Asia amenaza las reservas de gas de Europa (I): La batalla por el GNL que se libra en alta mar

Madrid. En marzo de 2026, el metanero BW Brussels navegaba por aguas del Atlántico hacia Europa tras cargar gas natural licuado (GNL) en la terminal de Bonny Island, en Nigeria, pero inopinadamente cambió de rumbo, poniendo proa hacia el sur, en dirección al cabo de Buena Esperanza. El buque, que transportaba 71.000 toneladas de GNL, viraba hacia los mercados asiáticos por su mayor atractivo económico.
La coyuntura geopolítica internacional era la responsable. El conflicto entre Estados Unidos e Irán interrumpió los suministros procedentes de Catar tras los ataques a instalaciones en el complejo industrial de Ras Laffan. Además, las dificultades para transitar el estrecho de Ormuz, que canaliza aproximadamente una quinta parte del suministro mundial de GNL, obligaron a buscar cargamentos alternativos a compradores como China, Japón o Corea del Sur. Asia absorbe alrededor del 80 % de los flujos energéticos que salen del golfo Pérsico a través de esta vía marítima.
La pérdida temporal de esas entregas hizo subir rápidamente el precio asiático y abrió una ventana de arbitraje desde el Atlántico hacia Asia. El propietario comercial del cargamento tuvo entonces que comparar dos opciones: la primera era mantener la ruta hacia Europa y vender el gas tomando como referencia los precios europeos; la segunda consistía en prolongar el viaje, rodear África y entregar el gas en Asia, donde los compradores estaban ofreciendo una prima mayor. Si la diferencia entre el precio asiático y el europeo cubría el coste adicional del combustible, el alquiler del buque, los días extra de navegación y las pérdidas de gas por evaporación, desviar el barco resultaba económicamente más rentable.
Esta operativa es propia de un mercado flexible, en el que el gas puede seguir cambiando de propietario y de destino mientras el metanero está en alta mar. Y el caso del BW Brussels no fue aislado. Otros dos barcos, el Simsimah y el Clean Mistral, con cargamentos estadounidenses, también modificaron su trayecto inicial en dirección a las costas europeas para dirigirse al Atlántico Sur y doblar el cabo de las Tormentas, también rumbo a Oriente.
Este episodio muestra que la competencia entre Asia y Europa puede complicarle mucho las cosas al Viejo Continente en términos de almacenamiento de gas de cara al próximo invierno. Las hostilidades entre Irán, Estados Unidos e Israel se han trasladado a los precios del GNL en el mercado spot, en el que el combustible se compra y vende para su entrega inmediata. Y aunque es probable que el encarecimiento de dicho mercado frene las compras chinas, difícilmente disuadirá a otros importadores asiáticos, especialmente a países con mayor capacidad adquisitiva que pagan una prima, como Japón, Corea del Sur y Singapur, que, además, están sustituyendo el GNL de Catar por el suministro procedente de Estados Unidos, el mayor exportador mundial de GNL.
En junio, Europa recibió por primera vez en casi dos años menos de la mitad de las exportaciones estadounidenses de GNL, debido a que los precios más elevados en Asia y las importaciones récord de Egipto desviaron cargamentos.
Las importaciones asiáticas de GNL en julio alcanzaron su nivel más alto en seis meses, tras crecer un 6 % respecto a junio. China, el mayor comprador mundial de GNL, ha incrementado sus importaciones en los últimos meses, mientras Estados Unidos e Irán han seguido intercambiando ataques, reduciendo drásticamente al tráfico marítimo por el estrecho de Ormuz.
No obstante, China tendrá un papel de bisagra, ya que es el factor más imprevisible: cuando los precios suban recurrirá más al carbón, al gas doméstico o al gasoducto ruso, y cuando bajen, reaparecerán sus compras y engullirá rápidamente partidas de GNL que Europa necesita para llenar sus almacenamientos subterráneos. La consultora Kpler estimaba una demanda china de unos 73 millones de toneladas en 2026. En cualquier caso, la demanda estacional de refrigeración asiática permanecerá por ahora intacta, con unas temperaturas superiores a la media, así que todo seguirá más o menos igual.
