Afganistán lo arrasa todo: el nuevo escenario internacional lo marca Kabul

Madrid. Afganistán lo arrasa todo. A la humillante derrota militar de Estados Unidos se une la debilidad de Occidente, la vulnerabilidad de la UE y la decadencia de la OTAN, mientras China y Rusia esperan ver cómo se formaliza el nuevo tablero internacional con Pakistán e India como actores determinantes en este nuevo mapa geopolítico nada fácil de consolidar con los talibanes en el poder dentro de un país en el que también reflotan tensiones internas que pudieran originar una improbable guerra civil, aunque se alimentará una pugna por la hegemonía del yihadismo global.

La preocupación radica en evitar que la rama afgana del Estado Islámico (EI), enemiga acérrima tanto de EEUU como de los talibanes en este país del centro asiático, marque la pauta del nuevo Afganistán. Ha sido irse los americanos y la inseguridad se ha multiplicado. Este domingo se ha producido otra explosión en las proximidades del aeropuerto de Kabul que ha provocado la muerte de al menos seis civiles.

De momento, todavía no se conoce si este nuevo incidente tiene relación con el de la semana pasada en el mismo aeropuerto que causó 170 muertos, entre ellos 13 soldados estadounidenses, y otros 150 heridos que perpetró el grupo yihadista del EI, lo que ha supuesto que Rusia haya dejado de confiar en los talibanes y, pese a que mantiene su Embajada operativa, han comenzado a salir del país los ciudadanos rusos. Un atentado que fue el primero que se produjo desde que los talibanes tomaron este mes el poder del país.

La Legación rusa no se cierra, al menos por ahora, y lo mismo pasa con China, una de las potencias que sigue intacta en sus proyectos para el territorio afgano, pero Vladimir Putin se ha asustado, ha dejado de confiar en la seguridad del país y por ahora China es el único que resiste. Solo falta que al final, cuando rusos y chinos se congratulaban de la derrota de EEUU, ahora echen de menos su presencia en el país, dado que al menos proporcionaban cierta seguridad, pese al desastre habido en estos últimos 20 años en Afganistán.

Veinte años de presencia militar en Afganistán absolutamente para nada y con un colofón de lo más dramático de la historia reciente. Por un lado, nunca se supo llevar a cabo cambios sociales con una educación que no mermara las costumbres y hábitos de los afganos. Todo sigue igual y ahora irá a peor con el nuevo régimen talibán.

Por otro, siempre prevaleció el interés militar, nunca el social-educacional o económico en un país cuyo salario no llega a dos dólares al día y con unas capas sociales que recuerdan aún al Medioevo. Al menos ha aumentado la esperanza de vida, mortalidad infantil o la alfabetización e incluso el acceso a la electricidad ha sido alto, pero siempre la prioridad principal fue lo militar para bloquear al terrorismo, una realidad que no sirvió para ganarse la confianza de la sociedad afgana y donde las mujeres y niños quedan brutalmente desprotegidos. Culpables todos.

Vladimir Putin no quiere que la inestabilidad de Afganistán afecte a países de Asia central donde Moscú mantiene importantes bases y donde algunas de sus exrepúblicas soviéticas tienen focos de islamismo radical que podrían los talibanes agitar, y será otro alto precio que los rusos deberán abonar al inminente nuevo estado Emirato Islámico.

En cuanto a China, confiada en su nuevo protagonismo tras la salida de EEUU, hay que resaltar que Afganistán necesita una fuerte infraestructura de inversiones para que pueda salir adelante, un país fronterizo con Pakistán que Pekín valora altamente, un aliado fiable para el gigante asiático y que le puede servir para frenar a India, que mantiene relaciones tensas con chinos y pakistaníes. Eso sí, el cobre o el litio, entre otros minerales, ya la República Popular China negocia cómo explotarlos a cambio de distintas concesiones al nuevo gobierno afgano, a la espera de qué países lo reconocerán y ver cuál será su política en el país.

China y Afganistán comparten 60 kilómetros de frontera en la región china de Xinjiang, donde predomina la etnia musulmana uigur y que fue escenario de varios atentados terroristas alentados por grupos de uigures huidos a Afganistán y a Pakistán, y pese a que Pekín reitera que no quiere ocupar el espacio dejado por EEUU, veremos cómo se desarrollan los acontecimientos y el precio a pagar.

Y lo mismo ocurre con Rusia, pues ya Moscú está llevando a cabo maniobras militares en Tayikistán, que es clave para la resistencia antitalibán, y ha reforzado sus bases en ese país, y luego, del 7 al 9 de septiembre, tiene otros ejercicios militares en Kirguizistán, pero la calma no será gratuita para los rusos y también, al igual que los chinos, tendrán que “vigilar” a los talibanes para que sus movimientos no pongan en peligro la estabilidad regional de estos países de Asia Central.

India, que también ha contribuido económicamente en Afganistán, mantiene litigios importantes con China y Pakistán, país que considera la llegada de los talibanes al poder afgano como una derrota estratégica para Nueva Delhi y también refuerza a Pekín frente al Estado indio. Pese a la derrota, Washington hará todo lo que pueda para no perder su influencia en Asia Central frente a Rusia y sobre todo ante China.

Todo es profundamente complejo. China se va imponiendo, Rusia espera y EEUU, junto con Occidente, está cada vez más lejos de imponer sus políticas tras más de 20 años de un fracaso histórico en una zona estratégica y vital para los intereses de chinos, rusos y paquistaníes.

Como bien explica Fernando Reinares, experto en terrorismo global, en los próximos años veremos dentro de Europa, como hemos visto ya en Afganistán, la expresión de un terrorismo derivado de la rivalidad entre Al Qaeda y el Estado Islámico. Un asunto que no dejará indiferente a China ni a Rusia, sobre todo a Moscú, que ya vivió una amarga y trágica experiencia en Afganistán. El tiempo dirá si Pekín sale triunfante de su experiencia en suelo afgano y luego lo usa para otros retos políticos que tiene pendiente pero que EEUU no se quedará con los brazos cruzados, en especial en su defensa de Taiwán.

Todo acaba de comenzar con los talibanes en el poder. Es obvio que Afganistán es una referencia vital para el nuevo mapa geopolítico que se vislumbra, por lo que habrá que ver cómo actúan los países que están más próximos, como China, Rusia y Pakistán.

Los talibanes ya llevan más de una semana mandando en Afganistán, controlan prácticamente casi todo el país a excepción de zona norte del Panjshir, un rincón que puede inquietar y mucho al nuevo gobierno talibán. El país, bautizado como Emirato Islámico de Afganistán, ha empezado a andar, y sus resultados los veremos pronto. Su reconocimiento internacional, también.

Santiago Castillo

Periodista, escritor, director de AsiaNortheast.com y experto en la zona

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