La victoria «aplastante» de la nipona Sanae Takaichi rememora tiempos pasados

Madrid. La memoria histórica con una visión revisionista del pasado y con un profundo contenido nacionalista ha servido para que la primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, del Partido Liberal Democrático (PLD), haya obtenido un triunfo «aplastante» en los recientes comicios legislativos que le facilita aplicar su deseado plan económico, reforzar las Fuerzas de Autodefensa de Japón (Fuerzas Armadas) y en especial reformar la Constitución nipona.
Sanae Takaichi ha salido muy reforzada en estas elecciones anticipadas, del pasado fin de semana, en las que su popularidad ha proporcionado a su partido del PLD una histórica mayoría de dos tercios en la Cámara Baja, que le otorga la libertad necesaria para sacar adelantes sus políticas económicas y su ya ansiada revisión constitucional, dado que junto a su socio, el Partido de la Innovación de Japón (Ishin no kai), la primera ministra logró 352 escaños de los 465 diputados que componen la Cámara Baja.
Además de estas prioridades políticas y económicas, la primera ministra nipona sabe la importancia de sus relaciones con China, cuyas autoridades no han dejado de «quejarse» tras las tensiones habidas a causa de los vínculos bilaterales que han sostenido Tokio y Taipéi, aunque Takaichi ha reiterado que mantener un «intercambio de opiniones» con Pekín beneficia al interés nacional, por lo que abogó por continuar comunicándose «a diferentes niveles» con la República Popular China, país que ha criticado en los últimos meses distintas afirmaciones de políticos japoneses sobre un eventual conflicto en Taiwán.
Pekín acusó a Japón de interferir en sus asuntos internos, lo que supuso protestas diplomáticas y distintas medidas de presión económica y política, pero Taipéi apoyaría a los taiwaneses en caso de que China invadiera la isla, dijo Takaichi, lo que alentó a los nacionalistas nipones. Para Tokio, la estabilidad del estrecho de Taiwán es esencial para su seguridad nacional,
Pese a todo, China sigue siendo el principal socio comercial de Japón, con importantes cadenas de suministros industriales y tecnológicas, de ahí que cualquier quiebra entre los dos países a nivel económico el beneficio para ambos es nulo, pues acaban de celebrarse unos comicios legislativos y obviamente siempre hay un mínimo resquicio para tocar temas sensibles que oriente al electorado en una u otra posición política. Es posible que la abultada victoria de Sanae Takaichi distancie aún más la posibilidad de una desescalada de la tensión con China, aunque será difícil que las represalias de Pekín vayan más allá del ámbito económico y eso es cierto. Taiwán es una línea roja para Pekín, y lo ha dejado siempre muy claro. Pero la mayor preocupación de Pekín radica ahora en el mayor acercamiento entre Japón y Estados Unidos en todo lo relacionado con Taiwán y otros asuntos de carácter militar.
Las exportaciones chinas a Japón han crecido un 1,81 por ciento hasta 13.500 millones de dólares a lo largo de 2024, impulsadas por ordenadores y baterías eléctricas, y también han crecido las importaciones chinas que aumentaron un 20,9 por ciento en el mismo periodo llegando a los 16.000 millones de dólares.
En estas elecciones legislativas se han mezclado todo, siempre condicionando una realidad que al final no es tal, pues en la campaña electoral se trata de sondear al electorado, pero en estos momentos con la tensión política por medio, caso Taiwán, la economía es la que manda y en ello están de acuerdo los dos países, pero otras cuestiones como reforzar las Fuerzas Armadas, revisar su Constitución pacífica, nacida, tras la derrota de Japón en la Segunda Guerra Mundial (IIGM) o desarrollar su capacidad nuclear son asuntos que a Pekín le incomodan, pero la primera ministra no se amilana ante China y está convencida de cumplir todo lo que ha propuesto en estos comicios, moleste a quien moleste, aunque nunca a Donald Trump, que sabe que las políticas de Takaichi, en su rivalidad con Pekín, siempre le van a favorecer.
