El mundo se polariza y las tensiones en la geopolítica internacional se disparan

Madrid. Es evidente que la polarización de la geopolítica mundial está cambiando las alianzas estratégicas, ya no sólo a niveles domésticos sino en las relaciones internacionales, y desde aquí seguimos pendientes de todos los pormenores de los sucesivos asuntos internacionales que copan el mundo actual y, en especial, Asia.
India, la democracia y la población más grande del mundo (cerca de los 1.500 millones de habitantes), vive una fuerte tensión política por las protestas del movimiento juvenil de las «cucarachas» (Cockroach Janta Party, CJP) que rechazan una controvertida revisión del censo electoral, lo que ha originado un fuerte operativo policial y numerosas detenciones en Nueva Delhi contra las quejas juveniles y opositoras.
El primer ministro de la India, Narendra Modi, desplegó este fin de semana un operativo de seguridad sin precedentes en la capital india para ahogar la manifestación convocada por el CJP, una insurgencia civil de base juvenil que exige la destitución del jefe de la Comisión Electoral, Gyanesh Kumar, bajo graves acusaciones de fraude y manipulación de los censos. Una tensa situación que supuso la detención de unas 2.000 personas, entre ellas los líderes de las «cucarachas», Abhijeet Dipke, Saurav Das y Ashutosh Ranka, respectivamente, y de legisladores, abogados y periodistas, además de importantes cortes de Internet y cierres de estaciones de metro y mercados.
Una controvertida Revisión Especial Intensiva de la Comisión Electoral de India que supone una modificación de los censos electorales que ha eliminado, hasta ahora, 130 millones de nombres de las listas de votantes y que, según sus detractores, excluye a millones de electores y favorece al partido gubernamental del Bharatiya Janata Party (BJP), del primer ministro Modi. Una realidad política que nos remite a España con la polémica «ley de nietos» y su impacto en el censo de las próximas elecciones legislativas del 29 de noviembre, cuyos efectos electorales han sido suspendidos cautelarmente por el Tribunal Supremo a la espera de la decisión final.
Por su parte, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha vuelto a las andadas con su polémica decisión de saltarse el consenso sobre las sanciones económicas a Rusia al anunciar la importación de combustible ruso y limitar los ingresos que financian la guerra en Ucrania. De esta forma, su decisión supone un giro en la política de EEUU hacia Moscú y ha provocado críticas incluso dentro del Partido Republicano, además de las duras críticas del presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, sobre la compra de millones de toneladas de diésel ruso. «Es impropio de una aliado», se quejó Zelenski, pero Trump sigue rompiendo consensos, dando oxígeno a Vladimir Putin e incluso sugiriendo que Kiev necesita otro presidente. Las elecciones del próximo 3 de noviembre a los 435 escaños de la Cámara de Representantes y 35 de los 100 del Senado pueden suponer una derrota de los republicanos y con ello mermar el poder y control que hasta ahora tiene el Partido Republicano en las dos cámaras del Congreso.
Mientras tanto, la guerra en Irán sigue pasando factura al bolsillo de los ciudadanos ya no sólo para este año sino incluso el próximo. A Trump le ha ocurrido lo mismo que a Putin. Eran conflictos de horas o a los sumo de varios días. La repercusión de sus acciones, tanto en Ucrania como en Irán, ha desencadenado una de las crisis más graves en los ámbitos económico, social y político de este siglo XXI. Dos personajes que deberían dar cuenta del daño que siguen haciendo a una sociedad global que se resiste a los vaivenes de dos dignatarios que solo deciden de forma unilateral. Eso sí, Rusia e Irán se han jurado fidelidad para resistir las sanciones internacionales por las guerras. La guerra en Irán dispara los precios del petróleo al menos hasta 2027, mientras la inflación nos va comiendo poco a poco, Rusia, tras cuatro años de guerra, cada vez tiene más dificultades para reclutar soldados para reemplazar las bajas en Ucrania.
