Japón se moderniza con la digitalización mientras lucha contra el coronavirus

Madrid. La pandemia del coronavirus ha servido para extraer las carencias en digitalización de Japón, que lleva más de 20 años queriendo digitalizar todos los trámites administrativos, al mismo tiempo que en otros muchos países, que se han visto obligados por las circunstancias a actuar con nuevas estrategias laborales nunca imaginadas antes de la aparición de la COVID-19.

Japón posee unos sistemas de telecomunicación robustos comparado con otros países, pero la exigua digitalización de servicios “online” administrativos, la descentralización y costumbres como pedir a los residentes que se personen en los respectivos ayuntamientos para solicitar servicios y prestaciones han hecho que se queden bastante obsoletos.

De esta forma, las carencias electrónicas de la administración pública quedaron patentes cuando centenares de ayuntamientos suspendieron las solicitudes “online” de un subsidio estatal por la COVID-19 por fallos en sus sistemas, lo que además les obligó a contrastar manualmente los datos de las solicitudes con los del padrón municipal.

No obstante, la aplicación de una infraestructura global en todo el país resulta más complejo de lo que parece, según distintos analistas, que ven como algo factible la propia estandarización informática de los organismos del Gobierno nipón.

En la actualidad hay 1.741 gobiernos locales en Japón y todos usan sistemas informáticos diferentes, de ahí la complejidad de lograr la estandarización, pero que es realmente necesaria para la tercera economía del mundo.

Pero mientras la digitalización podría ahorrar a las arcas públicas niponas unos 16.150 millones de euros, según estimaciones de la Japan Association of New Economy, el país sigue en su lucha contra el coronavirus, que esta semana ha superado los 100.000 casos de infectados con un total de 1.755 muertos.

Eso sí, Japón levantará el veto a la entrada de viajeros -no turistas- procedentes de China, Corea del Sur, Australia y otros seis países a partir del 1 de noviembre, lo que evidencia ciertos controles nipones en la lucha contra el coronavirus. Además, Tokio dejará de imponer la prohibición total de entrada a Nueva Zelanda, Brunéi, Taiwán, Singapur, Tailandia y Vietnam, es decir, son países que, según fuentes gubernamentales niponas, tienen bastante controlada la pandemia. 

Por otra parte, el Banco de Japón (BoJ) ha revisado a la baja su diagnóstico sobre la evolución de la actividad económica para el actual año fiscal y la ha establecido en -5,5 %, 0,8 puntos porcentuales menos que la proyección difundida hace una tres meses.

Luego dan risa ver las cifras del paro en Japón comparadas, por ejemplo, con España, pero el índice de desempleo en Japón se mantuvo en el 3 por ciento en septiembre con respecto al mes precedente, unas cifras que demuestran cómo funciona la tercera economía mundial.

Obviamente, y tal como señala el BoJ, a Japón le costará aún más remontar el fuerte impacto económico por la pandemia y calcula que la contracción será ligeramente mayor que la prevista hace tres meses. Pero lo que sí es evidente, como dice el Banco Mundial, es que la pandemia de la COVID-19 ha causado la mayor crisis económica mundial desde, por lo menos, 1870, y amenaza con provocar un aumento drástico en los niveles de pobreza en todo el mundo.

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