Trump, pese al enfado de China, no se va a oponer a que Takaichi reforme el pacifista artículo 9 de la Constitución japonesa para incluir el papel de las Fuerzas de Autodefensa (Ejército) en la Carta Magna, una posición que en noviembre pasado provocó la ira de Pekín cuando la primera ministra aludió, en una sesión parlamentaria, que un posible ataque chino contra Taiwán podría obligar a Japón a activar a sus tropas. No obstante, Takaichi también tendría un amplio respaldo social dado el notable giro conservador de una sociedad nipona cada vez más envejecida y enormemente preocupada por su propio bienestar. Pero también Europa experimenta cada vez más posiciones hacia postulados más conservadoras y de derecha.
Por todo ello, el hecho de que ahora existan riesgos identitarios con las nuevas políticas de Takaichi puede originar conflictos de difícil gestión, dado que los cambios en las normas sociales tradicionales niponas están presentes. Y habría que analizar pormenorizadamente como los más jóvenes han votado al PLD, pero Takaichi les da seguridad por su claridad y contundencia, sobre todo cuando el mundo global no anda bien, el multilateralismo cojea y cuando también Europa cada vez se cuestiona más la inmigración como ocurre en Japón, que necesita urgentemente mano de obra extranjera debido a su crisis demográfica, una sociedad que un tercio de la población tiene más de 65 años, pero el aumento anti-inmigración es notorio. Japón ve con poca simpatía los extraños hábitos de los extranjeros.
El militarismo de Japón crece pero no puede dejar de lado la economía. Takaichi, de 65 años, que superaba el 70 por ciento de popularidad antes de estos comicios legislativos, tiene cada vez más acercamiento en sus postulados económicos a su mentor, el fallecido Shinzo Abe, pero la «takaichimanía» es una realidad que va a estar unos cuantos años operativa en las políticas económicas niponas. La primera ministra anunció la suspensión durante dos años del impuesto del 8% sobre los alimentos, pero todo irá acompañado de un paquete de subvenciones por valor de 130.000 millones de euros para sufragar, entre otras partidas, el gas y la electricidad.
Lo que sí es cierto que el nuevo programa económico de Takaichi causa inquietud en los mercados financieros, sobre todo viendo la falta de crecimiento económico. La primera ministra es partidaria de una política fiscal que reactive la economía y estimule el consumo interno. Una victoria electoral que le sirve como respaldo para tener más margen de maniobra para poder gastar en estímulos que apoyen el crecimiento económico.
Takaichi visitará en marzo EEUU, una visita de enorme importancia dado que se produce un poco antes de la que Trump hará a China para verse con Xi Jinping. Japón es el mejor aliado de Estados Unidos en el continente asiático y las últimas escaramuzas políticas en torno al asunto de Taiwán servirán al presidente Xi para que le reitere a Trump que Japón no debe inmiscuirse en los asuntos de la República Popular China. Dos viajes, dos encuentros llenos de enorme contenido político. Y más viendo como la primera ministra nipona ve que aún hay parte de la sociedad o sobre todo en el estamento militar que la derrota de Japón en la IIGM todavía no se ha superado.
Japón seguirá aumentando su gasto en defensa con el objetivo de devolver al país «la grandeza» que perdió en su «humillante» derrota en la IIGM. Takaichi llega a los jóvenes cuando dice que «no quiero que Japón dependa siempre de otros países para defenderse» o como manifiestan cada vez más jóvenes que ven a China o a Corea del Norte países propensos a atacarlos, lo que realmente por ahora no va a ocurrir, pero con la nueva primera ministra el nacionalismo nipón ha experimentado un resurgimiento significativo y un giro hacia la derecha en la política, un fenómeno que ya se intensificó en la etapa de Shinzo Abe.
Eso sí, en este nuevo orden mundial, cada vez más quebrado y sobre todo competitivo, Japón afronta sus propios riesgos con sus disputas con Pekín en el mar de China Oriental con las islas Senkaku/Diaoyu e incluso lo que pueda ocurrir en Taiwán, escenarios tangibles pero por ahora lejos de desencadenarse conflictos globales que pondrían al mundo patas arriba ante los enormes costes económicos para las cadenas de suministros. Veremos que le dice Takaichi a Trump en marzo y poco después el presidente estadounidense a Xi.







