El salto al vacío de Han Kuo-yu, un alcalde de Taiwán derrotado por la ambición

Madrid. Una de las medidas inmediatas de Han Kuo-yu al poco de ser elegido contra todo pronóstico alcalde de la ciudad de Kaohsiung, al sur de Taiwán, por el partido nacionalista Kuomintang (KMT) en un feudo dirigido legislatura tras legislatura por el Partido Democrático Progresista (PDP) desde la democratización de la isla, fue convocar en el San Valentín de febrero de 2019 en el río Love a medio centenar de hombres enfrascados en chalecos salvavidas que saltarían al agua para prometer amor incondicional a sus parejas, vigilantes en tierra firme de la sinceridad de sus maridos.

Han, de formación militar y con estudios en literatura y derecho, había alcanzado a los 61 años la cumbre de su biografía política. El espectáculo promovido a los tres meses de asumir el mando era un anticipo de la promesa electoral de revitalizar la industria para impulsar la economía de la “ciudad del amor”, en referencia a la traducción del inglés del río Love, que desemboca en Kaohsiung.

Un psiquiatra calificó de idiotez la propuesta de Han desde el punto de vista de la prevención del suicidio. Lanzarse a un río distaba de ser una actividad romántica. “Por el contrario, es nuestra preocupación infinita”, criticaba en redes sociales el especialista, que recomendaba al alcalde que “dejara de ser un idiota”. “La paciencia de los ciudadanos es limitada”, zanjaba a modo de vaticinio. El mal agüero acabaría cumpliéndose.

El idilio de Kaohsiung con Han, apodado “el Donald Trump taiwanés”, resistiría 528 días, el tiempo entre la elección como alcalde en noviembre de 2018 con el 53,8 por ciento de los sufragios y el 6 de junio de 2020, cuando el 97 por ciento de los votantes a favor de su destitución le dieron puerta a menos de la mitad del mandato al considerar que había olvidado los asuntos locales para optar a la Presidencia del país en las elecciones del pasado enero, que perdió ante la progresista Tsai Ing-wen, jefa del Gobierno desde 2016.

La consulta sentaba un precedente en Taiwán como ejemplo de democracia al representar la primera vez que la ciudadanía echaba del poder a un dirigente en una votación extraordinaria que para salir adelante debía ser antes reclamada, luego concurrida con una participación del 25 por ciento de los dos millones y medio de habitantes de la ciudad mayores de 20 años y, por último, resultar los síes a la destitución por encima de los noes.

A la cita con las urnas a principios de mes en unos dos mil centros electorales, que permanecieron abiertos de ocho de la mañana a cuatro de la tarde con fuertes medidas de seguridad por la pandemia del coronavirus, acudió el 42 por ciento de los ciudadanos con derecho a voto, de los cuales solo el 3 por ciento se posicionó a favor de Han.

El PDP ha devuelto así el guante al KMT, que había arrebatado la Alcaldía de Kaohsiung al PDP después de veinte años sin administrar la urbe, la segunda en importancia de la isla de Formosa y un tradicional contrapeso al poder del Gobierno central, por lo general del color político opuesto: cuando los nacionalistas regían la Administración de Taiwán desde Taipéi, la capital, en Kaohsiung los electores preferían en la gestión local al partido opositor.

Fue el triunfo del KMT en los comicios municipales de 2018 el momento de la explosión de popularidad de Han, visto como un candidato humilde, propenso a dialogar con la gente con un lenguaje sencillo, cariñoso con el pueblo de a pie y rival de la élite política. Todavía no se había postulado a la carrera presidencial, pero el regidor inesperado de Kaohsiung, que retornaba a la política tras dirigir una empresa estatal del sector de la agricultura, vapuleaba en las encuestas a los líderes del país, incluida la presidenta Tsai, que renunciaba como cabeza principal del PDP por la debacle electoral.

La “ola Han” no tardaría en chocar contra la roca que lo había catapultado a la Alcaldía, toda vez que en junio del año pasado anunciaba que se presentaba a las primarias del KMT para tratar de recuperar el Gobierno a bordo del barco nacionalista, proclive a un mayor entendimiento con Pekín frente a la posición independentista del PDP respecto a China.

Movimientos cercanos al PDP comenzaron en junio de 2019 a mover los hilos para forzar una votación que calibrara el apoyo o la oposición a las aspiraciones presidenciales de Han, que al mes siguiente era elegido aspirante a la Presidencia y en octubre pedía permiso para apartarse por un tiempo de las funciones locales para preparar el camino a la jefatura del Estado.

Preguntado en campaña por la dejadez de los asuntos de la ciudad, Han respondía que seguía siendo el alcalde, pero era notorio que había dejado a un lado las promesas de transformar Kaohsiung en la ciudad más rica de Taiwán, alcanzar los cinco millones de habitantes, incentivar el turismo sanitario para visitantes extranjeros, promover el regreso de los jóvenes emigrados a la capital o, entre otras, dar entrada al dinero chino en el mercado inmobiliario.

Además, la buena sintonía con las autoridades comunistas del otro lado del estrecho lastraron la fama del mandamás de Kaohsiung, donde los intereses de la República Popular China cuentan con menor simpatía que en Taipéi, la ciudad de nacimiento de Han, que visitó las oficinas de enlace de Pekín en Hong Kong y Macao antes de dar de nuevo el salto a la política nacional, que había probado en los años noventa como responsable parlamentario del KMT en el Yuan Legislativo.

Han, derrocado con más votos en su contra de los que le sirvieron para proclamarse alcalde, ha renunciado a recurrir ante la justicia la destitución. Yang Ming-chou, un funcionario de 64 años con tres décadas de trabajo en el ayuntamiento, se hará cargo provisionalmente de Kaohsiung, convocada el 15 de agosto para elegir un sustituto que pilote la ciudad hasta 2022, la fecha prevista de final de legislatura de Han, que a causa de su ambición fue arrastrado por la corriente del río Love, el mismo que había utilizado para jurar amor a la ciudad que le bajaría del cielo tras auparle a lo más alto.

Sergio Perea Martínez

Sergio Perea Martínez

Graduado en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid.

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