Un incidente fronterizo entre China, India y Bután puede provocar un conflicto militar

Madrid. Existen temores a que se desencadene un conflicto militar entre China e India en una zona fronteriza en disputa en la región del Tíbet, en el Himalaya, tras la paralización por tropas indias de los trabajos de mejora en una carretera, después de que autoridades chinas desde diversos ámbitos hayan emitido comunicados en los que exigen la inmediata retirada india.

China acusa a la India de la entrada ilegal en su territorio de 270 soldados armados el pasado 16 de junio, acompañados de dos excavadoras, con el fin de paralizar las obras de ampliación de una carretera en el área de Doklam, un pequeño territorio controlado por Pekín pero reclamado por Bután, un pequeño país que mantiene un tratado de amistad con India.

Un portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, Geng Shuang, ha dejado claro que si India aprecia verdaderamente la paz, lo que debe hacer es retirar inmediatamente las tropas al lado indio de la frontera y Zhao Gancheng, director del Centro de Estudios de Asia-Pacífico en Shanghai, opina que las maniobras del Ejército chino con fuego real en el Tíbet, la región en donde se encuentra el escenario del conflicto, serían la antesala del enfrentamiento militar.

Un incidente similar al actual, ocurrido en 1962, en el que el Ejército indio paró las obras de una carretera china en una zona en disputa, desató una breve guerra entre los dos países, que se saldó con la muerte de unos 2.000 soldados – aunque muchas de las muertes en el lado indio se produjeron como consecuencia de la falta de equipo para hacer frente a las bajas temperaturas  – y la victoria de China. Mientras India controla la zona de Arunachal Pradesh, reclamada por China, el régimen comunista administra de hecho otra área disputada por ambos, Aksai Chin, en la frontera occidental de los dos países y parte de la región de Cachemira.

Este rincón del Himalaya se ha convertido en la escena improbable de un conflicto de poder entre China e India, ambos países socios en el grupo BRIC. Ahora, el punto de separación se centra en la frontera compartida por China, India y Bután, conocida como Doklam en India y Donglang en China. La actividad diplomática no ha frenado los rumores ni las advertencias, ni ha hecho disminuir el riesgo de que se produzca un enfrentamiento armado entre las dos potencias ​​asiáticas.

En este contexto, cuando un grupo de soldados del Ejército de Liberación Popular (PLA) llegaron a la meseta de Dolam (un área dentro de Doklam) el pasado 16 de junio con excavadoras y maquinaria para mejorar y extender una carretera china preexistente, una unidad de soldados indios cruzó Dolam desde un puesto cercano del Ejército indio e interrumpió la actividad de construcción de la carretera. Los soldados indios formaron una cadena humana para impedir los trabajos e instaron a los chinos a detener las obras.

Desde la incursión india, las obras de construcción que el Ejército de Liberación Popular chino llevaba a cabo se han detenido y la situación ha entrado en un callejón sin salida.

Unos 300 soldados indios han instalado sus tiendas de campaña cerca del emplazamiento y hay 3.000 refuerzos de ambos ejércitos en cada lado de la frontera. Mientras los funcionarios indios han expresado su interés por el diálogo, las declaraciones oficiales chinas exigen el retiro incondicional de India antes de que puedan comenzar las conversaciones. Después de presentar una queja contra las acciones chinas el 20 de junio, Bután se ha mantenido en la ambigüedad respecto a cuál es su postura sobre el incidente.

Es muy probable que este enfrentamiento en Doklam se deba a las sospechas de China e India acerca de sus respectivas intenciones. La práctica habitual en la política internacional es la del enfrentamiento, no la del apaciguamiento, contra quien intente modificar cualquier status quo y, de esta forma, evitar la escalada del conflicto. En este caso, sin embargo,  identificar a cuál de las partes asiste la legitimidad de sus acciones es difícil. Para China, el despliegue militar de India en esta región es un intento de modificar el status quo, mientras que para India, los intentos de China de construir carreteras en territorios en disputa están en consonancia con sus anteriores maniobras de modificación unilateral de las fronteras inestables con el fin de ampliar su ámbito territorial y potenciar su influencia en la región.

Por otro lado, la ambigüedad histórica y diplomática alrededor de esta frontera también ha dado pábulo a que ambas partes se sientan agraviadas. China sostiene que tiene soberanía indiscutible sobre Doklam por un tratado de 1890 entre Gran Bretaña y China que delimita la frontera entre el estado indio de Sikkim y el Tíbet y el límite con Bután. Puesto que tanto India como China han aceptado este tratado, China considera que India no tiene motivos legítimos para haber cruzado la frontera, por lo que sus acciones constituyen una invasión del territorio chino y afirma que, aunque Doklam es objeto de controversia, India se interpone y, al hacerlo así, perjudica el posible arreglo de una disputa bilateral entre Bután y China.

Por su parte, India reconoce que sus tropas han cruzado una frontera internacional, pero en Bután, no en China. La incursión de India está además justificada por otro tratado, el tratado de amistad de India con Bután de 2007 y el interés común de ambos países en detener los intentos de China de modificar unilateralmente el status quo. Como han señalado varios analistas, los caprichos del reparto colonial y las contradicciones internas en el tratado de 1890 permiten que éste pueda interpretarse en un sentido u otro para apoyar las afirmaciones tanto de India como de China.

La posición ambigua de Bután no contribuye a mejorar las cosas. Como pequeño reino del Himalaya que es, – entre las dos grandes potencias de la regiónBután ha disfrutado de una relación especial con India desde 1949, por un Tratado de Amistad, actualizado en 2007 y mediante el que se otorga mayor autonomía al pequeño Estado, aunque la India aún ejerce una influencia considerable sobre su política exterior. Para justificar sus recientes acciones militares, India ha invocado un artículo en el que se afirma que ninguno de los dos países permitirá que su territorio sea utilizado para actividades que perjudiquen los intereses de seguridad nacional del otro. Hasta hoy, sin embargo, Bután aún no ha aclarado si India actuó motu proprio o tras una petición suya de ayuda militar en Doklam.

Algunos analistas sugieren que la solución del conflicto llegará cuando los interlocutores sean solamente China y Bután, para lo que India debe quedar fuera, pero lo cierto es que, si las tres partes no comienzan una ronda de negociaciones en la que expresen sus argumentos con franqueza, es difícil que no se produzca la escalada o, al menos, que la disputa territorial se mantenga por tiempo indefinido.

El ejército chino podría lanzar una operación militar en breve contra los soldados indios, según algunos expertos citados por el diario nacionalista Global Times. Pero, por el lado indio, según Srikanth Kondapalli, experto en asuntos chinos de la universidad Jawaharlal Nehru de Nueva Deli, hay pocas probabilidades de que se desate un conflicto militar antes de que se celebre el congreso del Partido Comunista Chino en otoño, en el que Xi Jinping espera ser reelegido como secretario general para otro periodo de cinco años.

Queda también por ver cómo se desarrolla la cumbre de septiembre de los países BRIC en la ciudad insular china de Xiamen, en la que se espera la asistencia de los máximos líderes de India, Rusia, Brasil y Sudáfrica y en la que, si asisten el primer ministro indio, Narendra Modi, y Xi,  no tendrán más remedio que hablar de la situación, pero, definitiva, los dos países más poblados de la tierra se enfrentan en un peligroso litigio por una carretera fronteriza en el Himalaya pero lejos de un conflicto militar. Ambos países evitarán una guerra en el Himalaya.

Juan de Castro Pita

Juan de Castro Pita

ex consultor de Naciones Unidas

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