La nueva Ruta de la Seda (II): la deuda insostenible, su talón de Aquiles

Madrid. La creencia de que el crédito chino fuese muy barato es considerada una falacia. Sin embargo, es un hecho que los bancos del gigante asiático están más dispuestos a rebajar los requisitos frente a sus rivales occidentales. Así, múltiples países en vías de desarrollo por todo el mundo se lanzaron por el crédito y las inversiones chinas que prometían expandir el estado social y desarrollar la precaria infraestructura local.
No obstante, en muchos casos, esta deuda resultaba insostenible debido a la corrupción, el malgasto de fondos y cataclismos naturales o sociales. Al final los bancos chinos se veían obligados a reestructurar la deuda y en algunos casos incluso perdonarla. Aunque analistas consideran que la cantidad de préstamos que China perdona está exagerada, sigue siendo un hecho que Pekín pierde dinero e inversiones. El Centro de Estudios Internacionales y Estratégicos explica que la aplicación de los proyectos era a menudo demasiado apresurada, sin cálculo suficiente sobre la eficacia y las posibles dificultades. Además, China esperaba una participación equitativa en los proyectos, que dependían del apoyo del gobierno local, mientras que los receptores no tenían fondos suficientes para cumplir con su parte. Así acababan construcciones enteras a medio camino debido a los desacuerdos entre los socios y Pekín.
Desde que comenzó la pandemia en 2020 hasta el día de hoy esta cuestión salió a la luz en numerosas ocasiones. Pakistán, un socio muy íntimo de China, este año estuvo a punto de la quiebra. Islamabad, en medio una crisis económica causada por la COVID-19 y devastadoras inundaciones en otoño, combinada con una difícil situación tanto política (debido a la destitución del primer ministro paquistaní, Imrán Khan, en mayo), como humanitaria (la guerra en Ucrania propulsó los precios del trigo hacia récord máximos), reúne los requisitos necesarios para una verdadera catástrofe en todos los sentidos.
De esta forma, el panorama no es muy prometedor para Pakistán. Mientras tanto, las inversiones que durante décadas fluyeron de China a su vecino meridional pueden encontrarse en peligro. Ya no digamos la deuda. Si la crisis lleva a la desestabilización del frágil sistema pakistaní (poseedor de armamento nuclear), puede afectar considerablemente a los intereses chinos en la región.
Un segundo ejemplo es Sri Lanka. Para ser electo en 2019, Gotabaya Rajapaksa prometió rebajar los impuestos que ya estaban en un mínimo récord. Cuando ganó, cumplió con su promesa, pagando el déficit de presupuesto con nueva deuda. Se construía nueva infraestructura y se expandían las garantías sociales. Sin embargo, en 2020 llegó el coronavirus, que asestó un fuerte golpe al sector turístico, del que tanto depende la economía de la antigua isla de Ceilán. Endeudado y sin poder pagar las cuentas, Rajapaksa recurrió a los recortes de gastos en energía, sanidad y educación, causando fuertes protestas que en julio llevaron a su destitución.
Parte del dinero que debía Sri Lanka al extranjero provenía de bancos chinos, que se negaban hasta hace poco a reestructurar la deuda. La negativa de Pekín llevó a que Colombo virase a Nueva Delhi, que le envió generosas ayudas económicas. Una vez más China se arriesga a perder su meticuloso trabajo.
Son estos tan solo varios ejemplos de este problema. Zambia, país en África meridional, desde 2021 se encuentra a punto de la quiebra debido a las fluctuaciones de los precios del cobre. Laos y Nepal, dos vecinos de China, están también en peligro de ‘default’. Inversiones en países con alto riesgo como Rusia (en medio de una guerra) o Irán y Venezuela (ambos aislados del demás mundo) tampoco prometen beneficios hoy por hoy.
La inestabilidad de los mercados mundiales, especialmente ahora con la guerra en Ucrania, obliga a China a calcular mejor sus inversiones. La Iniciativa de la Franja y la Ruta (IFR) también se verán afectada. Pekín está dispuesto a perdonar la deuda de vez en cuando, como hizo en agosto con 23 préstamos a 17 naciones africanas. Pero no pretende cometer los mismos errores. La deuda de Sri Lanka, Pakistán y Laos sigue en pie. China está dispuesta a reestructurarlas y posponer los pagos, pero no perdonarlas. Pekín está priorizando su interés económico ante las ganancias políticas.







