La geopolítica mundial se polariza: Rusia, China, las dos Coreas, Japón, EEUU, dos polos distintos

Madrid. Mientras en Seúl ha tenido lugar la III Cumbre para la Democracia con el objetivo de fortalecer las libertades e instituciones democráticas frente a una geopolítica mundial tensa con el fortalecimiento de Rusia tras la elección por seis años más en el poder de Vladimir Putin, que se ha visto arropado por Corea del Norte y China, Corea del Sur sigue afianzándose como un país cada vez más clave en sus vínculos con Estados Unidos y en sus buenas relaciones con Japón, pero siempre sin incomodar a Pekín, dada las buenas relaciones comerciales que mantienen ambos países.
La rivalidad chino-estadounidense sigue ahí pero no irá más lejos, ya que tanto a Washington como a Pekín no les interesa que el mundo global empeore aún más a causa de políticas unilaterales como las que ejecuta Rusia e incluso Irán. Corea del Sur y Japón forman una alianza que contribuye a frenar a Corea del Norte pero también a ese expansionismo chino que EEUU trata de impedir.
La mejora de las relaciones entre Tokio y Seúl también favorece a Washington, de ahí que las amenazas que las nuevas tecnologías plantean a las democracias fuera un tema central en la III Cumbre para la Democracia. Corea del Sur no es ajena a un mayor protagonismo como socio estratégico de EEUU en el Indo-Pacífico, pero cuidando sus buenas relaciones económicas con China, que ve al presidente Yoon Suk-yeol un firme aliado de Washington, mientras el mandatario chino, Xi Jinping, sigue reforzando sus lazos bilaterales con Pyongyang, al igual que hace Rusia con el régimen de Kim Jong-un, quien desde el principio de la guerra de Ucrania siempre apoyó a su «fiel aliado» Putin.
Corea del Sur celebra elecciones parlamentarias el próximo 10 de abril, unos comicios determinantes para el devenir de la legislatura del presidente Yoon Suk-yeol, en un momento de malas relaciones con Corea del Norte, empeñada en seguir al pie del cañón con su lanzamiento de misiles balísticos y con Kim Jong-un mostrando su fuerza ante una prueba de ignición y combustión de un motor para un misil hipersónico de rango intermedio. No es una guerra bélica-nuclear y sí una guerra mediática, pero el líder norcoreano tiene el respaldo de países como Venezuela, Nicaragua, Irán, entre otros, además de su buena luna de miel con Rusia y obviamente sus buenos vínculos con el gigante asiático, que no quiere tensionar la península coreana bajo ningún aspecto, pese al desarrollo nuclear norcoreano.
Cuando Putin reitera la posibilidad de una «tercera guerra mundial» si la OTAN entra en la guerra de Ucrania se basó en un momento de su victoria electoral pero la Alianza Atlántica no va a entrar en ninguna contienda bélica mientras Rusia no ataque a ningún otro país, pero bien es cierto que EEUU y Occidente no quieren que los rusos ganen la guerra, una guerra que no tiene visos de finalizar de momento y que supuso fortalecer a la OTAN, mientras que Corea del Norte con su programa nuclear y lanzamiento de misiles está originando que tanto Japón como Corea del Sur estén cada vez más armados ante cualquier amenaza norcoreana, una defensa que tiene el apoyo total de EEUU con bases en territorio surcoreano y en la de Okinawa japonesa y en ambos casos con frecuentes maniobras militares, que siempre Pyongyang les acusa de intentos de invadir al país, un aspecto lejos de la realidad.
Lo que es evidente es el actual mundo políticamente polarizado. Rusia quiere ganar una guerra que Putin comenzó. EEUU y Occidente seguirán al menos mientras esté Joe Biden en la Casa Blanca apoyando militar y económicamente a Ucrania. Los rusos, con importantes activos y con pocas grietas en el interior del país, todo bajo control del Kremlin, seguirán desafiando a Occidente con una «guerra nuclear», pero también Moscú ha visto las carencias de un conflicto bélico y a corto plazo las sanciones también pueden pasar factura. Y el presidente de Francia, Emmanuel Macron, propone enviar tropas terrestres al campo de batalla en Ucrania, mientras Europa se debate cómo seguir ayudando a Kiev en la guerra que libra contra Rusia desde hace ya dos años.
No obstante, la marcha de la economía rusa ha ido mejor de lo esperado pese a las miles de sanciones, cuyo crecimiento en 2023 ascendió al 3,6 % y para el presente año se calcula que rondará el 2,6%, más que en el conjunto de la Unión Europea y pese a que Occidente ha recortado las exportaciones de petróleo, pero de paso ha aumentado su precio, de modo que lo que Moscú vende a sus países amigos, en especial a China, ha resultado más rentable. Los salarios suben, el déficit público está contenido y apenas existe desempleo. Al parecer “todos contentos” y sin olvidar los que mueren en el frente o se marchan al extranjero para evitar el alistamiento.
La guerra sigue en Ucrania, pero una tercera guerra mundial es difícil por ahora pese a la fortaleza militar y nuclear de Rusia, y lo mismo pasa con Corea del Norte, que tampoco va a iniciar una guerra en la península coreana ni va a atacar a nadie, y luego China, con su política continuista para 2024, apoyando a Rusia, pero harto de este conflicto bélico, con un incremento del gasto militar del 7,2 % y un objetivo de crecimiento económico del 5 %. Pekín quiere seguir influyendo en sus políticas internacionales pero por ahora lejos de invadir Taiwán, aunque, eso sí, sus deseos hegemónicos en el mar de la China Meridional no se van a ver frenados, aunque EEUU pugnará por impedirlo.
En definitiva, un mundo geopolítico ninguneado por Rusia, cuya guerra con Ucrania no le están saliendo las cosas como en un principio pensaba, y solo falta que Donald Trump llegue a la Casa Blanca para incrementar más tensiones y una mayor polarización en detrimento de una globalización más global y multilateral, pero Moscú con un gasto militar directo en torno al 29,5 % del presupuesto (el nivel más alto de la Rusia contemporánea), le sirve para que su industria armamentística siga activa y al mismo tiempo dé trabajo a los rusos.







