Las Coreas se tensionan, Kim habla de una guerra y la dinastía prepara sucesores al líder

Kim Il-sung y Kim Jong-il, abuelo y padre de Kim Jong-un. | Rita Willaert, Flickr
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Madrid. Mientras el líder norcoreano, Kim Jong-un, coquetea ante rumores de que prepara a su hija Kim Ju-ae, de diez años, para que sea su sucesora, ahí sigue su hermana, Kim Yo-jong, de 36, como la más firme aspirante a liderar el país, pero la lucha dinástica no entorpece la dinámica de la realidad política de un país que diariamente emprende nuevos retos «ante sus enemigos potenciales», lanzando el pasado día 5 de enero unos 200 proyectiles al mar Amarillo cerca de dos islas surcoreanas, donde una parte de sus habitantes tuvieron que ser evacuados. Por su parte, Corea del Sur realiza maniobras con fuego real a un previo ensayo de artillería de Pyongyang. La península coreana sigue tensionada e inestable, pero el régimen norcoreano no cede en mostrar su amenaza nuclear.

Kim Jong-un va camino de cumplir 14 años como líder supremo de Corea del Norte, tras la muerte de su padre, Kim Jong-il, de quien heredó su poder, pero al parecer la globalización mundial actual no le sienta bien, pues esa esperanza de una política más conciliadora con sus vecinos de Corea del Sur y Japón, y de considerar a Estados Unidos el mal de todos sus problemas, convencido de que quieren invadirle, no ha sido óbice para que Pyongyang, en vez de llevar a cabo enormes cambios económicos, centre su prioridad en su desarrollo nuclear y con críticas a Occidente por sus políticas exteriores, pero con el sorprendente gesto inusual de trasladar al primer ministro japonés, Fumio Kishida, sus condolencias por las víctimas mortales y los daños causados por el reciente terremoto, sucedido el pasado 1 de enero con al menos 110 fallecidos y más de 200 personas desaparecidas.

La dinastía sucesora de los Kim sigue intacta y todo dependerá de los acontecimientos que fortifiquen más al régimen norcoreano, que no permite grietas de ninguna clase, dando siempre la imagen de un país fuerte y seguro, como así lo entienden perfectamente sus algo más de 25 millones de habitantes, según distintas estimaciones. Mucho se ha hablado de Kim Yo-jong, la hermana querida del «brillante camarada» y «mariscal» Kim para sucederle, sobre todo cuando ha estado desaparecido por problemas de salud, y ahora toca el turno de los rumores sobre su hija, de 10 años, según distintas fuentes, quien no deja un solo día de entretenerse con sus «sus juguetes nucleares» que su padre le muestra con sumo orgullo.

Pero lo que es cierto es que las recientes ráfagas de artillería norcoreanas cayeron dentro de una zona disputada durante mucho tiempo entre ambas coreas. La frontera marítima de facto trazada por Naciones Unidas -la Línea Limítrofe del Norte (LLN)- donde la isla de Yeonpyeong (unos 1.800 habitantes) se ubica en el mar Amarillo (mar Occidental), a escasos 12 kilómetros de la costa norcoreana, una LLN que fue establecida tras el armisticio que puso fin a la Guerra de Corea (1950-53) pero que nunca reconoció Pyongyang.

Y luego en la isla de Baengnyeong (unos 5.000 residentes), ubicada en la misma zona, tras disparar Pyongyang unas 200 rondas de artillería que no causaron daños a su población, pero aumentaron la ya estresante polarización política en la península coreana, dado que los dos territorios se encuentran a sólo 10 y 20 kilómetros de la costa marítima norcoreana. Pero es obvio que ambas islas han marcado una enorme tensión diplomática y no será la última, pues el disparo de esos proyectiles de artillería próxima a su costa occidental, la zona fronteriza oeste entre las partes, originó posteriormente que la Marina surcoreana practicara maniobras con fuego real, durante las que lanzó el doble de balas, unas 400, según distintas fuentes, una realidad que una vez más recuerda a los muchos años en los que que la tensión no cede, pero una guerra o una invasión de una de las dos partes es prácticamente descartable.

