Las islas Senkaku, la economía y la política centran la visita del canciller chino a Japón

El ministro de Exteriores chino, Wang Yi. | Kleinschmidt /MSC

Madrid. China y Japón, la segunda y tercera economía mundial, tienen cada vez más interdependencia, pero en sus relaciones bilaterales las islas Senkaku, en el mar de China Oriental, forman parte de uno de sus litigios territoriales más tensos entre las dos naciones, que junto a restablecer la agenda política y consolidar los intercambios económicos configuraron esta semana en Tokio el encuentro del ministro de Asuntos Exteriores chino, Wang Yi, con el primer ministro nipón, Yoshihide Suga, y su homólogo, Toshimitsu Motegi.

La visita del canciller chino, Wang Yi, a Japón, que ha supuesto el primer encuentro presencial de Suga con un alto cargo chino desde que sucediera a Shinzo Abe en septiembre, ha llegado en un momento de crispación a causa de las disputas marítimas, y al mismo tiempo ha compensado políticamente la suspensión del viaje de Estado del presidente de China, Xi Jinping, a Japón, el pasado mes de abril a causa de la pandemia del coronavirus, lo que hubiera sido histórico para ambos países al tratarse de la primera visita del gobernante del “gigante asiático” a Japón desde su llegada a la presidencia en 2013.

Eso sí, Tokio ve a China como la principal preocupación en materia de seguridad en la zona, incluso, según expertos, por delante de Corea del Norte, dado que el expansionismo chino en las aguas del mar de China Oriental sobre las islas Senkaku (japonés) y Diaoyu (chino), forma parte de uno de sus litigios territoriales más tensos.

El objetivo de ambos países radica en recuperar la agenda política tras la hecatombe mundial que origina el coronavirus y uno de los temas que más preocupa en las relaciones bilaterales es la administración de las islas Senkaku, controladas por Tokio desde 1972 pero cuya soberanía reclama Pekín, y que la Cancillería nipona ve con preocupación.

Incluso Tokio también ha hecho ver al gigante asiático que “no habría una verdadera mejora en las relaciones bilaterales sin estabilidad en el mar de China Meridional”, otra zona en la que Pekín lleva tiempo afrontando sus disputas territoriales y marítimas simultáneas con países que disputan esas aguas como Brunei, Malasia, Filipinas y Vietnam, donde la soberanía sobre las islas Spratly, o sus litigios sobre el control de las Paracel (Paracelso), además de Taiwán, que anda por medio, han originado tensiones entre las partes, que consideran esos rincones marítimos grandes reservas de petróleo y gas natural y lo que propone Tokio es allanar el camino hacia una estabilidad para afrontar otros retos.

En cualquier caso, no se puede pasar por alto que Japón y China también se necesitan, fundamentalmente por su proximidad geográfica, lo que supone numerosos intercambios en exportaciones e incluso a nivel turístico (cerca del 30 por ciento de los visitantes que llegaron al país nipón en 2019 provenían del gigante asiático) y por tratarse, respectivamente, de la tercera y segunda económica mundial.

China necesita la tecnología japonesa y el valor añadido de una economía madura y, por su parte, Japón requiere de un mercado chino ávido de consumismo y de una mano de obra con la que abaratar los productos japoneses y convertirlos en más competitivos. En el ámbito meramente económico, China y Japón alcanzan la cifra de 265.000 millones de euros al año en intercambios entre las dos naciones.

Los dos países buscan la estabilidad financiera, una evidencia clara como fue que un millar de empresarios de ambas partes se reunirán para cerrar contratos que ensancharán la puerta al mercado con más consumidores del mundo. Además, el Banco de Japón señaló que Pekín y Tokio han firmado un acuerdo “swap” de divisas que fortalecerá la estabilidad financiera. Así, con este acuerdo, que finalizará en 2021, se permite que los bancos centrales se intercambien yenes y yuanes hasta un límite de 30.000 millones de dólares.

Y pese a que Tokio calificó como «totalmente inaceptables» recientes declaraciones del canciller Wang Yi sobre la soberanía de las islas Senkaku. Wang defendió la soberanía china sobre las Senkaku y lamentó la entrada de pesqueros nipones en aguas del archipiélago de Diaoyu, como llama Pekín a las Senkaku, aunque los nipones se quejan de las continuas incursiones de navíos chinos en la zona, pero los conflictos bélicos entre naciones se antojan, por ahora, “imposibles”.

No obstante, estas tensiones marítimas llevan años perjudicando los vínculos entre ambos países, pero tanto Wang, quien defiende la soberanía sobre las islas como Motegi han asegurado que pretenden lograr un acuerdo entre las dos naciones que convierta la zona en un «mar de paz», algo que beneficiaría a la región y al mundo, mientras el primer ministro nipón, Suga, considera que «una relación estable entre las dos naciones es importante para la comunidad internacional».

Sin salir de esta controversia, China se ha mostrado contraria a la política de un Indo-Pacífico libre y abierto (FOIP, por sus siglas en inglés) capitaneada por Japón junto a otros países de la zona, como India o Australia, y que es vista como una alternativa a la «OTAN asiática» que liderarían desde Pekín, donde algunos expertos consideran esta alianza en oposición a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN-occidental), pero este bloque asiático sería muy problemático, en opinión de analistas.

Pekín ha expresado ya su incomodidad ante la última reunión la semana pasada entre Suga y el primer ministro de Australia, Scott Morrison, al haber alcanzado un acuerdo de defensa que permitirá a ambos ejércitos trabajar de forma más cercana.

Además, el primer ministro nipón también expresó ante el canciller chino la preocupación de Japón por la situación en Hong Kong, donde China impuso una controvertida ley de seguridad nacional, pero que Pekín mantiene que “no recorta libertades y facilita seguridad a la isla”, aunque todo en medio de una cordialidad de normalidad entre dos viejos rivales históricos pero que la economía les condiciona tal como también queda reflejado en el mensaje de Xi Jinping de apoyar a Japón respecto al restablecimiento de las relaciones bilaterales y la celebración de los Juegos Olímpicos de Tokio en agosto de 2021.

Y como colofón a esta visita de Wang Yi a Tokio la llegada de Joe Biden a la Presidencia de EEUU también puede marcar nuevas realidades estratégicas, aunque el nuevo inquilino de la Casa Blanca tiene intención de acercar posturas con sus socios asiáticos, pero sin olvidar que Japón es su mejor aliado en la zona, en tanto con China se espera que las tensiones habidas con Donald Trump se rebajen. Aunque no se esperan grandes cambios, los vínculos entre Japón y Australia exteriorizan cierta intranquilidad a Pekín sobre todo de contar con el visto bueno de Biden.

Ana Alonso Giménez

Licenciada en Historia (especialidad en antropología), directora de Fantasy Cloud S.L y colaboradora en varios blogs que versan sobre Japón

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