El coronavirus, una seria advertencia política para el Gobierno chino

Madrid. El descontento social tras la muerte de Li Wenliang, el médico que fue silenciado tras alertar a finales de diciembre del brote del coronavirus, ha provocado una ola de indignación en China que ha supuesto una inusitada actividad en las redes sociales que han criticado con dureza al Gobierno chino cuando el galeno advirtió de la epidemia y fue obligado a callar y no extender rumores, una realidad que recuerda hechos pasados con asuntos tan graves como lo sucedido en las manifestaciones de Tiananmen y que poco después la propia censura gubernativa bloqueó definitivamente todo lo sucedido.

Precisamente la muerte de Li Wenliang desencadenó una serie de protestas sin precedentes en el país a raíz de cómo se ha gestionado la crisis del coronavirus, y lo más preocupante son las dudas que aún existen en torno a la auténtica veracidad de los hechos, y en ocasiones cuando un pueblo se despierta de su letargo las consecuencias son imprevisibles.

Cada vez son más impermeables las redes sociales, no hay visados de entrada y salida, las informaciones al final llegan y es rotundamente llamativo pese al control del “Weibo”, el Twitter chino, como se podía leer el “hashtag”: “Quiero libertad de expresión”, que sumaba miles de comentarios. “El Dr. Li Wenliang ha fallecido”, sumaban más de 670 millones de visitas y mensajes críticos contra el gobierno chino por la tardía reacción para detener la propagación del coronavirus, una importante advertencia que no puede pasar desapercibida.

Es decir, todo este movimiento de las redes sociales no se daba a finales de los ochenta ni a principios de los noventa, pero la sociedad china ha cambiado mucho y para bien, con un enorme desarrollo, y ahora ocultar cualquier negligencia estatal para evitar las protestas puede resultar realmente peligroso y más cuando China quiere ser la primera potencia mundial.

El dinero chino está en todos los rincones posibles, y así, de momento, seguirá, pero esta crisis del coronavirus ha incendiado las redes y al mismo tiempo ha creado una incertidumbre ante el desconocimiento de soluciones tangibles y ante la falta de una vacuna eficaz, pero es obvio que el Gobierno chino es consciente que si se produjera un descontento social en el país por la falta de transparencia Pekín tendría dificultades para controlar a cientos de ciudadanos, cada vez más preparados, pero que ve el daño inmenso de la epidemia y que necesitan un Ejecutivo que no les oculte absolutamente nada de nada. El descontento podría empezar por aquí.

Hong Kong políticamente ha sido y sigue siendo una referencia importante para el régimen chino, pues lo hongkoneses temen que Pekín siga inmiscuyéndose cada vez más en todo lo que emana del acuerdo entre el Reino Unidos y China en 1997 que permite a la isla disfrutar de unas libertades que no hay en China continental al menos hasta 2047, un periodo largo que serviría para que nuevas generaciones de la antigua colonia británica beban de un modelo político que por ahora no se vislumbra en la República Popular China y que también teme que pudiera penetrar en la China continental.

Y lo mismo pasa con la situación en Taiwán. La abultada victoria de la independentista taiwanesa Tsai Ing-wen, en enero pasado, que renueva su segundo mandado como presidenta de Taiwán, no sólo consolida la democracia en la isla, sino que incrementará la tensión entre Taipéi y Pekín, pues el modelo de un “un país dos sistemas” no lo aceptan los taiwaneses, pero que sirve para analizar que China no quiere por ahora nuevos ensayos democráticos, de ahí la importancia para el Ejecutivo chino y para el Partido Comunista de China (PCCh) de evitar situaciones como la ocurrida con la del médico Li pues la sociedad china demanda información, transferencia y soluciones, lo que no ocurrió en 1989 con los graves hechos de Tiananmen y sin olvidar, pese a que todo está bien sujeto en el organigrama político, el Tíbet y la región de Xinjiang.

El coronavirus ha alertado a la comunidad internacional y al mismo tiempo ha dejado dentro del país una situación que Pekín no quiere que se le vaya de las manos, pero lo que sí ha evidenciado la epidemia que la sociedad china no es la de antes, que quiere estar informada sin censura alguna y expresarse libremente para evitar situaciones como la que ha originado la muerte del galeno Li, quien sólo pretendía informar y ayudar para erradicar un mal que al final le ha arrastrado a la muerte y encima las autoridades chinas le obligaron a “callarse”.

Eso sí, volver a la normalidad no será nada fácil. Los fallecidos ya superan los mil y los infectados están en torno a los 43. 700, mientras la economía sufre unas consecuencias globales cuando China es el epicentro del mundo, y como señala el Fondo Monetario Internacional (FMI), el 40 por ciento de la expansión económica mundial ha sido precisamente por China, la segunda economía del planeta. Y hay 600 firmas españolas en China.

Santiago Castillo

Santiago Castillo

Periodista, escritor, director de AsiaNortheast.com y experto en la zona

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