Y sin olvidar que el 23 de noviembre de 2010 el Ejército norcoreano lanzó a la isla Yeonpyeong desde tierra unos 175 disparos de artillería, que acabaron con la vida de dos civiles y dos soldados en el primer ataque directo a territorio surcoreano desde el conflicto bélico entre las dos Coreas. Esta secuencia de maniobras norcoreanas no se había registrado desde 2018, cuando ambos países firmaron un acuerdo castrense, del que Kim se desligó en noviembre pasado cuando Corea del Norte abandonó unilateralmente el tratado y después de que Corea del Sur lo suspendiera parcialmente en protesta por el lanzamiento exitoso de un satélite militar con capacidad de espionaje. Pero estas dos islas han sufrido el 5 de enero pasado los ataques de la artillería norcoreana con el disparo de más de 200 rondas en la zona del cabo Jangsan, al norte de la isla de Baengnyeong, y del cabo Sanseong, al norte de la isla de Yeonpyeong.

Todo ello ha llevado a China, siempre imprescindible en la solución final del conflicto de la península coreana, a pedir moderación a ambos países, pues Pekín, principal apoyo político y económico del régimen norcoreano, no se siente cómoda con tanta «ansiedad nuclear norcoreana», pero Kim Jong-un insiste en impulsar la producción de varios vehículos lanzamisiles como algo predominante en aras a un «enfrentamiento militar» con el enemigo, según dice la agencia de noticias norcoreana KCNA, pero ni hay ni va a haber una guerra entre las dos Coreas y nadie va a atacar a nadie y nadie va a invadir nadie. Sí hay y habrá más escaramuzas bélicas que en algún momento pueden terminar en una situación realmente peligrosa. Y no serán las últimas, pues se esperan más provocaciones militares o los ciberataques que pueden producirse en abril próximo cuando su vecino del Sur celebre elecciones parlamentarias o incluso actividad norcoreana en los meses previos a las elecciones presidenciales de EEUU, acciones de Kim que a China le incomodan y no le gustan.

La península coreana se rearma cada vez más. Kim Jong-un sigue jugando con quién será su sucesor, con elogios a su hermana, Kim Yo-jong, por mostrar su vehemencia y críticas al presidente de Corea del Sur, Yoon Suk-Yeol, al condenar su discurso de Año Nuevo. Ante la estrategia disuasoria de Seúl y Washington, Kim justificó los planes de Pyongyang de fortalecer su capacidad nuclear y cada vez más hostil contra EEUU, y no tiene reparos en mostrarle a una niña de 10, 11 o 12 años todo ese inmenso juguete como es un misil balístico intercontinental (ICBM) para que vaya familiarizándose con la mejor arma que tiene el país para la supervivencia del régimen y su seguridad.

El “mariscal” norcoreano ha advertido que la península coreana está «cada vez más cerca de un conflicto armado», pero no creo que eso ocurra, aunque, eso sí, Kim no para en mostrar la capacidad bélica de Corea del Norte valorando su plataforma de móviles para lanzar misiles balísticos de largo alcance (ICBM). Kim Jong-un insiste en que seguirá potenciando su programa nuclear, una evidencia nada baladí cuando su máxima prioridad es que la industria armamentística norcoreana acelere la producción de lanzadores de misiles para estar preparado en su «contienda bélica» contra Corea del Sur y EEUU.

Kim Jong-un, que cumple esta semana 40 años, lo celebra disparando más rondas de artillería cerca de la frontera marítima con el Sur por tercer día consecutivo, llegando a disparar más de 60 rondas hacia aguas del noroeste de la isla de Yeonpyeong. La tensión no cede y veremos qué planifica el líder norcoreano con este inicio de año usando a su artillería como referencia de su potencial militar.

Y ahora la natalidad es otro problema más para el régimen ante la falta de hijos. Kim suplicó entre lágrimas a las mujeres que tengan descendientes para fortalecer a la nación, que sufre duras sanciones por su programa nuclear, que afectan a la salud infantil y a la población en general por la escasez de alimentos. La tasa de natalidad ha caído a 1,8 hijos por mujer y la población empieza a envejecer.

Santiago Castillo

Periodista, escritor, director de AsiaNortheast.com y experto en la zona

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