La autosuficiencia tecnológica china pone en jaque la hegemonía de Silicon Valley (I): Impacto bursátil

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Madrid. En un año que ha reconfigurado la percepción global sobre la industria tecnológica, las empresas chinas han dado un paso al frente en los mercados financieros, propinando un zarpazo a sus competidoras estadounidenses en plena revolución de la Inteligencia Artificial (IA). El índice Hang Seng Tech, que agrupa a las 30 principales compañías tecnológicas que cotizan en Hong Kong, registra una subida del 35 % en lo que va de 2025, frente al 19 % del Nasdaq, históricamente el referente incontestable de la innovación tecnológica mundial gracias a su «ventaja magnética» de atraer talento de cualquier parte del planeta.

Este repunte supone un resurgimiento vital para un sector que durante años estuvo bajo la sombra de estrictas regulaciones y la huida de inversores extranjeros. Empresas como Alibaba, Tencent y Baidu, otrora líderes en crecimiento y popularidad, habían visto desplomarse sus valoraciones, generando dudas sobre la capacidad de China para competir de tú a tú con colosos estadounidenses como Apple, Microsoft, Alphabet o Nvidia.

El motor de esta vuelta de tuerca, sin duda, es el desarrollo de la IA en China. La irrupción de DeepSeek, la IA «low cost», a principios de año cambió radicalmente la narrativa sobre el sector, mostrando que el gigante asiático está comenzando a superar uno de los grandes obstáculos tecnológicos: la capacidad de procesamiento necesaria para competir en la IA global.

Y el mercado así lo está reconociendo. Las acciones de Alibaba, Tencent y Baidu han subido un 102 %, 20 % y 43 %, respectivamente, desde enero. Solo en septiembre, Alibaba y Baidu han ganado un 31 % y un 48 %, respectivamente, en un mes caracterizado por un renovado entusiasmo de los inversores, que parecen confiar nuevamente en la capacidad de estas empresas para liderar la innovación tecnológica. No obstante, se está instalando un debate público sobre la preocupación que suscita el auge de estas acciones a nivel mundial, ya que están alcanzando valoraciones bastante elevadas, propias incluso de una burbuja especulativa. Instituciones como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Central Europeo y el Banco de Inglaterra han lanzado advertencias sobre posibles riesgos de corrección bursátil si las expectativas de rentabilidad no se cumplen.

En China, Alibaba está marcando el camino. Recientemente, ha anunciado un incremento de sus inversiones en inteligencia artificial, superando los 50.000 millones de dólares inicialmente previstos. Eddie Wu, CEO de la compañía, indicó que este gasto podría elevarse hasta 53.000 millones de dólares durante los próximos tres años, destinando recursos al desarrollo de modelos de IA, infraestructura y centros de datos en Brasil, Holanda y Francia.

Muchas de estas compañías tecnológicas han acelerado la emisión de deuda en las últimas semanas para financiar estas inversiones en IA y en computación en la nube, y muchos de los inversores que están comprando esa deuda son estadounidenses. Según Bloomberg Intelligence, Alibaba, Tencent, Baidu y JD.com invertirán más de 32.000 millones de dólares en este ámbito solo durante 2025, lo que pone de manifiesto la dimensión de la apuesta china en esta área estratégica. Son conscientes de la magnitud del cambio al que estamos asistiendo y de que las expectativas se han disparado en todo el mundo, así que se está concentrando una avalancha de inversiones en un tiempo récord.

Con todo, el impulso bursátil de las tecnológicas chinas no se explica únicamente por la IA. El gobierno de Pekín ha apostado decididamente por la autosuficiencia tecnológica, especialmente en semiconductores. Iniciativas como el «Big Fund» han inyectado recursos en empresas como SMIC y Hua Hong Semiconductor, con el objetivo de reducir la dependencia de tecnologías extranjeras y fortalecer la industria doméstica.

La flexibilidad regulatoria que está introduciendo el gobierno chino tras las restricciones impuestas entre 2020 y 2022 en su lucha antimonopolio -que se llevaron por delante la salida a bolsa de Ant Group, filial fintech de Alibaba- buscan impulsar políticas industriales para apoyar a las big tech del país con el objetivo de reactivar el crecimiento y consolidar campeones nacionales al reducir el coste de las inversiones. Esta tendencia contrasta con el aumento de acciones de supervisión por parte del Departamento de Justicia estadounidense con casos de gran visibilidad pública contra Google, investigaciones sobre prácticas de Microsoft, Meta o Apple y una fijación por controlar la concentración en mercados de IA y la nube.

En materia de emisiones de deuda, China ha aplicado mecanismos de apoyo, como los bonos de innovación, facilitando la participación de entidades financieras y fondos. Esto representa el último esfuerzo de China hacia la autosuficiencia tecnológica, mientras Washington intensifica las restricciones contra el avance tecnológico del gigante asiático.

Además, se han puesto en marcha programas en China para atraer de vuelta talento a través de incentivos, mejores salarios, centros de I+D y algunos estudios muestran un porcentaje significativo de científicos chinos residentes en Estados Unidos considerando volver a su país o que ya han retornado.

No obstante, esta ganancia de capital humano está contribuyendo a acelerar el desarrollo tecnológico, pero persisten dudas sobre la cultura investigadora y la libertad académica en el país comunista, lo que podría limitar la innovación disruptiva. Aun así, la combinación de capital, mercado interno y repatriación puede convertir a China en un polo de I+D competitivo en menos tiempo del esperado.

De hecho, este enfoque estratégico ha comenzado a dar frutos. La combinación de progresos en chips avanzados, modelos de IA competitivos a nivel mundial y apoyo institucional ha cambiado la percepción de los inversores. La reputación de riesgo que pesaba sobre las empresas tecnológicas chinas ha sido reemplazada por una visión de oportunidad y crecimiento sostenible.

Otro factor que ha captado la atención de inversores internacionales son las valoraciones comparativamente bajas de las acciones chinas. Mientras que el índice MSCI China cotiza a unas 12 veces los beneficios proyectados, el S&P 500 se negocia alrededor de 23 veces, lo que sugiere un mayor potencial de revalorización si se cumplen las expectativas de crecimiento.

Se empieza a especular con la formación de una burbuja. Por ejemplo, Nvidia, líder mundial en hardware y software de IA, es la empresa más valiosa del mundo, con una capitalización bursátil de 4,5 billones de dólares. Pero también es cierto que su crecimiento de beneficios y amplios márgenes respaldan sus múltiplos. Según algunos expertos, mientras las grandes compañías del sector sigan invirtiendo en IA, las subidas en bolsa podrían prolongarse aún más, aunque también hay detractores que creen que esta euforia va aparejada de oscuras reminiscencias: el estallido de las puntocom a comienzos de este siglo.

En resumen, en comparación con las chinas, las tecnológicas estadounidenses cuentan con valoraciones más altas al tiempo que su crecimiento es más moderado, lo que las hace menos atractivas para quienes buscan rendimientos rápidos en un entorno de aceleración tecnológica.

Santiago Castillo

Periodista, escritor, director de AsiaNortheast.com y experto en la zona

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