China y el Acuerdo Transpacífico: ¿realmente quiere entrar?

| L.tak, Wikimedia
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Madrid. Durante la visita a Australia el 18 de octubre, el primer ministro de Singapur, Lee Hsien Loong, admitió que la admisión de China en el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (CPTPP, por sus siglas en inglés) sigue siendo objeto de discusión entre los once países miembros, pero expresó, sin embargo, que Singapur estaba a favor de la intención de Pekín de adherirse a la iniciativa.

El CPTPP fue firmado en 2018 en Chile por los representantes de Australia, Brunéi, Canadá, Chile, Japón, Malasia, México, Nueva Zelanda, Perú, Singapur y Vietnam. Juntos conforman más de un 13 % de la economía mundial. Su predecesor, el Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP) se aprobó en 2016 en Auckland (Nueva Zelanda), pero no llegó a entrar en vigor, ya que un año después Estados Unidos, uno de los iniciadores del proyecto de cooperación transpacífica, se retiró del acuerdo.

Donald Trump, que dirigió una política económica más aislacionista que sus predecesores, veía en este acuerdo una amenaza a los intereses americanos, por lo que prometió que en caso de ganar abandonaría la iniciativa. Así lo hizo, cumpliendo su promesa el primer día que ejerció de presidente. En 2018 el acuerdo fue resucitado por iniciativa del entonces primer ministro japonés, Shinzo Abe, y se formó el CPTPP que conocemos hoy.

El fin de este proyecto era rebajar los aranceles entre los países miembros para fomentar el comercio en una de las regiones más ricas del mundo. Además, incluía múltiples disposiciones sobre propiedad intelectual (muy demandados por Washington), derecho laboral (la prohibición de trabajo forzoso e infantil, mejora de las condiciones de trabajo en general en los países signatarios) y cuestiones ecológicas (pesca sostenible, restricción de emisiones, etc.). Para EEUU, aparte de ser beneficioso económicamente, el tratado tenía una ventaja política. Así, la Casa Blanca demostraba a sus aliados asiáticos su interés por la región. Barack Obama veía el ascenso de China y no pretendía ceder el puesto de locomotora económica número uno en todo el mundo. Trump, por otro lado, se opuso rotundamente a la iniciativa, temiendo las consecuencias que puede tener en la tasa de empleo.

Cuando Washington abandonó su ambicioso proyecto, este atrajo la atención de diversos países por todo el mundo. ColombiaUruguay en América Latina, o Indonesia, Tailandia (los dos líderes en PIB en la ASEAN) y Filipinas en Asia expresaron su interés por adherirse al acuerdo. Ecuador, Costa Rica, Reino Unido (después del ‘Brexit’) y Taiwán fueron más lejos y aplicaron ya oficialmente a formar parte del CPTPP.

No obstante, China es el caso más curioso. En septiembre de 2021, Australia, Estados Unidos y Reino Unido anunciaron su alianza militar, la llamada AUKUS. Un día después, Pekín divulgó que pretendía solicitar el ingreso en el Acuerdo Transpacífico, suplantándole a Washington en su propio proyecto y desafiándole abiertamente.

El océano Pacífico se convirtió en el frente más importante de la rivalidad chino americana. Emulando el TPP original, Pekín creó en 2020 la Asociación Económica Integral Regional (RCEP en inglés). La organización, liderada por China, está compuesta por todos los miembros asiáticos de la CPTPP, además de Camboya, Corea del Sur, Indonesia, Laos, MyanmarTailandia y Filipinas. Aunque este acuerdo no sea tan integral como el CPTPP, sigue demostrando la iniciativa que tiene el gigante asiático en su vecindario. Para expandir su actividad económica en Asia Central y Meridional, Pekín promueve también la Iniciativa de la Franja y la Ruta de la Seda, una ambiciosa serie de proyectos de infraestructura, como carreteras, gaseoductos, puertos, líneas de tren, etc.

