China y sus retos en las islas del mar de China Meridional y mar de China Oriental (y II)

Vigilancia en las aguas del mar de China Oriental. | Al Jazeera

Madrid. Las relaciones bilaterales entre Japón y China, a pesar de estas escaramuzas en el mar Oriental, han mejorado en los últimos años hasta el punto de que se esperaba que el presidente de China, Xi Jinping, viajara a Japón en abril de este año para una visita de estado, una iniciativa cancelada debido a la pandemia del coronavirus. De hecho, ambos países normalizaron sus vínculos tras la visita en octubre de 2018 del primer ministro nipón, Shinzo Abe, a Pekín, aunque eso sí, Tokio desconfía desde hace tiempo del incremento presupuestario que el “gigante asiático” destina a Defensa.

El problema de las islas, llamadas Senkaku por Japón y Diaoyu por China, se originó cuando en septiembre de 2012 el Gobierno nipón compró a un particular japonés tres de los islotes por 20,7 millones de euros, lo que originó violentas protestas en varias ciudades de China contra intereses japoneses y afectó durante meses al comercio bilateral entre los dos países. El archipiélago, formado por cinco islas deshabitadas y tres rocas y de apenas 7 kilómetros cuadrados, podría albergar importantes reservas de hidrocarburos y de pesca.

Además, Japón, con el objetivo de vigilar las actividades marítimas de China, inauguró en 2016 una base militar en el mar de China Oriental, muy cerca de Taiwán y de las disputadas islas Senkaku. Es decir, una nueva unidad permanente, que se encuentra en isla de Yonaguni, la porción de tierra habitada más occidental del archipiélago nipón, y cuenta con 160 miembros de las Fuerzas niponas de Autodefensa (Ejército), lo que supone que la nueva base se ubica a 150 kilómetros al sur de Senkaku.

China y Japón, la segunda y tercera economía mundial, tienen cada vez más interdependencia la una de la otra. Por un lado, China necesita la tecnología japonesa y el valor añadido de una economía madura y, por otro, Japón requiere de un mercado chino ávido de consumismo y de una mano de obra con la que abaratar los productos japoneses y convertirlos en más competitivos, por lo que los conflictos bélicos se antojan “imposibles”.

En el ámbito meramente económico, China y Japón, cuyos intercambios alcanzan la cifra de 265.000 millones de euros al año, firmaron diez importantes acuerdos sobre financiación, comercio, innovación y deporte.

La visita que hizo Abe a China fue calificada como un buen comienzo para la estabilidad de ambos países, pero queda aún por ver qué pasará en relación a las disputas en el mar de la China Meridional, el crecimiento de la Marina de guerra de China y los problemas derivados de la invasión japonesa de China y de la Segunda Guerra Mundial por Japón, además de la relación de Tokio con Corea del Norte y sin olvidar la actual situación en Taiwán.

Por otra parte, el Libro Blanco de Defensa Nacional 2015, el noveno desde 1998, ya rebelaba la estrategia china en pro de una defensa para disuadir las posibles amenazas y defender los intereses del país, dentro de un contexto mundial de grandes cambios que la propia China no debe frenar para su desarrollo, aunque en este caso se trata de un nuevo documento donde se pone a prueba la capacidad militar de la República Popular China. Un documento que puntualiza que “China no atacará a menos que sea atacado, pero sí contraatacará”

En suma, ese “Libro blanco” sobre la estrategia militar china aclara que el “gigante asiático” trata de convertirse en una nueva potencia militar en aras de defender sus intereses marítimo en una definida apuesta por controlar sus aguas en sus disputas territoriales en el mar de China Meridional, en un momento en que EEUU ha pedido a Pekín el fin de la construcción de islas artificiales en las zonas en conflicto, pero que ratifica la posición estratégica de China en ese área. Y claro, tampoco queda al margen el interés por las riquezas en las islas Senkaku.

Pekín, con el objetivo de consumar sus aspiraciones marítimas, comenzó la construcción de islas artificiales en islotes y atolones de las islas Spratly (llamadas Nansha por China), donde también ha levantado dos faros, pero que al mismo tiempo ha servido para que Vietnam y Filipinas denunciaran a finales de abril la presión china en los territorios en disputa en el mar Meridional, donde se han producido escaramuzas entre las embarcaciones de estos países.

Estados Unidos ha pedido en repetidas ocasiones el fin inmediato de la construcción de islas artificiales en zonas de disputa. Washington no quiere perder influencia en la zona del Pacífico y su inquietud radica en que Pekín con esta estrategia aumenta una mayor militarización y puede originar algún conato de conflicto entre los distintos países implicados. Una zona clave para el tráfico marítimo mundial, por donde pasan cerca de 50.000 barcos al año y 15 millones de barriles de petróleo diarios.  

Estados Unidos tiene su propia estrategia de defensa para el siglo XXI, donde planea tener el 60 por ciento de su flota naval en el Pacífico para 2020-21, con nuevas inversiones y mayores capacidades, lo que también ha servido a China como argumento para “defender su territorio”, pero el objetivo de Washington radica en que no desea que el “gigante asiático” se convierta en el “amo” de la zona.

En definitiva, China a raíz de establecer su nueva Área de Identificación de Defensa Aérea (ADIZ) en el mar Oriental en 2013, hará ahora lo mismo en el mar de China Meridional que cubrirá el archipiélago Paracel o Paracelso y las islas Pratas (Dongsha, según Pekín), controladas por Taiwán y que Pekín reclama como parte de la provincia meridional de Cantón, además de las Spratly, o sea, territorios disputados con otros países de la región.

Las islas Spratly están disputadas por China, Taiwán, Malasia, Filipinas, Vietnam y Brunéi, mientras las Paracel son reclamadas por China, Vietnam y Taiwán.

Mientras Donald Trump intenta su reelección para su segundo mandato presidencial en noviembre próximo, China ha sabido manejar muy bien la crisis del coronavirus para reivindicar sus demandas en las aguas de las islas del mar de China Meridional. Unas demandas que, por otro lado, no son nuevas

Santiago Castillo

Santiago Castillo

Periodista, escritor, director de AsiaNortheast.com y experto en la zona

También te podría gustar...

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Usamos cookies para ofrecerte una mejor experiéncia de navegación. Si continuas navegando en esta web aceptas su uso. Más información

Usamos cookies para ofrecerte una mejor experiéncia de navegación. Si continuas navegando en esta web aceptas su uso.

Cerrar