China y la India abogan por la paz en la 77 Asamblea General de la ONU

Banderas china e india. | Yiftaa, Wikimedia
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Madrid. Tras declarar Vladimir Putin la movilización parcial en Rusia, el ministro de Asuntos Exteriores del Kremlin, Serguéi Lavrov, aterrizó en Nueva York para asistir a la 77 Asamblea de la ONU. Mientras Moscú intenta salvar la situación en el campo de batalla en Ucrania con 300.000 nuevos soldados y una campaña de referéndums en las provincias conquistadas, el frente internacional ruso parece ceder también esta semana. El desafío de Putin a Occidente se queda casi sin partidarios.

Cuando Rusia invadió al país vecino el pasado 24 de febrero se topó con una rotunda respuesta por parte de Occidente, que temía que Ucrania fuese tan solo el comienzo. Miembros de la OTAN y los aliados de Washington en Asia (Japón, Australia, Nueva Zelanda) condenaron la invasión, impusieron severas sanciones contra el régimen ruso y comenzaron a enviar armamento a Kiev para apoyar su esfuerzo militar. Esa respuesta, aunque más fuerte que pensaba el Kremlin, era de esperar.

Pero además de Occidente, gran parte del mundo apoyó a Ucrania en esta disputa. El voto en la Asamblea General en marzo condenó las acciones de Moscú con una mayoría de 141 votos. Otros 34 países se abstuvieron, mientras tan solo cuatro (Eritrea, Siria, Corea del Norte y Bielorrusia) apoyaron a Rusia. Antiguos aliados del Kremlin como Venezuela, Cuba, Kazajistán o Armenia prefirieron abstenerse, junto con los dos países más poblados del mundo, China y la India, que mantuvieron la neutralidad al respecto. Aunque no se adherían a las sanciones occidentales, tampoco se entrometían demasiado con Rusia para evitar restricciones secundarias.

En esta reunión la situación ha cambiado. Desde finales de marzo el avance ruso se estancó, convirtiendo el conflicto en una guerra de trincheras. Moscú no consiguió tomar ni Kiev, ni el Donbás, ni tampoco conservar el territorio ocupado, como lo demostró el fugaz contraataque ucraniano. Putin estaba perdiendo. Para evitar admitir la derrota, el dirigente ruso sacó su as de la manga, que tanto reservaba para el futuro: fueron convocados referéndums en las regiones ocupadas de Donetsk, Lugansk, Jersón y Zaporiyia y anunciada la movilización parcial.

Además de cuestiones de cambio climático, sostenibilidad y la crisis alimentaria, la guerra en Ucrania era claramente el centro de la atención en la Asamblea. Joe Biden (Estados Unidos), Olaf Scholz (Alemania), Emmanuel Macron (Francia), Liz Truss (Reino Unido), Fumio Kishida (Japón) y varios otros líderes del bloque occidental declararon que no reconocerían ningún referéndum a punto de pistola. El secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, citó la Carta de la ONU, diciendo que «la anexión del territorio de un Estado como resultado de una amenaza de usar la fuerza va en contra de la Carta de las Naciones Unidas», aludiendo a la agresión del Kremlin. Describió la amenaza de Putin de usar su armamento nuclear en caso de que la integridad de Rusia se vea en peligro como inaceptables.

Serguéi Lavrov respondió culpando a Occidente de apoyar con armamento al «régimen neonazi» de Volodímir Zelenski en Kiev e impedir un acuerdo de paz entre Ucrania y Rusia. Además, reiteró la devoción de Moscú por destruir el orden neocolonialista y construir un mundo multipolar con la ayuda de Pekín, un mundo que respetará la integridad de los países y sus intereses soberanos. Recordó también a los delegados reunidos en Nueva York la responsabilidad de Washington por la precaria situación política y económica en varios países de Oriente Medio (Irak, Libia), África (Somalia) y Asia (Afganistán) debido a sus intervenciones militares.

Entre los demás ponentes destacaron Wang Yi y Subramanyam Jaishankar, ministros de Exteriores de China y la India respectivamente, y Recep Tayyip Erdogan, líder turco. Tanto China como la India se negaron a adherirse a las sanciones occidentales y siguieron manteniendo una relación decente con Moscú. Sin embargo, después del avance ucraniano tanto Nueva Delhi como Pekín comenzaron a cambiar su retórica.

Wang instó al mundo a descartar la guerra como forma de solucionar disputas internacionales. «La paz, como el aire y el sol, es imperceptible cuando está con nosotros, pero no podemos vivir sin ella. La paz es imprescindible para el futuro», manifestó el funcionario chino. La frase: «La guerra abre una caja de Pandora. Todo aquel que instigue guerras ‘proxy’ (conflictos subsidiarios) se puede acabar quemando él mismo» puede ser interpretada tanto como un ataque a Occidente por armar a Kiev, o a Rusia por el apoyo a los movimientos separatistas en el este de Ucrania desde 2014. Además, denunció la mentalidad de bloques y los «juegos de suma cero».

Jaishankar se concentró más en el medio ambiente y la pobreza, pero también tocó la cuestión ucraniana. «A medida que continúa el conflicto de Ucrania, a menudo nos preguntan de qué lado estamos. Y cada vez nuestra respuesta es directa y sincera. India está del lado de la paz y permanecerá allí firmemente», expuso.

Mientras tanto, Erdogan remarcó el papel de su país en la firma de los acuerdos entre los bandos beligerantes en cuanto al trigo ucraniano y su exportación al extranjero. Asimismo, remarcó la importancia de una resolución diplomática y llamó a una «salida digna» del conflicto que ya dura siete meses.

Los países que antes se enorgullecían de su posición neutral ahora presionan a Rusia a acabar con la guerra. La guerra se prolonga demasiado y está afectando negativamente en las economías de Pekín, Nueva Delhi, etc. Aunque no se puede afirmar que pretendan abandonar a Rusia, su retórica está cambiando. De los aliados de los que habla Lavrov en realidad quedan pocos y los que quedan no serán de gran ayuda en la crisis que se avecina. Un agresor no quedará necesariamente aislado, pero un agresor derrotado en el campo de batalla está destinado al ostracismo.

Iván Ortega Egórov

Estudiante de Relaciones Internacionales de la Universidad Carlos III, de Madrid

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