Ucrania, Taiwán y Corea del Norte marcan las referencias tensionales entre Xi y Biden

| Marco Verch Professional Photographer, Flickr
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Madrid. La reciente cumbre del G20 en Bali (Indonesia), pese a la hostilidad entre China y Estados Unidos, ha servido para que Xi Jinping y Joe Biden hayan tenido un encuentro mejor del esperado y con expectativas de profundizar más en asuntos cruciales de la realidad internacional como Ucrania, Taiwán y Corea del Norte, dando prioridad a los intereses comerciales que se ven salpicados por el conflicto ucraniano, la inestabilidad de los misiles norcoreanos y el interés de Pekín por recuperar Taiwán, pero lejos, afortunadamente, de repetir una nueva guerra comercial y de acercarse a una «guerra fría».

El calentamiento global o la seguridad alimentaria necesitan del ser humano una redefinición en materia climática urgente, tal como se está viendo en la cumbre climática de Sharm el Sheij (Egipto), un asunto que tampoco queda al margen de Pekín y Washington para favorecer una mayor confianza solucionable a los problemas que acarrean la comunidad internacional. Xi y Biden saben perfectamente que sus diferencias en Ucrania, Taiwán, Hong Kong o Xinjiang no deben bloquear un mayor desarrollo de la economía mundial e impedir que el calentamiento global siga mermando la calidad del planeta Tierra, ya con recién cumplidos 8.000 millones de habitantes.

Las dos grandes potencias mundiales coindicen en un mismo objetivo: la estabilidad económica mundial. Guerras comerciales, tecnológicas e ideológicas no resuelven los problemas actuales, y ahora que la COVID-19 está en sus finales, aunque en China sus fuertes confinamientos siguen creando graves problemas económicos que repercuten en el ámbito mundial, la meta principal radica que en Ucrania termine la guerra que desató «brutalmente» Vladimir Putin y que el resto de diferencias entre China y EEUU se demoren a la espera de una mayor estabilidad económica mundial dando máxima prioridad a la economía.

Ucrania y Corea del Norte salpican la tranquilidad internacional, merman la capacidad de maniobras económicas en aras de una mejora en la estabilidad y en Bali el presidente chino tuvo la oportunidad de contemplar esas reclamaciones, y además se convirtió en el «deseado» cuando todos los gobernantes presentes querían hablar con él, haciéndole ver que ni la guerra ucraniana ni los misiles norcoreanos traen paz y soluciones económicas, dada la enorme fragilidad mundial y la cada vez menos confianza en los acreedores financieros internacionales, pero al menos el gobernante del gigante asiático sí escuchó de Biden que puede y debe hacer más de lo que hace con Putin y con el líder norcoreano, Kim Jong-un. El tiempo se acabó y las soluciones son urgentes.

Por una parte, el presidente de Corea del Sur, Yoon Suk-yeol, ordena al Consejo de Seguridad Nacional (NSC) surcoreano fortalecer la cooperación con EEUU y Japón, así como una mejora de los mecanismos para activar la llamada «disuasión ampliada», en respuesta a un nuevo misil balístico intercontinental (ICBM) lanzado por Corea del Norte y, por otra, Putin está enrabietado en su guerra con Ucrania bombardeando sin control todo lo que está de pie sin importarle niños y ancianos con un ejército desilusionado, mal alimentado y mal equipado frente a unas tropas ucranianas con una moral altísima sabiendo que pueden morir pero sabiendo que luchan por una causa justa que no ocurre en las filas rusas.

Es absurdo que Rusia muestre con preocupación la treintena de proyectiles que está lanzando Corea del Norte, cuando Moscú libra una de las guerras más patéticas e injustas desde la Primera Guerra Mundial y con argumentos pueriles y kafkianos, pero Pyongyang está logrando -bueno, ya lo ha conseguido- que la sociedad surcoreana pase «olímpicamente» de sus misiles, pues el hartazgo es total y la realidad, pese a las protestas por las maniobras militares conjuntas de EEUU y Corea del Sur, radica en que ni Corea del Norte va a atacar a nadie ni sus «enemigos potenciales» van a invadir Corea del Norte. China tiene y debe actuar con más presión al régimen de Kim Jong-un dado que los misiles no resuelven ningún problema.

