Nom Pen: la rivalidad entre China y EEUU llega a las cumbres del Sudeste Asiático

Cumbre de la ASEAN en Camboya. | ASEAN
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Madrid. La pasada semana en el sudeste asiático tuvieron lugar tres importantes conferencias internacionales que atrajeron la atención de la comunidad internacional a esta región del mundo. La temporada empezó con la cumbre de la ASEAN en Nom Pen, Camboya, le siguió la reunión de los líderes del G20 en la isla indonesia de Bali y para finalizar hubo en Bangkok, Tailandia, el encuentro de los países de la APEC, foro regional de cooperación económica.

La Asociación de Naciones de Asia Sudoriental, también conocida como ASEAN por sus siglas en inglés, celebra este año el 55 aniversario de su creación en Nom Pen, capital camboyana. Formada en 1967 por Indonesia, Malasia, Filipinas, Singapur y Tailandia para acelerar el crecimiento económico y la cooperación regional, creció hasta convertirse medio siglo después en un actor clave de la política internacional y la quinta economía del mundo. Además del desarrollo común, tenía como meta frenar el movimiento comunista y socialista de la región que reinaba en Vietnam, Laos, Camboya y Myanmar. No obstante, la retirada estadounidense de Indochina en los años 70 y el final de la Guerra Fría en los 80 llevaron a la normalización de las relaciones. En 1984 entró el sultanato de Brunéi, una pequeña nación en la isla de Kalimantan, que fue seguida por Vietnam en 1995, Laos y Myanmar en 1997 y finalmente Camboya en 1999. Así se formó la ASEAN que conocemos hoy.

La cumbre de noviembre fue el primer encuentro de todos los líderes en persona desde 2019. Los dirigentes de Indochina tenían ante ellos una cantidad récord de cuestiones fundamentales: el cambio climático y su impacto en los monzones que devastan la región cada año; la admisión de Timor Leste (Timor Oriental), que lleva décadas intentando entrar en el club; la rivalidad entre Pekín y Washington, en la que la ASEAN prefiere mantenerse al margen del Gran Juego de las superpotencias; la creciente belicosidad de Corea del Norte; la guerra de Ucrania y la consecuente crisis alimentaria. Y, finalmente, un problema en sus propias filas: Myanmar y la violencia desencadenada por la junta militar de Tatmadaw.

Además de los líderes de las diez naciones de la ASEAN, fueron invitados sus homólogos de socios importantes de la región: Australia, Canadá, Corea del Sur, Estados Unidos, Japón y Nueva Zelanda. China envió a su primer ministro, Li Keqiang, mientras que la India y Rusia estaban representados por sus respectivos ministros de Exteriores: Subrahmanyam Jaishankar y Serguéi Lavrov, respectivamente. Además, el primer ministro camboyano, Hun Sen, famoso por su apoyo a Ucrania en la guerra, invitó al ministro de Exteriores ucraniano, Dmytro Kuleba, que firmó con la organización regional varios acuerdos de cooperación. En la histórica votación en la Asamblea General de la ONU, el 2 de marzo, ocho de los diez de los miembros de la ASEAN votaron por condenar la invasión rusa de Ucrania.

Con la ausencia de Xi Jinping y Vladimir Putin en la reunión, Joe Biden lució como la estrella de la cumbre. Últimamente, el conflicto con Pekín se está exacerbando, como vimos en la provocación de Washington en el estrecho de Taiwán en agosto de este año. El jefe de la Casa Blanca se dirige a Indochina para retomar la iniciativa y asegurar a sus aliados que «America is back» (EEUU ha vuelto), como dijo Jake Sullivan, consejero de Seguridad nacional. Desde la cumbre ASEAN-EEUU en mayo, la Casa Blanca está intentando convencer a los países de la región de su resolución por su causa y la disposición a defenderlos en caso de que lo necesiten e invitándolos a la capital estadounidense y lanzando el Marco Económico del Indo-Pacífico como contrapeso a la Asociación Económica Regional Integral, organización económica liderada por China.

