Trump insiste en verse con su «amigo» Kim Jong-un pero no habrá avance nuclear

Madrid. Donald Trump insiste en verse con su «amigo» Kim Jong-un, pero sabe que el programa nuclear del régimen norcoreano no se toca. El presidente de Estados Unidos, que va de lío en lío, ahora al saltarse las sanciones económicas a Rusia al comprarle millones de toneladas de diésel barato y aliviar los precios del petróleo antes de las elecciones del 3 de noviembre a la Cámara de Representantes. Diésel barato para contentar así a la sociedad estadounidense, harta de los vaivenes del inquilino de la Casa Blanca, culpable de los altos precios del combustible.
Mientras, la guerra de Ucrania sigue en ebullición, el desastre de Irán origina que los precios del petróleo se disparen, el conflicto de Oriente Medio tense la geopolítica mundial, la pugna hegemónica entre EEUU y China se encuentra en ‘standby’ y el líder norcoreano no valora la persistencia de Trump para hablar de la desnuclearización de la península coreana, un asunto prohibitivo en el régimen de Pyongyang.
El presidente ucraniano, Volodymyr Zelenski, ha asegurado que quiere garantías de seguridad sin entrar en la OTAN para cualquier acuerdo de paz con Vladímir Putin, pero Trump quiere ver arrodillado a Zelenski con su apoyo a Rusia, y lo mismo pasa con Irán, otra de las bestialidades del presidente estadounidense, y todo radica ahora en que la diplomacia trabaja a destajo para evitar nuevos enfrentamientos en la guerra entre EEUU e Irán, con una enorme inestabilidad en los precios del crudo, pero a Trump, dado que a Benjamín Netanyahu no le puede parar los pies, lo intenta con Kim Jong-un para ver si le arranca algo que acaricie una mínima esperanza en la reducción del programa nuclear norcoreano.
Donald Trump ve posible reunirse con su «amigo» Kim durante su visita a Asia con motivo de la cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), del que China es el anfitrión, que se celebrará los días 18 y 19 de noviembre en la ciudad de Shenzhen, en la provincia de Guangdong, pero el líder norcoreano no se va a desplazar para verse con Trump, además Pyongyang mantiene su postura de no reanudar las conversaciones sobre desnuclearización y ahora que Corea del Norte ha reforzado sus vínculos con Rusia y ha reactivados sus buenas relaciones con China sería una cita abocada al fracaso con el único interés de Trump de mejorar su nefasta política internacional y más cuando actualmente al régimen norcoreano no le interesa crear expectativa alguna de confianza y normalidad con Washington.
La idea de Donald Trump es reunirse con Kim Jong-un en noviembre es un claro intento por retomar la relación que ambos mantuvieron durante su primer mandato. Trump aseguró que es importante «llevarse bien» con Kim y afirmó que Pyongyang posee 57 armas nucleares «muy poderosas», en medio de la preocupación de los aliados de Washington.
Corea del Norte vive políticamente un momento dulce y económicamente atraviesa su mejor periodo en años. El líder norcoreano no va a reducir su arsenal nuclear al ser su mejor escudo protector para su régimen y la continuidad de la dinastía familiar, la cual en esta semana ha tenido mucho trabajo ante los rumores de la muerte Kim Jong-un. Corea del Norte está más fuerte al reforzar sus lazos con Rusia y reavivar su relación con China, por lo que a Kim las pretensiones de verse con Trump se reducen a la nada, y más si ello trae cierta confianza y normalidad que pudieran originar posteriores encuentros o debates sobre un asunto tabú para Pyongyang. La confianza es clave en política. Kim Jong-un sabe de qué va esto. Y sabe también que nadie va a «liquidar» su régimen. Sus enemigos no están fuera sino dentro de su pueblo si algún día pudiera hablar y de ahí al rechazo de abrirse para originar confianza, una confianza que debería servirle a Kim para un consenso exterior y así garantizar su seguridad interior.
Trump considera muy importante reunirse con Kim, pues los deseos por apaciguar el programa nuclear norcoreano pueden resultar tan fracasados como los que suele idear para poner fin a los conflictos que él mismo origina o apoyar a Putin en una guerra que el culpable fue el presidente ruso o detener la sangría que lleva a cabo Netanyahu. Trump ha presionado a sus asesores para ese encuentro, lo que no se produce desde 2019 cuando las conversaciones se interrumpieron a causa de la propuesta de EEUU sobre la desnuclearización de Pyongyang.
El presidente estadounidense está preocupado por el resultado de las elecciones del próximo 3 de noviembre a los 435 escaños de la Cámara de Representantes y 35 de los 100 del Senado que pueden suponer una derrota de los republicanos y con ello mermar el poder y control que hasta ahora tiene el Partido Republicano en las dos cámaras del Congreso. Y claro buscar un golpe de efecto con su «amigo» supone enfrentarse a la impredecible realidad de Pyongyang y a su absoluto rechazo de negociar su estatus nuclear.
En realidad, tal vez cuando más preocupación tuvo Kim Jong-un fue a raíz del ataque de Israel a Irán o los bombardeos estadounidenses a Irán. Trump estaba fuera de control y pensaba que caería el régimen de los ayatolas. Unos ataques que sembraron mucho escepticismo, no arreglo nada y económicamente los precios del petróleo se dispararon. La guerra de Irán sigue y Teherán continúa fusilando a sus ciudadanos e Israel más de lo mismo, pero Trump sabía y sabe que bombardear un centro de operaciones nucleares norcoreano no resulta fácil.
Trump se empeña en lograr la cita con el líder norcoreano pero una posible entrevista entre Kim Jong-un y Donald Trump está abocada al fracaso.







