La nueva Ruta de la Seda (y III): desacuerdos externos y crisis interna

Madrid. El segundo problema reside en los diferentes intereses que tienen los países a lo largo de esta larga ruta. Al fin y al cabo, son más de 2/3 de todos los países del mundo: todos con sus disputas internas y enemistades externas. Un proyecto como la Iniciativa de la Franja y la Ruta (IFR) debe trascender los conflictos políticos y concentrarse en los beneficios económicos mutuos. No es una tarea fácil.
Moscú, socio geopolítico y económico de Pekín, era un elemento importante del plan chino. No obstante, el Kremlin se encuentra en medio de una guerra abierta con su vecino, lo que descarta la opción de un puente terrestre que cruce la frontera rusa con Occidente.
Asia Central, donde China expandió considerablemente su influencia en el último año debido a la debilidad de Rusia, tampoco es homogénea. El histórico proyecto de una carretera que una China, Kirguistán y Uzbekistán sigue estancado sin acuerdo alguno. El problema reside en la falta de fondos en Bishkek, la capital kirguís, para financiar tal infraestructura. Además, son comunes los sentimientos anti chinos en esta nación centroasiática.
En Indochina, Pekín sigue manteniendo relaciones económicas y diplomáticas con la junta militar de Myanmar, que tomó el poder por la fuerza en febrero de 2021. La Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) condena el régimen de Naipyidó (capital federal de Myanmar). La relación que China lleva construyendo durante años con los países de la península puede verse afectado por su apoyo a la dictadura del Tatmadaw en la antigua Birmania.
Oriente Medio sigue siendo relativamente inestable para cualquier proyecto a largo plazo. Siria e Irán siguen aislados (Irán está además envuelto en protestas), la situación política en Irak es extremadamente inestable. Los países del golfo Pérsico parecen ser la única opción más o menos viable, considerando especialmente los precios a los carburantes. No obstante, una relación demasiado estrecha con Irán puede espantar a Arabia Saudí, enemiga acérrima del régimen teocrático de Teherán.
La nueva Ruta de la Seda es demasiado grande y demanda demasiada resolución política de demasiados actores internacionales. Pero principalmente necesita dinero y no todos están dispuestos a darlo. Pekín se encuentra con un dilema: o da préstamos arriesgados a los Estados miembros para proceder con el proyecto o restringe sus planes a países seguros, donde su dinero no se expondrá a tanto peligro.
De aquí el tercer problema: los gastos pueden ser inasequibles para la propia China. Al fin y al cabo, el gigante asiático se encuentra en medio de una crisis inmobiliaria y se está recuperando después de las draconianas medidas cero covid. El Banco Mundial rebajó las expectativas de crecimiento a un mero 2,8 %, comparado con un 8,1 % el año pasado.
La incapacidad de Evergrande (la segunda empresa de construcción más grande de China) de cumplir con sus obligaciones financieras les mostró a los políticos de Pekín el peligro de la deuda insostenible. El mercado inmobiliario chino despegó con el éxodo rural a finales del siglo pasado, pero fue tranquilizándose en la última década. Aunque el precio se alejaba cada vez más de la verdadera demanda de alojamiento, las compañías de construcción seguían invirtiendo en este lucrativo sector, endeudándose para seguir sacando provecho. El gobierno chino intervino para evitar que Evergrande caiga en picado, limitando el crédito interior. Tal medida sería incompleta si uno sigue haciendo lo mismo en el extranjero.
La crisis es demasiado reciente para hacer predicciones. Aun así, es un hecho que Pekín rebaja las inversiones al extranjero y hace todo lo posible para mantener su deuda a raya.
Por otro lado, la Iniciativa de la Franja y la Ruta (IFR) tiene un valor político significante. Primero, es central para la imagen de China como defensor de los países subdesarrollados, dispuesto a ayudarles a alcanzar la riqueza. Segundo, hasta hace poco era una forma de darle uso al exceso de recursos humanos y financieros que tenía Pekín. El mercado interior es grande, pero sigue siendo demasiado pequeño para la productividad de los 1.400 millones de chinos. Tercero, es una forma de estabilizar las fronteras. Conectando a todos los vecinos al mercado chino, Pekín les incentivaba a controlar las regiones fronterizas, evitando así incursiones de regiones inestables como Afganistán o Myanmar (usarlos como «Estados porteros»).
Y, por último, el proyecto es importante para la imagen del propio Xi Jinping, que se concentra en la retórica nacionalista mucho más que sus predecesores. No se olvidó de las humillaciones que sufrió China a lo largo de los dos últimos siglos (como las guerras del Opio en el siglo XIX) y pretende reconstruir la grandeza del gigante asiático. La Ruta de la Seda siempre fue un símbolo del imperio chino, una muestra de poder. Tan importante es que fue inscrita en la Constitución en 2018.
La pregunta es: ¿Qué hará Pekín ahora? En realidad, no tiene muchas opciones, si quiere evitar el malgasto de sus fondos y mantener los beneficios políticos al mismo tiempo. Puede convertir la Iniciativa de la Franja y la Ruta en un instrumento más bien retórico y político. Seguirá siendo su ideología principal, el centro de sus relaciones internacionales. No obstante, los proyectos megalómanos pasarán a la historia. En vez de planear rutas continentales, Pekín se ceñirá a proyectos locales con menos riesgo y menos variables que controlar (tales como el puerto de Atenas, en Grecia, por ejemplo). No quiere decir que Xi opte por el aislacionismo y abandone sus ambiciones internacionales, solamente significa que se comportará de forma más pragmática y cuidadosa. Ya hay indicios de que China empieza a derivarse hacia esta estrategia.
Aun así, no podemos descartar otras opciones. La crisis económica china es probable, pero hipotética. Las ambiciones de Pekín pueden verse reducidas por ahora, mientras el sistema está en transición, dejando las iniciativas internacionales congeladas. Pero un día, China puede redescubrir sus viejos sueños y reconstruir su grandeza histórica. Todo dependerá de la resolución política de Xi de proseguir con el curso nacionalista, combinándolo con los intereses económicos del gigante asiático.
En definitiva, la Iniciativa de la Franja y la Ruta tienen muchos problemas por delante, pero es muy temprano para darla por muerta. En lo que sí podemos estar seguros es en que está cambiando para adaptarse a la nueva realidad mundial.