¿Por qué querría Pekín adherirse al CPTPP? Hay dos motivos: uno económico y otro político. China tiene acuerdos de libre comercio con 8 de los 11 países del tratado: le faltan Japón, México y Canadá. Las negociaciones con Tokio y Seúl sobre un posible acuerdo comercial ya duran casi una década sin llegar a una conclusión definitiva. En cuanto a México y Canadá, ambas naciones norteamericanas forman parte del UMSCA (acuerdo de comercial trilateral con EEUU que sustituyó al NAFTA en 2018), que no les permite firmar tratados de libre comercio con economías no de mercado sin consultar a los demás signatarios. El CPTPP permitiría a Pekín acceder a estos mercados, antes no disponibles.

No obstante, los expertos desaconsejan sacar conclusiones precipitadas sobre la admisión de China. Para entrar, un país tiene que recibir el apoyo unánime de todos los miembros. Singapur es un socio importante de Pekín y le vendría bien una mayor cooperación con el extenso mercado chino. Pero no todos los signatarios comparten el entusiasmo de Lee Hsien Loong, el actual primer ministro singapurense. Las relaciones con Australia en los últimos años se vieron dañadas por la guerra comercial que disputaron después de que Pekín restringiese las importaciones de cebada, carbón y otras mercancías australianas en represalia a las declaraciones del primer ministro Morrison sobre la necesidad de una investigación imparcial de los orígenes del COVID-19.

Tokio mantiene una política muy cuidadosa con China. «Economía caliente, política fría», así se suele describir las relaciones entre las dos mayores economías de Asia. La creciente militarización de China en la última década preocupa cada vez más al gobierno nipón. Shinzo Abe y sus sucesores del Partido Liberal Democrático (Yoshihide Suga y Fumio Kishida) comenzaron a plantearse revisar la pacifista constitución japonesa para contrarrestar el poderío militar de su vecino. El hecho de que las negociaciones de un acuerdo económico trilateral con Corea y China sigan estancado demuestra el escepticismo que tiene Tokio en cuanto a la expansión de la influencia económica de Pekín.

Pero además de estos impedimentos externos, China tiene sus propios motivos para no unirse. El CPTPP incluye múltiples provisiones sobre los derechos mínimos del trabajador y las condiciones de trabajo, algo que podría amenazar a la estrategia china de atraer empresa con mano de obra barata. Así, en Vietnam y Malasia, ambos con historiales laborales controvertidos, el CPTPP impulsó reformas en el sector y mejoró las condiciones del trabajador. China deberá ceder si quiere entrar.

Además, el acuerdo restringe la participación del Estado en la economía para evitar distorsiones no competitivas en el recién formado mercado común. En la economía china el gobierno siempre intervino activamente en la economía y no permitía a los empresarios privados a independizarse demasiado del Partido Comunista. Es famoso el caso de Jack Ma, expropietario de la empresa china Alibaba. En 2021 su imperio sucumbió bajo la presión del Gobierno y fue repartido entre otros socios apoyados por Pekín. Xi Jinping empieza un tercer mandato que promete ser más autoritario y centralista.

En general, entrar en la CPTPP para Xi Jinping significaría sacrificar su control de todas las esferas de la vida del país y compartir poder con sindicatos, grandes empresas y élites locales que se benefician del comercio. La CPTPP significa reformas, significa liberalización.

De aquí el segundo motivo por el que China aplicó al CPTPP. Existe la opinión de que Xi entiende perfectamente que la participación de Pekín en el proyecto es poco probable y no espera ser admitido. No obstante, la propia intención le sirve de arma política para demostrar la resolución del gigante asiático por la región contrastada con el aislacionismo y egoísmo de Washington. Independientemente de si al final China entra o no en el acuerdo, podrá seguir usando la CPTPP como instrumento retórico, junto con otros proyectos como la Franja y la Ruta, por ejemplo.

Iván Ortega Egórov

Estudiante de Relaciones Internacionales de la Universidad Carlos III, de Madrid

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