Taiwán, la isla que bloquea a la gran China

Entrada al puerto de Kaohsiung en Taiwán. | CEphoto, Uwe Aranas

Madrid. Pese a la actividad aérea de la República Popular China en el estrecho de Taiwán (Formosa) y las constantes denuncias que Pekín hace a Estados Unidos por “manipular” la política de Taipéi, la realidad, al menos por ahora, es que la actual República China sigue siendo un verdadero hándicap para las aspiraciones del gigante asiático en su objetivo de lograr la “gran China”, una aspiración en el segundo mandato (2018-2023) de su presidente, Xi Jinping.

En el Pentágono estadounidense preocupa la cada vez mayor modernización militar de China, sobre todo en su fuerte carrera armamentística, que también implica su vigilancia sobre la península coreana, donde Corea del Norte se siente bien arropada por Pekín, el principal aliado de Pyongyang.

Todo ello puede derivar en desequilibrar la estabilidad del continente asiático. Taiwán es una preocupación que no se disipa fácilmente en el gigante asiático y más cuando EEUU se opone a la reunificación entre ambas partes dado que ello fortalecería a la República Popular China en su camino hacia su hegemonía en la zona.

De momento, el uso de la fuerza militar no se contempla por ahora en Taiwán, cuyas autoridades siguen rechazando el modelo de “Un país, dos sistemas”, y más con el fracaso de ese principio en Hong Kong. No obstante, China perseguirá una “reunificación pacífica” con la antigua isla de Formosa, aunque por ahora esa posibilidad de incorporarla a una futura “gran China” se antoja bastante complicado.

La incursión de aviones chinos en el espacio taiwanés no pasa desapercibida, como tampoco es baladí para China que el pasado mes de mayo un barco destructor estadounidense pasara por el estrecho de Taiwán o estrecho de Formosa, una zona geoestratégica que mantiene enfrentados a Pekín y Washington. O sea, la zona marítima que separa la china continental de la isla, la zona más peligrosa del planeta, en opinión de analistas.

Argumentos iguales, para unos y otros. Cuando vuelan aviones chinos por el espacio taiwanés son misiones rutinarias y de protección. Cuando barcos estadounidenses atraviesan las aguas de la isla también son misiones rutinarias, pero todo radica en exteriorizar un protagonismo para hacer valer que cada acción en ese rincón asiático no es para perder el tiempo. Aunque eso sí, China insiste que sus actividades en Taiwán tienen como objetivo proteger la soberanía del país.

Estados Unidos vende armamento a Taiwán, Pekín amenaza a Taipéi si se acerca militarmente a EEUU, país que acaba de enviar 2,5 millones de vacunas contra la COVID-19 a Taiwán, al igual que ha hecho Japón (el mejor aliado asiático de EEUU en Asia) que ha enviado más de un  millón de vacunas AstraZeneca a Taiwán, lo que ha originado las quejas chinas por estos envíos anticovid. Así sigue el calentamiento en esa zona, que no va a enfriarse por ahora. Incluso la presidenta taiwanesa, Tsai Ing-wen, ha acusado al gigante asiático de impedir que su país logre vacunas de Pfizer/BioNTech desde Alemania.

Es obvio que hay preocupación en la Administración de Joe Biden, pero un conflicto total no parece inminente y Pekín sabe que si China actúa contra Taiwán, EEUU no se quedaría con los brazos cruzados y actuaría para defender a la isla. Así las cosas, tal vez una cita entre Xi Jinping y el presidente estadounidense, que cada vez cobra más relevancia, puede ser un principio de relajamiento de tensiones en el estrecho de Taiwán y encauzar otros asuntos, no exentos de  incertidumbre, y pese al fracaso aparente del encuentro entre Vladímir Putin y Biden, al menos al final ambos políticos decidieron el regreso de sus respectivos embajadores.

La situación en el estrecho de Taiwán es de una permanente tensión. Los rumores siempre son los mismos en cuanto que China medita ocupar las islas periféricas taiwanesas por la fuerza. Pekín ha lazando numerosos vuelos de aeronaves militares a la zona justificando esas acciones con maniobras que en bastantes ocasiones han cruzado el estrecho de Taiwán o estrecho de Formosa, que es lo separa la China continental de la isla de Taiwán. La distancia media entre ambas costas es de 180 kilómetros, con un mínimo de 130 kilómetros entre los puntos más próximos.

No obstante, a China aún le falta tiempo para sustituir a EEUU como líder mundial pero sí es evidente que su progresión es constante, y guste o no, Pekín no cede en su trabajo en lograrlo, de ahí que el gran desafío geopolítico de Biden con la China de Xi Jinping radique en consagrar la gran alianza del Pacífico en la que están India, Japón y Australia, integrantes de un Indo-Pacífico libre, un plan muy distinto del que llevó a cabo Donald Trump, pero que supone un nuevo ciclo en la política internacional del nuevo inquilino de la Casa Blanca, más acorde con la que realizó Barack Obama, en cuya Presidencia ejerció Biden de vicepresidente.

Las tensiones entre China y EEUU han ido incrementándose desde la llegada al poder de la independentista Tsai Ing-wen en 2016. Además, la venta de armamento a Taipéi, las amenazas de Pekín de tomar la isla, cazas chinos o portaaviones estadounidenses en el estrecho de Formosa y acusaciones mutuas de espionaje han dado paso a una escalada de tensiones sin límite en las relaciones entre ambas partes en los últimos tiempos. 

Y tampoco relaja las tensiones, con las protestas de China, cuando el pasado 15 de junio el portaaviones USS Reagan exhibía músculo militar con ejercicios en el Mar de China Meridional, una zona marítima rica en recursos energéticos y objeto de disputa entre varios países de la región.

En definitiva, un conflicto bélico por ahora no parece inminente, pese a las incursiones aéreas chinas, pero Estados Unidos, pese también a su preocupación por el desarrollo militar chino, no se quedaría con los brazos cruzados por defender a Taiwán, que ha formado parte de la historia entre taiwaneses y estadounidenses desde el final de la guerra civil china en 1949.

Santiago Castillo

Periodista, escritor, director de AsiaNortheast.com y experto en la zona

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