No obstante, lo que sí es evidente es que la península coreana está llegando a cotas inéditas, que no se producían desde hace muchos años, por la repetición de lanzamientos de misiles, en protesta por las maniobras militares de EEUU y Corea del Sur, pero todo indica, tal como señalan los satélites, que Pyongyang se prepara para llevar a cabo su primera prueba nuclear desde 2017, que sería la séptima desde la fundación de la República Popular Democrática de Corea (Corea del Norte) en 1948.

Y claro, a mayor tensión en la península coreana mayor posibilidad para que Pyongyang ejecute esa nueva prueba nuclear. De momento, ya ha conseguido que los ejércitos surcoreano y estadounidense respondieran al misil balístico intercontinental lanzado por Corea del Norte disparando bombas guiadas a modo de prueba desde cazas F-35, además de realizar otras maniobras aéreas combinadas sobre el mar del Este (nombre que recibe el mar de Japón en las dos Coreas).

Pero Japón no se queda con los brazos cruzados. De hecho, Tokio está ya considerando el despliegue para 2030 de misiles hipersónicos en el archipiélago, con el objetivo de aumentar su poder disuasorio en el panorama actual de creciente tensión geopolítica, dado que Tokio analiza su plan de seguridad nacional y que, además de los misiles norcoreanos, le preocupa la creciente influencia de China en la región y, obviamente, el desarrollo armamentístico de Corea del Norte.

En definitiva, la entrevista Biden y Xi en Bali ha reducido la tensión en las relaciones entre las dos grandes potencias mundiales pero aún lejos de soluciones globales al nuevo orden internacional. Las diferencias no van a suponer un conflicto entre China y EEUU, y Biden está convencido que no hay por ahora indicios de una invasión de Taiwán e insistió que todo se resuelva pacíficamente, aunque Xi reiteró que la isla es la máxima aspiración de China para alcanzar la reunificación de la República Popular China, aunque eso sí, en relación a la ayuda militar a Taipéi en caso de que Taiwán sea invadida Joe Biden insistió que «nuestra política sobre Taiwán no ha cambiado en absoluto» y se opuso a cualquier variación del ‘statu quo’ entre ambas partes.

Pero sí está claro que Taiwán se ha convertido en el principal escollo de lo que es la competencia geopolítica estrategia entre Pekín y Washington por la hegemonía mundial y en especial en el Indo-Pacífico. Y vamos a ver qué ocurre ahora cuando la Cámara de Representantes de EEUU ha pasado a manos republicanas, que unido al reciente viaje a China del canciller alemán Olaf Scholz, molestando a Occidente, no ha resuelto en profundizar las discrepancias entre las dos grandes potencias en asuntos, además de Corea del Norte, los de Taiwán y la situación actual de la guerra de Ucrania.

China seguro que ha analizado todo lo ocurrido con su política en Hong Kong con el modelo de «un país, dos sistemas» que, obviamente dejó mucho autogobierno a la antigua colonia británica, y claro Taiwán tiene un modelo democrático al igual que en Occidente, y está claro que entregarse políticamente a Pekín cuando es otro modelo político choca claramente con las intenciones de Pekín y las que reinan en Taiwán, pues la desconfianza viene del incumplimiento de las autoridades chinas con Hong Kong en cuanto a esa aplicación política de «un país, dos sistemas», que debía respetarse hasta 2049, centenario de la fundación de la república comunista. EEUU lo sabe y también lo sabe China.

Santiago Castillo

Periodista, escritor, director de AsiaNortheast.com y experto en la zona

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