Las tres OTAN. A la ya existente OTAN occidental, liderada por EEUU, es decir, la Organización del Tratado del Atlántico Norte, fundada en 1949, que tuvo que hacer frente a una «guerra fría» de considerable voltaje para enfrentarse al Pacto de Varsovia, liderado por la antigua URSS, fundada en 1955, para contrarrestar a la OTAN, además de la «OTAN asiática», liderada por China con el gran apoyo de la Rusia de Putin, aparece ahora una nueva, la «OTAN musulmana», la Alianza de La Meca para la Defensa y seguridad colectiva. Una nueva defensa militar que se configuró el pasado 5 de octubre en Riad con Arabia Saudí, Pakistán y Turquía, este último también pertenece a la OTAN Atlántica desde 1952, y las tres países acordaron aplicar compromisos de defensa mutua y dispones de un despliegue rápido de capacidades militares en territorio saudí.
Y precisamente esta nueva organización musulmana va a tener mucho trabajo dado que los hutíes del Yemen, siempre respaldados por Irán, reivindicaron esta semana los ataques contra instalaciones militares y aeropuertos en Arabia Saudí, mientras la situación se agrava en la guerra de Irán y amenaza una alternativa de transporte marítimo al estrecho de Ormuz. No hay que olvidar que el conflicto entre Israel, EEUU e Irán iniciado el pasado febrero ha causado uno de los mayores impactos que se recuerdan al suministro global de petróleo y de ahí sus precios, pero buscar distintas alternativas ante el estrangulamiento de Ormuz se hace imprescindible mientras dure el conflicto iraní-estadounidense. Lo que es evidente que la ofensiva hutí contra Arabia Saudí amenaza las rutas del crudo y abre un nuevo frente bélico en Oriente Medio.
Una situación tensa en la que al menos un proyectil impactó este fin de semana contra la Terminal 4 del aeropuerto internacional Rey Khalid, de Riad, y provocó un incendio en esta instalación, donde la víspera al menos 12 personas murieron y otras 309 resultaron heridas en un ataque de los rebeldes hutíes del Yemen. La actual escalada entre Arabia Saudí y los hutíes estalló a mediados de julio pasado, cuando rebeldes acusaron a Riad de bombardear el aeropuerto de Saná para impedir el aterrizaje de un avión iraní, aunque otras fuentes dijeron que la acción fue reivindicada por el Ejército yemení. Así, dadas las circunstancias reinantes en la zona, la nueva organización musulmana va a estar en plena acción, en la que Arabia Saudí ha reactivado este “pacto” de la Meca ante la amenaza de los hutíes en el mar Rojo.
Tanto la Unión Europea (UE), la ONU como la Liga Árabe han condenado estos ataques, pero, sin embargo, pese a la muerte de un ciudadano estadounidense, Donald Trump no se ha pronunciado en intervenir militarmente contra los hutíes en apoyo de Arabia Saudí, su mejor aliado en Oriente Medio, y que puede quebrantar la principal alianza de Estados Unidos en la región. Rusia también condena el ataque de los hutíes contra el aeropuerto de Riad y reclama negociaciones para reducir la tensión en Oriente Medio, mientras recientemente el Gobierno saudí pidió ayuda a China para frenar a los hutíes, que también han condenado estos ataques.
Arabia Saudí es el principal valedor del Gobierno yemení reconocido internacionalmente e interviene militarmente en el Yemen desde 2015, después de que los hutíes tomaran la capital, Saná, a finales de 2014. Y, precisamente, este sábado, el Ejército yemení, compuesto por fuerzas leales al Gobierno internacionalmente reconocido y apoyado por Arabia Saudí, afirmó haber atacado 1.900 objetivos de los rebeldes chiíes hutíes, y «neutralizado» a 1.150 insurgentes, en las últimas 24 horas en diferentes frentes de combate en Yemen. La guerra de Irán ha enfurecido a los hutíes, y el hecho de la actual guerra de EEUU e Israel contra Irán, iniciada el 28 de febrero de 2026, constituye una de las mayores crisis de Oriente Medio.
