El Ártico se refuerza militarmente: Rusia, China y EEUU compiten por su hegemonía

Madrid. El Ártico se ha convertido en un foco geopolítico y económico de las grandes potencias mundiales, una zona que pese a su difícil acceso se está militarizando cada vez más. Tanto, que si China y Estados Unidos compiten por su hegemonía, ahora la OTAN refuerza su presencia marítima en plena tensión con Rusia y con Pekín cada vez más interesada en su presencia en el océano.
La OTAN valora cada vez más la importancia estratégica del Ártico y el Alto Norte en medio de tensiones dentro de una realidad muy polarizada geopolíticamente que irá a más cuando se está observando cómo el deshielo marino está abriendo nuevas rutas permitiendo el acceso a recursos naturales que hasta hace poco eran muy inaccesibles pero que está proporcionando una mayor presencia militar en la zona que ha visto como Rusia y China incrementan su interés.
El Ártico ha originado un incremento de las tensiones por controlar las rutas marítimas en la región y la OTAN sabe su importancia estratégica y de ahí que sus capacidades navales y áreas sigan reforzándose en la zona. El Ártico despierta interés en distintos países como ahora Rusia y la pujanza de China en la zona, donde la Alianza Atlántica se ve bien representada con países miembro del organismo atlántico como Canadá, Dinamarca (por las islas Feroe y Groenlandia, que quiere apoderarse Donald Trump), Finlandia, Islandia, Noruega y Suecia, que tienen su presencia territorial dentro del Círculo Polar Ártico, así como EEUU.
El Ártico se ha calentado casi cuatro veces más rápido que el resto del planeta en las últimas décadas, según los investigadores. Eso ha permitido aumentar el número de viajes en latitudes altas realizados por barcos en esta zona. Se estima que la Ruta del Mar del Norte (NSR, por sus siglas en inglés, y también conocida como Paso del Noreste) reduce el tiempo de transporte entre Europa y Asia hasta en un 40 %. Esto significa una travesía de 33 o 35 días frente a los 45 que se tardan por el canal de Suez -ruta en la que, además, los mercantes han sufrido ataques de los hutíes de Yemen– o los 55 que supone circunnavegar el cabo de Buena Esperanza, al sur del continente africano, con lo que ello implica también en costes de combustible. Algunos científicos predicen que el Ártico podría tener un verano sin hielo ya en la década de 2030, lo que hace que las grandes potencias comerciales estén empezando a salivar.
China y Rusia llevan muchos años con el radar puesto en esta región, rica en materias primas como cobre, litio, cobalto y tierras raras, todos ellos minerales críticos para sus economías y seguridad nacional en su búsqueda constante por la denominada autonomía estratégica.
En concreto, el desarrollo de los recursos del Ártico es clave para el Kremlin, ya que estos territorios suponen la décima parte de su Producto Interior Bruto y el 20 % de sus exportaciones. Rusia es el único país que tiene buques civiles de propulsión nuclear, 12 rompehielos de un total de 40 en su base de Mursmank, situada en el extremo noroeste del país, en la costa norte de la península de Kola, frente al mar de Barents. Estos son la capacidad clave para el control de la navegación por la Ruta del Mar del Norte. A la sazón, Rusia es geográfica, histórica y económicamente la potencia dominante del Ártico. Pero, sin embargo, desarrollar la infraestructura civil y militar y explotar recursos del fondo marino del Ártico le exige a Rusia un gran esfuerzo presupuestario. Se trata de una empresa que no puede acometer en solitario.
China, que tiene un PIB diez veces superior al de Rusia, ha visto también el gran potencial de esta región para su economía. De ahí, que en la última década haya estrechado su colaboración con Rusia, que exporta carbón y petróleo al gigante asiático a través de esa ruta. Producto de esa sintonía, ambas naciones han llevado a cabo maniobras militares conjuntas en la zona. En octubre del año pasado, la guardia costera china navegó junto a la Armada rusa en aguas internacionales del estrecho de Bering y tres meses antes fuerzas estadounidenses y canadienses habían ya detectado ejercicios de bombarderos rusos y chinos cerca de Alaska.
El hecho de que Suecia y Finlandia hayan entrado en la órbita de la OTAN ha sido visto por Moscú como una amenaza y no ha dudado en hacer demostraciones de su poderío en la región junto con su aliado chino, con quien en 2021 renovó su Tratado de Buena Vecindad y Cooperación Amistosa, de 20 años de antigüedad, que en Rusia calificaron de «acto de amistad contra América».
Todo esto preocupa a Estados Unidos, consciente de que su principal rival en el tablero geopolítico, China, se ha colado en su «patio trasero septentrional», tal y como apuntaba recientemente un informe del banco danés Danske Bank. Bajo ese enfoque debe entenderse la ambición cada vez más vocal que el presidente estadounidense viene mostrando desde 2019 por anexionarse «de una forma u otra» Groenlandia, que además de ser un enclave estratégico «vital» para la seguridad de Estados Unidos, se estima que atesora una cuarta parte de los depósitos de tierras raras del mundo, esenciales para la fabricación de coches eléctricos y turbinas eólicas.
En la actualidad, hay una carrera militar por el control del Ártico en la que se aprecia un interés sino-ruso manifiesto por liderarla y de Estados Unidos por no quedarse más rezagado aún, lo que le ha llevado a recalcular el valor geoestratégico de Groenlandia.
Y es que nadie da puntada sin hilo. El Banco Mundial prevé que la demanda para producir minerales, muchos de los cuales se encuentran en el Ártico, podría aumentar en caso un 500 % para 2050 para cubrir las necesidades de las tecnologías de las energías limpias. Así pues, con el fin de apuntalar su posicionamiento en la región, Estados Unidos ya trabaja en la construcción de una flota de 40 buques rompehielos después de 50 años sin fabricarlos.
El Ártico, en suma, representa una región de vital importancia para China, que posee la mayor flota mercante del mundo para el comercio, ya que, de otro modo, las exportaciones a Europa deben pasar por el canal de Suez, mientras que las dirigidas a Estados Unidos deben transitar por el canal de Panamá. El taponamiento de cualquiera de estas dos arterias marítimas puede ocasionar un caos económico, como sucedió cuando en 2021 el buque portacontenedores Ever Given, que viajaba desde el puerto de Tanjung Pelepas, en Malasia, al puerto de Róterdam, en Países Bajos, encalló en el canal de Suez.
China se declaró en 2018 como un «Estado cercano al Ártico» tras comprometerse a invertir en esta parte del mundo 90.000 millones de dólares en una década, tres veces más que en África en el mismo periodo. En 2020, Rusia designó la región como una Zona Económica Especial y ofreció al país asiático sustanciosos incentivos fiscales.
En definitiva, nos encontramos ante un escenario complejo e incierto, en el que es perfectamente posible una escalada de las tensiones entre las grandes potencias que, bajo la excusa de su seguridad estratégica, ambicionan el control del Ártico. Si bien por ahora la región parece más un campo de rivalidad geopolítica silenciosa, con el paso de los años, siendo realistas y atendiendo a otros múltiples ejemplos en la Historia, no se puede descartar absolutamente que la situación derive en un frente de guerra abierta.







