La situación de los rohingya sigue tan inestable como hace dos años

Refugiados de etnia rohingya
Refugiados de etnia rohingya

Madrid. Con el segundo aniversario tras lo ocurrido con los rohingya en verano de 2017 vuelven a aumentar las tensiones entre este grupo y el Gobierno de Myanmar (también conocido como Birmania).

Tras ser perseguidos en su país natal, muchas de las personas pertenecientes a este grupo decidieron marcharse a Bangladés, país con una mayoría musulmana. No obstante, allí no han encontrado la felicidad completa, ya que este país no es firmante de la Convención de las Naciones Unidas para Refugiados, por lo que no se les ha otorgado este estatus y viven recluidos en los campos de refugiados sin poder trabajar, ni estudiar, ni marcharse de allí, sufriendo abusos y diversas formas de explotación.

La razón por la cual no son refugiados comunes es que tampoco se les concede ningún reconocimiento, por lo que se les considera uno de los mayores grupos de apátridas. Tras la ley promulgada en Myanmar en 1982 se les denegó la ciudadanía y se les sometió a diversas restricciones en el matrimonio, el tamaño de la familia, el empleo, la educación, la elección religiosa y la libertad de movimiento.

Según datos de Naciones Unidas, a partir de 2017 la cifra de refugiados procedentes de Myanmar en Bangladés pasó de aproximadamente 276.000 personas en 2016 a más de 900.000 en 2017 y 2018.

Asimismo, se han concentrado mayoritariamente en la zona de Cox’s Bazar, donde actualmente hay más de 30 subconjuntos hasta formar uno de los campos de refugiados más grande y densamente más poblado del mundo, albergando a aproximadamente 41.000 personas.

Más de la mitad de los residentes de esa zona son menores, los cuales pueden asistir a clase en lo que se conoce como Espacios Seguros para Niños, unos centros especiales habilitados en los campamentos para ellos, aunque la mayoría prefieren no separarse de sus familiares y otros sufren violaciones de sus derechos, explotación, matrimonios forzados, secuestros, etcétera.

El verano de 2017, los rohingya padecieron una limpieza étnica, sufrieron una violencia extrema que les hizo huir de sus casas en Myanmar a Bangladés. Pero el segundo aniversario del llamado “Día del genocidio” supuso un fracaso del esperado regreso a Myanmar de 3.450 rohingya, el pasado 22 de agosto, ya que ninguno se presentó. A su vez, el día 24 de ese mismo mes, estuvo marcado por la muerte de dos rohingya a manos de la policía tras ser acusados de asesinato.

Para conmemorar la simbólica fecha, se reunieron de forma pacífica en una ladera de Cox’s Bazar, donde rezaron por los muertos y pidieron que se detenga el genocidio. Pero el asesinato de un miembro de las juventudes del partido gobernante a manos de los rohingya inició una serie de disturbios por parte de los ciudadanos locales en los campos de refugiados, donde se quemaron neumáticos y se destruyeron tiendas que los refugiados frecuentan.

Por otra parte, esta situación no sólo afecta al grupo de los rohingya. Los ciudadanos de Bangladés también declaran que no se puede seguir manteniendo esta situación. Aunque fueron los primeros en ofrecer su ayuda a los refugiados, ahora piensan que ya es hora de que los rohingya vuelvan a sus casas.

Muchos de ellos se han visto expropiados por el propio gobierno para poder acoger a los refugiados sin recibir compensación alguna. También han visto perjudicada la economía, ya que debida su situación contratan más a los rohingya porque aceptan salarios menores. Incluyendo el factor medioambiental por la deforestación del espacio ocupado por los exiliados que antes eran campos de cultivo o zonas vírgenes verdes, por lo que incluso se hace difícil respirar tras haberse convertido en una zona llena de humo constante.

Lo que proponen los afectados es que se debería haber repartido la acogida de refugiados por el país en vez de concentrarlos en una zona, culpando a su gobierno de no haberlo hecho mejor. El verano de 2017 también marcó para los bangladesíes un antes y un después en sus vidas.

Pero el deseo de los rohingya no es el de permanecer en Bangladés para siempre, ya que su condición en los campamentos tampoco es la más idónea. Son los primeros que quieren volver a Myanmar, pero no lo harán hasta que no se les garantice su seguridad y sus derechos como ciudadanos, ya que a su vuelta serían tratados como inmigrantes ilegales de Bangladés.

Pilar Calatayud Hernández

Pilar Calatayud Hernández

Graduada en Lenguas Modernas y sus Literaturas, Máster en La UE y el Mediterráneo en la Universidad Complutense de Madrid (UCM). Estudiante del idioma y la cultura coreana e investigadora de temas relacionados con la península.

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