Corea del Norte marca su geopolítica mundial con el lanzamiento de misiles balísticos

Madrid. Corea del Norte no desaprovecha ocasión alguna para demostrar su poderío nuclear con el lanzamiento esta semana de al menos diez misiles balísticos de corto alcance hacia el mar de Japón (mar del Este), marcando así su agenda política al recordar a Donald Trump que, pierda o gane las elecciones a la Cámara de Representante, seguirá con su programa nuclear y a su vecina Corea del Sur una seria advertencia tras el deterioro entre los dos países a causa de las explosiones de dos minas en la Zona Desmilitarizada (DMZ), de Panmunjom, que provocaron que tres soldados surcoreanos resultaran heridos, lo que evidenció una seria protesta de Seúl al acusar a Pyongyang de plantar los explosivos, pero Pyongyang lo negó.
Los misiles disparados, desde las inmediaciones de Wonsan, en la costa oriental de Corea del Norte, recorrieron unos 250 kilómetros, unos lanzamientos como señal de constatar que el régimen norcoreano sigue firme y dispuesto a todo. Eso sí, pese a sus varias insinuaciones de que Pyongyang pudiera amenazar a Estados Unidos atacando nuclearmente la isla de Guan con sus misiles balísticos, es otra prueba más de que el líder Kim Jong-un quiere tener todo controlado, con firmeza y seguridad, pero lo de lanzar misiles a la isla estadounidense, ubicada en el Pacífico, a unos 3.400 kilómetros de China, es una quimera imposible de realizar por Pyongyang, y lo mismo pasa con sus amenazas a Corea del Sur.
Dos hechos que han marcado la estrategia de la geopolítica norcoreana, pues con su tercer lanzamiento en octubre ha logrado estar presente en las elecciones a la Cámara de Representantes de EEUU de esta semana a los 435 escaños de la Cámara de Representantes y 35 de los 100 del Senado que pueden suponer una derrota de los republicanos y de su «amigo» Trump, y con ello mermar el poder y control que hasta ahora tiene el Partido Republicano en las dos cámaras del Congreso y luego seguir presionando a Corea del Sur, en un momento en que las relaciones entre las dos Coreas viven una alta tensión que ha supuesto que Seúl haya reforzado la vigilancia y el mantenimiento de un estado de alerta ante posibles más lanzamientos de misiles, pero también por ahora es otra quimera norcoreana lo de atacar a Corea del Sur, cuya frontera con el Norte ha supuesto un considerable alto voltaje.
Y un tercer factor por el que Corea del Norte ha vuelto a lanzar más misiles de advertencia en esta semana pasada ha sido la reunión de Corea del Sur con Estados Unidos y Japón para reforzar la estrecha colaboración ante posibles ataques de Pyongyang a uno de estos países, que se antoja sencillamente utópicos al menos por ahora o que Kim Jong-un pretenda un «suicidio político» ante la reacción que pudieran ejercer en su réplica a un ataque nuclear y más cuando Rusia y China, países con los que ha fortalecido sus vínculos, duden en defender a Corea del Norte en un conflicto bélico. Pyongyang tiene que estar al día en todo acontecimiento de la geopolítica mundial pero es obvio que su programa nuclear es el mejor escudo protector de su régimen tanto a nivel doméstico como internacionalmente.
Una guerra abierta en la península coreana significaría la destrucción y fin de la dinastía de los Kim, por lo que Pyongyang utiliza la amenaza bélica como coartada interna y herramienta de presión, sin buscar una invasión o un conflicto total a gran escala. Es y ha sido así durante años, y así seguirá largo tiempo tensionando la zona y sin rasgos de estabilidad, confianza y normalidad política. Rusia y China andan muy bien con Corea del Norte, Donald Trump quiere verse con Kim y el presidente surcoreano, Lee Jae-Myung, que asumió el cargo en junio de 2025, ha mantenido una postura más abierta de diálogo hacia Corea del Norte, pero reitero que la confianza y la normalidad en el régimen norcoreano no son muy apreciables para una definitiva estabilidad diplomática y política en la península coreana. En suma, la confianza y la normalidad son sustantivos que inquietan al régimen de Pyongyang.
Es obvio que la creciente tensión geopolítica-regional, rumores infundados de una invasión, las elecciones a la Cámara de Representantes de EEUU, las buenas relaciones con Rusia, en donde los misiles norcoreanos combaten en Ucrania, una relación con Moscú que ha fortalecido al régimen, como su buen momento con China, además de una cierta mejora económica del país, pese a esa cifra tan abismal de un PIB de al menos un 15 por ciento en Defensa, convierte en general a Corea del Norte y, en particular, a su máximo líder supremo y mariscal, Kim Jong-un, en un estratega que políticamente su pueblo totalmente ensimismado lo valora altamente, a la espera que su «respetada hija» Kim Ju-ae y la «dulce hermana» Kim Yo-jong cuiden al milímetro la dinastía de los Kim, que gobierna Corea del Norte desde la fundación de la República Popular Democrática de Corea el 9 de septiembre de 1948.
Y como no podía ser de otra manera, Kim Jong-un no desaprovecha ninguna oportunidad para reiterar la importancia de fortalecer a sus Fuerzas Armadas. El hartazgo mundial nuclearmente hablando no va con Corea del Norte.







