Corea del Norte hacia un proceso de diálogo irreversible

Madrid. Corea del Norte inició en febrero de 2018 un recorrido político sin precedentes en el régimen norcoreano, no exento de dificultades pero vital para modernizar su economía y la propia estabilidad en el país, en un largo proceso de conversaciones y diálogos que no tienen marcha atrás, y que ahora con la reciente destitución del consejero de Seguridad de EEUU, John Bolton, abre una nueva vía para la tercera cumbre entre Kim Jong-un y Donald Trump que solucione los dos graves problemas existentes: la desnuclearización y la sanciones.

Donald Trump quiere compensar su nefasta política exterior con un éxito con Corea del Norte, cuyo líder, Kim Jong-un, no está dispuesto a arrojar por la borda todos sus esfuerzos realizados en los últimos meses pese a los pobres resultados de las dos cumbres habidas con EEUU (Singapur-junio 2018 y Hanói-febrero 2019) al margen del tercer encuentro entre ambos en julio pasado en una cita histórica en la Zona Desmilitarizada (DMZ) en Panmunjom.

Desde el punto de vista nuclear Corea del Norte no va a volver a tiempos pasados, son otras circunstancias y hay una situación bien distinta pese al estancamiento existente entre Pyongyang y Washington, un estancamiento que propiciaba el halcón John Bolton, siempre muy crítico con los intentos de diálogo con Corea del Norte, además de con Irán, países que se han congratulado del cese de Bolton en la Administración estadounidense.

La nueva política que se está desarrollando en la península coreana no debe verse salpicada de ninguna clase de obstáculos, sobre todo cuando el apoyo de China, Rusia y Japón es firme, que junto a EEUU y las dos Coreas han formado parte de las conversaciones a seis bandas, encaminadas a detener el programa nuclear norcoreano a cambio de reconocimiento diplomático, petróleo para suplir su falta de energía y ayuda humanitaria.

Los distintos encuentros entre las dos Coreas y EEUU no pueden torcerse como ocurrió en la etapa del entonces presidente de Corea del Sur, Lee Myung-bak (2008 y 2013), que practicó una política más dura hacia Corea del Norte con el apoyo del expresidente George W. Bush (2001-2009), responsable de dinamitar los avances y acuerdos habidos entre las dos Coreas a raíz de la cumbres de Kim Jong-il con los presidentes surcoreanos Kim Dae-jung, en 2000, y con Roh Moo-hyun, en 2007, respectivamente.

Pero Bush con su “enfermiza” obsesión al crear el “eje del mal” (Irak, Irán y Corea del Norte) estropeó el mundo en una guerra “inventada” contra los iraquíes y luego no cesó en “acosar” constantemente al régimen norcoreano, lo que sirvió, pese a los tímidos avances de reducir la tensión, para generar una desconfianza brutal entre ambas partes y que redujo a escombros lo poco andado hacia la normalidad en la península coreana.

El halcón de la política estadounidense John Bolton ya formaba parte de la Administración de George W. Bush, firme defensor de la invasión de Irak, pero con el propio Trump sus desacuerdos no se dejaron esperar, muy crítico en relación a las cumbres con Corea del Norte, quien había sugerido el “modelo libio” para el desarme nuclear, y que Pyongyang censuró severamente, y ahora ya fuera la flexibilidad negociadora puede relanzarse con más eficacia.

De hecho, las negociaciones sobre la desnuclearización entre Corea del Norte y Estados Unidos podrían retomarse en unas “pocas semanas” y siempre y cuando sean retiradas las “amenazas y obstáculos” contra el país asiático, según un comunicado de la agencia de noticias estatal KCNA, unas negociaciones detenidas desde la fracasada cumbre de Hanói.

De esta forma, el diálogo entre Corea del Norte y Estados Unidos se iniciará pronto y las perspectivas de un mayor entendimiento pueden ser más nítidas, sobre todo cuando el régimen norcoreano sigue muy “atado” a cualquier reforma económica, la cual no se puede ejecutar, ni siquiera el modelo vietnamita, sin el levantamiento de las sanciones, aunque previamente el desmontaje del programa nuclear es básico para el éxito de las inminentes nuevas conversaciones que se avecinan.

No obstante, hay que recordar que la cumbre de Hanói fracasó a causa de las diferencias sobre cómo reducir las sanciones por medidas de desnuclearización, pero el régimen de Kim Jong-un exigía el levantamiento de todas las sanciones importantes a cambio de desmantelar su complejo nuclear de Yongbyon (principal emplazamiento nuclear de tipo bélico de Corea del Norte).

De momento, se abren otros canales después de periodos tensos con las maniobras militares y lanzamientos de misiles, pero el cese de Bolton también facilita las cosas, aunque aún queda en la Casa Blanca otro halcón, pero más moderado, como el actual secretario de Estado, Mike Pompeo, y que por ahora inquieta menos a un volátil Donald Trump y que también ha tenido roces con el régimen de Pyongyang.

Los diálogos van proseguir, así como la mejora de las dos Coreas, pese al enfriamiento existente entre ambas, cuyo primer aniversario de la cumbre de Pyongyang, que supuso reforzar la confianza (clave para el éxito de los contactos y diálogos) y un importante acuerdo militar, se celebró esta semana en Seúl sin la participación de Corea del Norte, pero los altibajos irán mermándose en el preciso momento en que la resolución a las sanciones y el desmantelamiento nuclear sigan su curso ascendente.

Como conclusión habría que preguntarse: ¿Realmente Corea del Norte es una amenaza real?, pero en caso afirmativo, qué ocurría si fuera así o si atacara nuclearmente algún país, la respuesta es bien sencilla, y sus resultados bien conocidos.

Santiago Castillo

Santiago Castillo

Periodista, escritor, director de AsiaNortheast.com y experto en la zona

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