La ASEAN pisa con cuidado. Desde que el papel de China emergió como pieza clave en la arena geopolítica, la organización intentó mantener un balance entre las dos potencias para evitar una dependencia excesiva. Como remarcó Kung Phoac, funcionario del ministerio de Asuntos Exteriores camboyano, en una entrevista a CNBC: «No queremos elegir un bando. Siendo sinceros, queremos cooperar con ambos, algo que ya está ocurriendo». Además, los estados de Indochina se muestran escépticos de un posible cambio rotundo en la política estadounidense en caso de que cambie el inquilino de la Sala Oval en 2024. Las elecciones parlamentarias de 2022, que les dieron por lo menos una cámara del Congreso a los republicanos, también amenazan con inmovilizar las iniciativas del presidente.

De esta forma, la llegada de Donald Trump en 2016 a la Casa Blanca fue un verdadero cataclismo que dañó considerablemente las alianzas que había establecido Washington durante las presidencias de George W. Bush y Barack Obama. El carismático republicano volcó el ‘statu quo’, convirtiendo a su país en un actor altamente imprevisible en el ambiente internacional. Cualquiera que decida decantarse por EEUU por completo se lo pensará dos veces. Eso sí, este especial interés por la región por parte de la Casa Blanca lo demuestra el hecho de que Biden viajó en persona, mientras que China envió tan solo a su primer ministro, Li Keqiang. Esta demostrativa atención a la ASEAN puede darle puntos políticos al presidente estadounidense en Indochina.

Aunque el bloque asiático intente mantenerse al margen de las disputas de las grandes potencias, muchos países por sí mismos tienden a derivarse por uno de los bandos. Camboya, el anfitrión del evento, siempre mantuvo una relación muy estrecha con Pekín, al igual que Myanmar y Laos, dependientes del crédito chino. Mientras tanto, Vietnam, Tailandia, Indonesia, Malasia y Brunéi son socios importantes de Washington. Filipinas, después de un sexenio de discordia durante el liderazgo de Rodrigo Duterte en Manila, parece estar volviéndose a la alianza estratégica con los americanos al otro lado del Pacífico. Ferdinand Marcos Jr., hijo del controvertido dictador del siglo XX, no piensa renunciar a las islas Spratly, que son objeto de disputa entre varios actores regionales en el mar de la China Meridional y fueron considerados filipinos según la Corte Permanente de Arbitraje en 2016.

No obstante, aunque claramente la estrella del día resultó ser Biden, no fue el único centro de atención. Pues tanto Fumio Kishida, el primer ministro nipón, y Yoon Suk-yeol, presidente surcoreano, abordaron la cuestión norcoreana en Nom Pen que unió a los dos líderes después de un lustro de relaciones difíciles y frías debido a la controversia sobre la responsabilidad y deuda moral de Tokio por las atrocidades cometidas durante la Segunda Guerra Mundial. La amenaza común reside en Pyongyang, donde el régimen de Kim Jong-un, lleva todo el presente año lanzando decenas de misiles, algunos de los cuales cayeron en aguas japonesas o incluso llegaron a sobrevolar su territorio. Encaminado hacia el cambio de la Constitución pacifista nipona, Tokio necesita a Seúl y Washington de su lado para presionar al régimen de Juche, la ideología nacional de Corea del Norte, establecida por Kim Il-sung, fundador del país y abuelo del actual líder norcoreano, Kim Jong-un.

El primer ministro australiano, Anthony Albanese, viajó con su titular de Exteriores, Penny Wongm, para promover la iniciativa de Australia en la región que se vio amenazada por el avance de China en las islas del Pacífico. Aunque Pekín es el socio económico más importante de Canberra, esta intenta mantener la distancia, como muestra su activa participación en la AUKUS y la Quad, ambas alianzas de defensa militar dirigidas por EEUU. Pero la reunión de Xi Jinping y Albanese a continuación en Bali era muy esperada, debido a las difíciles relaciones después del intercambio de la guerra comercial que comenzó en 2020.

La cumbre de la ASEAN no hizo más que empezar la temporada de reuniones en la región. En una época de división en bloques, guerra, crisis económica y humanitaria en el mundo, el diálogo es esencial, como remarcó en sus declaraciones el presidente indonesio, Joko Widodo.

Iván Ortega Egórov

Estudiante de Relaciones Internacionales de la Universidad Carlos III, de Madrid

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