Trump tensa las relaciones entre China y Taiwán al bloquear la escala del presidente taiwanés en Nueva York

El presidente estadounidense, Donald Trump. | Gage Skidmore, Flickr
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Madrid. Los taiwaneses comienzan a desconfiar cada vez más de Donald Trump e incluso casi un 60 por ciento de sus ciudadanos están convencidos de que posibles acuerdos entre Pekín y Washington perjudicarían más a los intereses de la isla, que ha visto cómo a su presidente, Lai Ching-te, le han impedido que hiciera escala en Nueva York de camino a Paraguay, Guatemala y Belice, naciones que reconocen a Taiwán como país soberano, una decisión en consonancia con la presión de China, las actuales negociaciones comerciales entre las dos primeras potencias mundiales y una posible visita de Trump a Xi Jinping.

De momento, todo parece indicar que Lai Ching-te retrasará ese viaje debido a los daños causados por un tifón y por las nuevas lluvias torrenciales que sufre Taiwán, un viaje diplomático pero con una enorme carga emocional desde el punto de vista político, dada la posible escala en Estados Unidos, un viaje aplazado, sin fecha determinada, y a la espera de nuevos acontecimientos, pero el hecho de que haya suscitado la controversia del viaje a Centroamérica esa escala en la capital neoyorquina, ha vuelto a resucitar la tensa relación entre Taipéi y Pekín con la equidistancia de Trump, que a diferencia de su predecesor, Joe Biden, siempre manifestó su predisposición a ayudar militarmente a Taiwán en caso de un ataque chino.

No obstante, la República Popular China, pese a sus presiones para seguir aislando a Taiwán, no va ni atacar ni invadir por ahora a la República de China (Taiwán), a 180 kilómetros al este de China. Por una parte, ni militar ni económicamente le interesa y, por otra, la guerra de Ucrania ha servido para poner al día las múltiples circunstancias de todo signo que ello conllevaría y tampoco estaría asegurado que Trump se quedara con los brazos cruzados viendo cómo Pekín aumenta su hegemonía en el Pacífico. En suma, Taiwán sigue siendo el rincón que bloquea a la «Gran China».

China quiere incorporar a Taiwán a la República Popular China antes de 2049 o como tope en esa fecha histórica del centenario de la fundación del país, mientras el presidente estadounidense quiere quedarse con los chips taiwaneses, pues en una de sus estrambóticas declaraciones llegó a acusar a Taipéi de haberles «robado» el negocio de los chips a EEUU y expresó su intención de recuperarlo, de ahí que en su momento insinuara de que producirse una ofensiva de Pekín contra la isla Washington podría no salir en defensa de Taiwán, y recalcó: «Nos quitó nuestro negocio», al referirse a la industria de los semiconductores.

Sea lo que fuera, por ahora está lejos un conflicto bélico en Taiwán entre EEUU y China, país cuyo desarrollo militar sigue creciendo, pero Taiwán históricamente forma parte de la idiosincrasia estadounidense desde el desde el final de la guerra civil china en 1949, cuando los nacionalistas del Kuomintang perdieron la contienda bélica contra las tropas de Mao Zedong y se establecieron en Taiwán con el visto bueno de EEUU, el principal suministrador de armas de Taiwán y que sería, según expertos, su mayor aliado militar en caso de un conflicto bélico con China, que pese a acorralar a la isla, por ahora no la va a invadir.

Los roces entre EEUU y China, cuyo Gobierno ha definido la cuestión de Taiwán como una línea «roja» en las relaciones entre las dos primeras potencias mundiales, no han sido baladís, pero es obvio que durante más de siete décadas EEUU está en una disputa con el «gigante asiático» notorio, dado que es el principal suministrador de armas a Taipéi y, aunque no mantiene relaciones diplomáticas con la isla, podría defenderla en caso de un conflicto con Pekín, en opinión de distintas fuentes. Washington, a pesar de que no reconoce a Taipéi como un Estado independiente y se adhiere a la política de «una sola China», ha continuado siendo el principal patrocinador internacional de la isla y su gran proveedor de armas.

No obstante, la Administración Trump sigue comprometida con la política de una sola China que el Gobierno mantiene desde hace tiempo y que tiene sus raíces en la Ley de Relaciones con Taiwán dentro de los acuerdos diplomáticos conjuntos con Pekín y en las promesas formuladas desde hace tiempo con el Gobierno en relación con Taiwán y China. Estados Unidos y el Gobierno taiwanés han logrado mantener buenas relaciones con las grandes democracias de Occidente, que respaldan su ‘statu quo’ pero que no se atreven a dar un paso más -reconocimiento diplomático oficial- por miedo a enfurecer demasiado a Pekín.

La propia Oficina de Representación Económica y Cultural de Taipéi en Washington, que sirve como embajada de facto, se refirió al ahora aplazado viaje de Lai Ching-te en un comunicado en el que señala que «actualmente el presidente no tiene planes de visitas al extranjero en el futuro cercano». Pero eso sí, tal como indica Bonnie Glaser, experta en China y Taiwán en el German Marshall Fund, la decisión de Estados Unidos sugería que «Trump quiere evitar irritar a Pekín mientras están en curso las negociaciones entre Estados Unidos y China sobre la nueva política de aranceles y se están preparando para una posible cumbre con Xi Jinping».

Y pese al temor por la falta de apoyo de EEUU a Taiwán con esta cancelación de la posible escala del presidente taiwanés, ya anulado su viaje, pero la preocupación en la ciudadanía taiwanesa no ha desaparecido, que ven a Trump muy interesado en no «molestar» a Pekín para que no se vean afectadas sus conversaciones comerciales en curso.

Pero, sin embargo, EEUU y Taiwán en sus conversaciones comerciales y sobre aranceles han terminado bien entre Taipéi y Washington con un consenso entre ambas partes sobre aranceles, barreras comerciales no arancelarias y con «resiliencia de las cadenas de suministro», un consenso adecuado, cuya tarifa es idéntica a la impuesta sobre las compras de bienes japoneses, es decir, la misma a la que aspira Taiwán, que desde el inicio de las conversaciones con Washington se ha mostrado dispuesta a aumentar la adquisición de bienes estadounidenses y las inversiones en Estados Unidos, así como a eliminar gravámenes y otras barreras comerciales, un consenso que coincide al mismo tiempo con el habido también de EEUU con Corea del Sur que llegaron a un acuerdo en materia comercial, por el que se reducen del 25 al 15 % los aranceles que pesarán sobre los productos surcoreanos a partir del 1 de agosto.

Y, por último, China y la península coreana son todavía rincones del mundo en los que la división del país sigue vigente.

Santiago Castillo

Periodista, escritor, director de AsiaNortheast.com y experto en la zona

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