Japón mantiene los JJOO mientras crecen las dudas sobre su celebración

Madrid. Pese a que Japón ha desmentido la anulación de los Juegos Olímpicos (23 de julio al 8 de agosto de 2021), ya aplazados por el coronavirus el pasado año, las dudas sobre su celebración no ceden y sobre todo cuando cada vez hay más nipones partidarios de su suspensión definitiva o cómo se haría la vacuna de los deportistas o celebrarlos sin público. Es decir, demasiados inconvenientes para que el mayor evento deportivo de la historia se celebre con normalidad, la cual se ve enturbiada una vez más por la COVID-19.

Japón, al igual que otros muchos países, están en su lucha particular contra la tercera ola de infecciones por la pandemia, pero el hecho de que Tokio sea la capital olímpica del próximo verano abre muchos interrogantes que siembran dudas sobre la conveniencia de celebrar los JJOO o suspenderlos definitivamente con un daño deportivo y económico realmente brutal.

El coronavirus no da ninguna tregua, sigue su expansión a la espera de que las vacunas lo detengan, pero mientras tanto las contradicciones tampoco desaparecen, pues el primer ministro japonés, Yoshihide Suga, tiene claro que los Juegos se van a celebrar el próximo verano. Sin embargo, otras fuentes gubernamentales niponas alegan que no hay nada seguro en estas declaraciones, mientras que el Comité Olímpico Internacional (COI) niega con “rotundidad” que vayan a suspenderse, incluso el presidente del Comité Olímpico Español (COE), Alejandro Blanco, afirma que se van a celebrar.

De momento, los deportistas, que ya vivieron el aplazamiento del pasado verano, ahora se van a encontrar con el dilema de saber qué vacuna homologan para entrar a Japón. “Todo el que vaya a Tokio tendrá que estar vacunado”, dice Alejandro Blanco, que agrega que se intentará que «los deportistas tengan un trato especial para poder vacunarse”. “Si no, con el protocolo especial que se está montando ahora ellos no lo estarían en mayo”, puntualiza.

El hecho es que las dudas sobre Tokio2020 no ceden, los deportistas andan en un laberinto, mucho de los cuales habían decidido retirarse en este evento deportivo, e incluso varios comités olímpicos nacionales anunciaron que se preparan para enviar a sus deportistas a Japón. Además, los perjuicios económicos son incalculables y el daño social infinito dentro de un evento que marca desde que se celebraron por primera vez en la era moderna en Atenas en 1896 las pautas que determinan una gran parte del organigrama deportivo mundial.

Unos Juegos incluso sin público. Sí, pero sólo es posible en medio de esta crisis global originada por la pandemia del coronavirus que ha llevado al deporte a un mundo desconocido y con una desorientación en los deportistas fuera de lo común, y ahora asistimos a campeonatos de fútbol, tenis, golf, rugby, Fórmula 1, básquetbol, motociclismo y otros muchos deporte sin el calor que desprenden los aficionados, que también sirven para empujar al deportista a una mayor concentración para lograr sus propios objetivos. Pero habría que preguntarse cómo influye la ausencia de aficionados en los estadios, o cuál es la valoración de la propia concentración del deportista en un recinto vacío. 

En este sentido, la campeona olímpica griega de salto de pértiga Katerina Stefanidi, una de las líderes del movimiento de deportistas que defendía el aplazamiento el año pasado de los Juegos, es favorable a su celebración en 2021, a puerta cerrada si es necesario, mientras la gimnasta estadounidense Simone Biles espera también que los Juegos puedan tener lugar, «incluso si hay que estar en una burbuja».

Por otra parte, la anulación de los JJOO traería pérdidas millonarias. Los organizadores reevaluaron en diciembre pasado el presupuesto de los Juegos a 13.000 millones de euros, 2.300 millones de euros más que la estimación precedente, debido a los costos del aplazamiento y a medidas sanitarias, pero la suma total podría ser mayor, lo que supondría realmente que Tokio 2020 serían los Juegos Olímpicos de verano más costosos de la historia.

No obstante, la posible suspensión definitiva de los JJOO no afectaría verdaderamente a la tercera economía mundial, puesto que las infraestructuras necesarias ya han sido construidas y «el costo de organizar de los Juegos es probablemente inferior al 0,1 por ciento del PIB» japonés, según el gabinete de estudios Capital Economics.

Es obvio que sería un mal menor cuando hay una amplia mayoría de japoneses que se opone a la celebración de los Juegos Olímpicos de este año. O sea, una anulación, pese a las importantes reservas financieras que el COI dispone y que ya le permitió el pasado año afrontar el aplazamiento de Tokio 2020, para los expertos tendría consecuencias catastróficas, de ahí que el responsable del comité de organización, Toshiro Muto, insista en que deben celebrase aunque sean sin espectadores.

Muto reconoce que la situación sanitaria en Japón y en el mundo entero es muy grave, y “es normal que mucha gente esté nerviosa”, pero a seis meses de su celebración las incógnitas siguen creando confusión, el fantasma de la anulación sigue creciendo, mientras sanitariamente la preocupación por la COVID-19 no disminuye, la cual se ve aún más tensa cuando al menos el 80 por ciento de los japoneses se opone a la disputa de los Juegos del próximo verano.

Tal vez el único consuelo para el Gobierno japonés esté ahora en asegurar los Juegos de Tokio en el próximo año disponible, 2032. No obstante, el primer ministro nipón, Yoshihide Suga, viene reiterando la importancia de celebrar los JJOO, que “deben servir como prueba de la victoria de la humanidad contra la COVID-19″.

Santiago Castillo

Periodista, escritor, director de AsiaNortheast.com y experto en la zona

También te podría gustar...

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *