negociaciones con Australia en aspectos clave como el acceso a productos agrícolas, pero con un fuerte interés en estrechar una relación comercial más estratégica, incluyendo en minerales críticos y tecnología.

Y, por otra parte, Bruselas mantiene una larga relación con la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN), que ya constituye uno de los mayores socios comerciales de Europa fuera de China y Estados Unidos. En particular, ha impulsado negociaciones con Vietnam, Singapur, Indonesia, Tailandia o Filipinas, en un intento por establecer un acuerdo regional más amplio. Maroš Šefčovič, comisario de Comercio y Seguridad Económica, Relaciones Interinstitucionales y Transparencia de la Comisión Europea, ha adelantado que la UE planea intensificar acuerdos comerciales bilaterales con países del Sudeste Asiático antes de 2027.

Varios estudios sobre la política comercial de la UE concluyen que Asia representa el futuro del crecimiento económico global, por lo que la diversificación hacia mercados dinámicos como los anteriores se considera una condición necesaria para la competitividad de la economía europea. De acuerdo con el Banco Mundial, los países de Asia oriental y el Pacífico continúan creciendo a ritmos más altos que otras regiones -entre el 4 % y el 5 %-, lo que supone una base importante para la expansión del comercio con Europa, ya que la demanda y la producción asiáticas seguirán fomentando el intercambio comercial global. Es decir, el impulso demográfico y la producción en Asia hacen que sea un hub crucial para la UE si quiere compensar riesgos y sostener el comercio exterior en un entorno global fragmentado.

Con todo, algunos analistas subrayan que parte de la relación comercial con Asia debe incluir mecanismos para equilibrar el comercio, proteger industrias estratégicas y asegurar acceso justo al mercado europeo, especialmente frente a desequilibrios con potencias como China. Las estadísticas de Eurostat muestran que la balanza comercial total de la UE con Asia tiende a ser negativa, con un déficit que, por ejemplo, en noviembre se situó en alrededor de 39.071 millones de euros.

Sin embargo, las perspectivas de comercio entre la UE y Asia son en general favorables ante el sólido crecimiento económico de Asia, el interés activo de la UE en negociar nuevos acuerdos y el consenso entre los expertos de que Asia es un destino estratégico para diversificar mercados en un entorno global lleno de incertidumbres y tensiones comerciales.

Santiago Castillo

Periodista, escritor, director de AsiaNortheast.com y experto en la zona

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