El tablero internacional se amplía constantemente. Ahora los ejércitos de tierra de China y Pakistán harán en la segunda quincena de octubre maniobras antiterroristas de alta montaña en la región china de Xinjiang (noroeste), las primeras de este tipo entre ambas fuerzas, mientras la competitividad con China en lo militar, en lo tecnológico y económico ya forma parte de ese nuevo orden mundial que no nos cansamos de diseñar diariamente y que todavía no sabemos cómo discurrirá.
Las tensiones en Taiwán y China no van a reducirse. China sigue con sus ejercicios militares frecuentes alrededor de Taiwán tras criticar acuerdos sobre la venta de armas de Estados Unidos a la isla. Taiwán sigue siendo el foco más tenso de Asia a nivel global, un conflicto con el potencial de reconfigurar por completo el equilibrio de poder en el Pacífico, pero de momento lejos de un conflicto bélico. EEUU busca evitar que China controle las aguas del Pacífico, convirtiendo la soberanía de la isla en un asunto donde Washington y Pekín que posponen soluciones estructurales para evitar una escalada directa, manteniendo una frágil estabilidad, pues el choque hegemónico no va a desaparecer, pese a la buena sintonía entre chinos y estadounidenses en la reciente visita de Xi Jinping a Trump, aunque la rivalidad entre las dos primeras potencias mundiales va más allá del control territorial. E incluso la pugna tecnológica.
China refuerza la cooperación con once países del Pacífico, que ha supuesto recelos en Australia y Nueva Zelanda, sobre todo desde la firma en 2022 de un acuerdo de seguridad entre Pekín e Islas Salomón que despertó preocupación por una posible expansión militar china en el Pacífico Sur; pero Taiwán y Esuatini (antigua Suazilandia, su único aliado diplomático en África) han firmado un acuerdo de «cooperación sobre asistencia jurídica mutua en materia penal».
Y para calentar más el asunto taiwanés, una delegación de 27 legisladores japoneses, favorables a la isla en la Dieta nipona (Parlamento) visito este fin de semana la isla para asistir a los actos del Día Nacional, lo que supuso tensionar la situación entre Pekín y Tokio por el asunto taiwanés, pero China y Japón siguen pendiente de sus litigios en las islas Senkaku (conocidas en China como Diaoyu), un grupo de islas administradas por Japón y cuya soberanía reclama Pekín, en el que este fin de semana una formación de buques de la Guardia Costera de China (CCG) realizó una «patrulla» en la cercanías de las islas.
En la actualidad, Taiwán conserva relaciones diplomáticas plenas con sólo doce Estados: siete en América Latina y el Caribe, tres en el Pacífico, Esuatini en África y otro en Europa (Ciudad del Vaticano).
China es obvio que esté en todas partes. Y junto con Estados Unidos siempre hay lo suficiente para tocar cualquier aspecto dentro de las relaciones internacionales. La UE acaba de pronosticar que una eventual escalada de las restricciones comerciales de la Unión Europea contra China tendría un impacto «limitado» sobre la economía del país asiático, aunque aumentaría la presión sobre una relación bilateral ya marcada por el déficit comercial, mientras Pekín rechaza la solicitud de la UE de restringir la exportación de automóviles híbridos en bloque. El desequilibrio comercial entre la UE y China ha llegado a un punto crítico.
Y para concluir no nos podemos olvidar de Corea del Norte, donde soldados norcoreanos han sido capturados en la guerra de Ucrania, mientras Pyongyang sigue con su apuesta permanente en su programa nuclear y este lunes ha vuelto a lanzar varios misiles balísticos hacia el mar de Japón, llamado mar del Este en las dos Coreas, días después que Corea del Sur realizara su primera prueba de un misil hipersónico.







