El canciller de Alemania busca en el golfo Pérsico sustituto al gas ruso ante la cercanía del invierno

El canciller alemán, Olaf Scholz. | Frank Rumpenhorst, Deutsche Bank, Flickr
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Madrid. Después de asistir a la 77 Asamblea General de la ONU en Nueva York, el canciller alemán, Olaf Scholz, se dirigió al golfo Pérsico para un viaje de dos días por Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y Catar con el fin de discutir contratos energéticos ante la crisis de carburantes que se cierne sobre la Unión Europea (UE). El frío se avecina y Rusia, bajo severas sanciones occidentales, cortó la válvula de gas, de la que tanto dependían los países europeos. Los políticos en Berlín se apresuran a reunir la cantidad de combustible necesaria para pasar este difícil invierno.

Las sanciones impuestas sobre Moscú después del ataque a Ucrania obligaron al Kremlin a redirigir sus exportaciones de carburantes a los países asiáticos (especialmente China y la India) a bajo precio para compensar sus pérdidas. Los países del Golfo, que eran antes los principales proveedores de esta región, podrían estar interesados en diversificar sus socios energéticos. Además, Arabia Saudí tiene como meta duplicar su producción de gas natural para 2030, por lo que en teoría podría convertirse en un exportador de este valioso recurso y socorrer a Europa en el futuro.

El primer destino del canciller teutón fue Arabia Saudí, donde visitó al príncipe heredero, Mohammed Bin Salmán. Desde el asesinato del periodista opositor Jamal Khashoggui en el consulado en Estambul en 2018, Bin Salmán se convirtió en una figura paría en el mundo occidental. Sin embargo, en cuatro años los dirigentes han cambiado de parecer. Joe Biden, presidente americano, y Emmanuel Macron, su homólogo francés, visitaron al príncipe heredero este año ante la creciente crisis energética.

La decisión de Scholz de visitar la península arábiga puede marcar un nuevo acercamiento entre Berlín y Riad. Desde que comenzó la guerra en Yemen entre la coalición liderada por Arabia Saudí que apoyaba al gobierno contra los rebeldes hutíes, patrocinados por Irán, Alemania (entonces liderada por Angela Merkel) introdujo un embargo de armas al país. Ahora, el canciller alemán trajo consigo a representantes de diferentes empresas, entre ellas militares, para cortejar a los saudíes a ayudar a Europa en la difícil situación en la que se encuentra.

A pesar de las expectativas de la prensa alemana, la visita a Riad no pudo asegurar por ahora acuerdos energéticos considerables. A pesar de esto, el encuentro de Scholz y Bin Salmán marca una mejora de relaciones entre Europa y la potencia arábiga, que podría convertirse en una mayor cooperación en el futuro, ahora que Rusia casi abandonó el mercado de carburantes europeo. El problema sigue siendo el precario historial de derechos humanos del reino Saudita, lo que preocupa bastante tanto a activistas liberales como a simples votantes europeos.

El segundo país fueron los Emiratos, donde Scholz consiguió firmar un contrato para importar 137.000 metros cúbicos de gas natural licuado (GNL) que llegará a los puertos del norte de Alemania en noviembre, según ‘Deutsche Welle’. Sin embargo, esto es tan solo una pequeña parte de los 56,3 mil millones que Berlín importaba de Rusia.

Asimismo, acordaron la compra de 33.000 toneladas de diésel emiratí y otras 250.000 toneladas mensuales, según Informe Político (IP).

En Doha, Catar, el anfitrión del próximo Mundial de Fútbol que se celebrará en noviembre, Scholz levantó la cuestión de los migrantes laborales, cuyas condiciones de trabajo en el calor desértico de la pequeña península levantaron importantes preocupaciones entre los organizadores. La atención mundial se agudizó especialmente después del informe de ‘The Guardian’ de alrededor de 6.500 trabajadores muertos desde que el país recibió el permiso de organizar la Copa. Catar, que pretende usar el mundial para legitimar su régimen, no puede permitir ver su reputación dañada.

¿Qué busca Scholz en el Golfo? A pesar de la atención informativa que recibió la visita, los resultados son bastante modestos. Los contratos de gas están lejos de satisfacer la demanda alemana, mientras que los proyectos de producción de hidrógeno que los medios alemanes llaman nada menos «el combustible del futuro» sigue existiendo más bien en papel que en la realidad.

Lo que sí puede alcanzar el canciller es un acercamiento con los países del Golfo. Pese a la falta de recursos energéticos ahora mismo, sus planes parecen estar más dirigidos al largo plazo. Europa sobrevivirá el invierno, pero después tendrá que buscar una forma de reemplazar el vacío dejado por Moscú con nuevos proveedores. Lo importante es no repetir el mismo error y pasar de una dependencia a otra. Berlín tendrá que balancear entre su política ecológica y sus intereses estratégicos. Arabia Saudí, EAU y Catar pueden ser un sitio para comenzar. Al igual que su ministro de energía, Robert Habek, en marzo, el canciller está probando el terreno.

Además, cualquier acción en la esfera energética la puede usar Scholz para ganar puntos políticos y tranquilizar a la población. Si Berlín quiere seguir manteniendo las sanciones contra Moscú, el Gobierno alemán tiene que convencer a los alemanes de que hay una alternativa a los carburantes rusos. Aunque el viaje fuese puramente retórico, demuestra la resolución de los políticos europeos de diversificar su dependencia energética y proseguir con la línea dura en relación al Kremlin.

Iván Ortega Egórov

Estudiante de Relaciones Internacionales de la Universidad Carlos III, de Madrid

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