Rusia-India, amistad en tiempos del cólera

Vladimir Putin y Narendra Modi, en 2014. | Kremlin.ru

Madrid. El lunes 6 de diciembre Vladimir Putin se reunió con el primer ministro indio Narendra Modi en el palacio de Hyderabad. Esta es la segunda visita del líder ruso al extranjero desde el inicio de la pandemia; la otra fue la cumbre de Ginebra en junio, donde se encontró con Joe Biden. Putin incluso pospuso el viaje previsto a China, lo que da aún mayor importancia al encuentro en Delhi.

India y Rusia siempre han tenido unas relaciones muy estrechas. El gigante indio como país no alineado durante la Guerra Fría mantuvo un vínculo especial con la Unión Soviética. Tres secretarios generales soviéticos visitaron la India en varias ocasiones, firmando acuerdos de venta de armamento y de cooperación económica. La URSS fue mediadora en el conflicto indo-pakistaní en los años 60. Los presidentes rusos han seguido esa tradición visitando la India en 8 ocasiones durante los últimos 30 años.

Estas últimas conversaciones transcurrieron en el formato «2+2». Además de los líderes de Rusia e India, participaron también los respectivos ministros de Defensa y de Exteriores. A lo largo del encuentro fueron firmados varios acuerdos en el ámbito militar. Concertaron el suministro de rifles Kaláshnikov, AK-203, y misiles portátiles Igla-S. Nueva Delhi también declaró que espera recibir la primera partida de sistemas de defensa antiaérea S-400 antes de que termine el año.

La noticia del encuentro en el palacio de Hyderabad produjo inquietud en el alto mando de los Estados Unidos. Advirtieron al gobierno de Modi sobre las posibles sanciones según la ley estadounidense para contrarrestar a adversarios a través de sanciones. Esta tiene como objetivo sancionar económicamente a países que forjan estrechas relaciones económicas o militares con Rusia, Irán o Corea del Norte. A pesar del aviso de la Casa Blanca, Nueva Delhi seguirá adelante con su plan de adquirir las S-400 rusas, que no tienen igual, según el mando militar indio.

Según el embajador ruso, Nikolái Kudashev, el Ejército indio está equipado al 60-70 por ciento con armamento proveniente de Rusia. A pesar de esto, el gobierno de Modi declaró que pretende reducir la dependencia de su ejército de los suministros del Kremlin. En el último lustro el armamento ruso suponía el 49 % del total, según el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo. Sin embargo, Nueva Delhi tiene que mantener los equipos ya suministrados, por lo que está obligado a mantener unas buenas relaciones con Moscú.

Washington sigue siendo el mayor socio comercial de Nueva Delhi, volumen que es diez veces mayor que los intercambios entre indios y rusos. Por eso, para aplacar a la Casa Blanca, el ministro indio de Defensa, Rajnath Singh, durante su encuentro con su homólogo ruso, Serguéi Shoigú, afirmó que la cooperación militar con Rusia «no está dirigida contra otros países».

Esta militarización del gigante indio viene justo después del resurgimiento de la rivalidad sino-india, que se remonta a los años 50. Ocurrieron conflictos fronterizos con China en octubre de 2021 y mayo de 2020. Además, en octubre de este año fueron lanzados los nuevos misiles supersónicos chinos que mostraron a todo el mundo el poder militar del país. Parece que la India pretende contrarrestar el poderío armamentista de su vecino, importando más armas y promoviendo la producción nacional. Uno de los acuerdos firmados en Delhi hace una semana fue precisamente el permiso de producir las AK-203 en fábricas indias.

Ahora mismo, el gobierno de Modi aspira a mantener unas relaciones exteriores que están en aparente contradicción una contra la otra. Por un lado, la India quiere seguir cooperando con el Kremlin con la vista puesta en el progresivo acercamiento ruso a China. Por otro, busca mantener el actual nivel de cooperación con la Casa Blanca, su mayor aliado político y económico. Además, forma parte del foro BRICS junto a Brasil, Rusia, China y Sudáfrica, países partidarios de un orden multipolar en el que EEUU no dicte de manera unilateral sus condiciones al resto del mundo.

En los últimos años las ambiciones geopolíticas de la India han aumentado considerablemente. Muchos creen que la población india sobrepasará a la de su vecino septentrional a mediados del siglo. Además, se predice que la India se convertirá en la tercera economía del mundo en las próximas décadas. La incógnita es si la vitola de país más poblado del mundo será una ventaja o una rémora, y si estará acompañada de un lugar de honor entre las grandes potencias mundiales.

Iván Ortega Egórov

Estudiante de Relaciones Internacionales de la Universidad Carlos III, de Madrid

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