Europa, por su parte, necesita comprar durante el verano no tanto para atender el consumo inmediato como para recuperar aprovisionamientos antes del invierno, en un momento especialmente delicado en el que no tiene plenamente asegurado su abastecimiento de gas. La consultora KPMG señala que el abandono gradual del gas ruso, cuyo embargo comercial debe empezar a aplicarse el 1 de enero de 2027 por la política de la Unión Europea contra Vladimir Putin tras la invasión de Ucrania, coincidirá con unas reservas europeas históricamente bajas para esta época del año.
España tampoco se libra de esta encrucijada energética. Según un análisis de KPMG, durante el primer semestre estaban previstas 145 descargas de GNL, pero solo se materializaron 125. En junio llegaron únicamente 12 barcos de los 21 previstos. De hecho, estos riesgos han fomentado el acercamiento entre España y Argelia tras la disputa diplomática de los últimos años por el inesperado giro del gobierno español a favor del plan marroquí de autonomía para el Sáhara Occidental. En ese contexto hay que entender la visita del presidente español, Pedro Sánchez, a Argel en julio, con el objetivo de allanar el camino para aumentar el suministro del país norteafricano, tanto en forma de GNL como a través del gasoducto Medgaz, que conecta las instalaciones de compresión de gas de Beni Saf, en la costa argelina, con Almería, a través del Mediterráneo.
«Europa afronta una difícil carrera por asegurarse el suministro de GNL», afirmaba a finales de julio ‘The Wall Street Journal’. A comienzos de agosto, los inventarios en Europa se situaban en el 57,1 %, los más bajos para esta época del año desde que empezaron los registros en 2008. Con esos niveles, «los mercados temen que Europa tenga dificultades para reponer sus reservas antes de la temporada invernal de calefacción», advertía este periódico.
Pese a todo, Wood Mackenzie, consultora especializada en materias primas, espera que la demanda de GNL de Asia-Pacífico caiga un 4,1 % este año, con lo que sería el segundo descenso anual consecutivo, después del máximo de 278 millones de toneladas registrado en 2024, un descenso que se concentraría en países del nordeste asiático como China, Japón, Corea del Sur y Taiwán.
En el caso de China, prevé que las importaciones disminuyan de 66,4 millones de toneladas en 2025 a 62,4 millones en 2026 y que la utilización de las terminales de regasificación caiga hasta solo un 29 %, pese a que el país dispone de 218,3 millones de toneladas anuales de capacidad. Sin embargo, este mismo informe revela una realidad regional muy desigual. El sudeste asiático sí incrementará sus compras, que pasarían de 27 millones de toneladas en 2025 a 31 millones en 2026, y alcanzarían 39 millones en 2028.
Aunque resulte paradójico, Asia en conjunto comprará menos GNL este año, pero la necesidad de sustituir cargamentos cataríes intensificará la pelea por el GNL estadounidense. En otras palabras, Asia no necesita registrar un crecimiento anual récord de la demanda de gas para competir con Europa; basta con que varios grandes compradores regresen simultáneamente al mercado spot durante el verano, por el calor, la reposición de inventarios o la pérdida de gas de los emiratos, y ofrezcan una prima suficiente para desviar metaneros.
Esto no significa que los hogares europeos se vayan a quedar sin gas. Lo que podría suceder es que entren en la temporada de calefacción con un colchón insuficiente y Europa tenga que comprar más GNL durante el propio invierno a precios mucho más altos. Wood Mackenzie calcula que, incluso en un escenario relativamente favorable, las reservas europeas podrían alcanzar solo alrededor del 75 % el 1 de noviembre, muy por debajo del promedio de los últimos cinco años, cercano al 90 %. Si las restricciones de suministro procedentes de Oriente Próximo se prolongan, el nivel podría quedar por debajo del 70 %.
El GNL ya representa aproximadamente la mitad de las importaciones de gas europeas y una parte significativa de los volúmenes adicionales se adquiere en el mercado spot. ACER, la Agencia de la Unión Europea para la Cooperación de los Reguladores de la Energía, advierte precisamente de que la mayor dependencia de este combustible ha mejorado la diversificación europea, pero también ha elevado su exposición a los precios internacionales y a la disponibilidad de cargamentos estadounidenses.







