Lee Jae-myung y Donald Trump sintonizan en su primera cumbre presidencial

Madrid. Más allá de una posible crispación entre Corea del Sur y Estados Unidos, sus respectivos presidentes, Lee Jae-myung y Donald Trump, sintonizaron en puntos cruciales en su primera cumbre presidencial en asuntos como la economía, Defensa o Corea del Norte. Lee pidió al presidente estadounidense una mayor disposición para reanudar el diálogo directo con Kim Jong-un, al que mostró su interés en reunirse con el líder norcoreano, una cita en Washington que ha reforzado las relaciones bilaterales y, al mismo tiempo, ha despertado cierta esperanza en la solución final de la crisis permanente entre la dos Coreas, pero Pyongyang ve con recelos las maniobras de Trump, que insiste en la desnuclearización del país.
Donald Trump no tuvo en cuenta el perfil más progresista y pragmático del presidente Lee que se vio en la campaña de las pasadas elecciones presidenciales de junio pasado. De hecho, el inquilino de la Casa Blanca mostró su interés en mantener y mejorar los vínculos con China que tenían antes los conservadores surcoreanos y también aludió en su interés a encontrarse con Kim Jong-un, al que recordó cuando en julio de 2019 se convirtió en el primer presidente de EEUU en cruzar a pie la línea de la Zona Desmilitarizada de Panmunjom (DMZ), que supuso el tercer encuentro entre ambos tras las dos cumbres de 2018 y 2019. Trump dijo a Lee que puede «hacer algo en relación al Norte y Sur (de Corea)», pero otra cosa es que Pyongyang lo vea con buenos ojos y, por ahora, no contempla debilitar su programa nuclear, su mejor escudo protector del régimen norcoreano, aunque la presión de Washington para que reduzca su programa nuclear continuará. «Me gusta mucho Kim Jong-un, estoy deseando que nos reunamos», aseguró.
Trump también le comentó a Lee sobre la cooperación trilateral con Japón. El presidente estadounidense resaltó que Tokio es un socio clave en este marco de relaciones, aunque reconoció que persisten tensiones históricas con Seúl y valoró la importancia de esta asociación nipona-surcoreana, tras la cumbre la pasada semana en Tokio entre el presidente de Corea del Sur y el primer ministro de Japón, Shigeru Ishiba, en la que ambos mostraron su acuerdo en ampliar la colaboración en diversas áreas y minimizando disputas históricas, una cita que afrontó los rápidos cambios actuales en materia comercial y de seguridad, con preocupaciones comunes en relación a potencias vecinas, y que el propio Donald Trump valoró positivamente insistiendo en que su Administración trabaja junto con el Ejecutivo nipón para que los dos países, sus mejores aliados en Asia, superen sus diferencias del pasado.
En cuanto al tema económico el encuentro presidencial tuvo un espacio importante en el asunto de la industria naval, en la que Lee dijo que EEUU busca un «renacimiento» de sus sectores naval y manufacturero, y expresó su deseo de que el proceso contribuya a reforzar los intercambios con Corea del Sur. De hecho, Trump coincidió en la importancia de esta colaboración y manifestó su esperanza de que, gracias al impulso surcoreano, la construcción naval recupere protagonismo en el país. Trump quiere que los astilleros de Corea del Sur, segunda potencia global en el sector, construyan barcos para el Ejército estadounidense de cara a ayudar a recortar la brecha que se ha abierto entre las capacidades marítimas de Washington y Pekín, que cuenta con la mayor flota militar naval del mundo. Y en este mismo mes de agosto, Seúl y Washington llegaron a un acuerdo para reducir aranceles estadounidenses al 15 %, según fuentes surcoreanas.
Además, Korean Air anunció una inversión de unos 50.000 millones de dólares en Estados Unidos con la compra de 103 aviones de Boeing y motores de GE Aerospace, horas después de la cumbre entre ambos dirigentes, y también se acordó la compra adicional de 3,3 millones de toneladas anuales de gas natural licuado procedente de EEUU a partir de 2028.
Sin embargo, Trump se mostró más dubitativo en relación con la presencia militar estadounidense en la península coreana y sobre una posible reducción del número de efectivos desplegados, actualmente rondan los 28.500 soldados, señaló que «por ahora» no desea tratar el asunto, aunque eso sí, mencionó que los terrenos donde se ubican sus bases militares son cedidos en régimen de alquiler por Corea del Sur, y añadió que EEUU preferiría contar con su plena propiedad como titular de los terrenos sobre los que está construido Camp Humphreys, la mayor base militar que Estado Unidos tiene fuera de su territorio, a unos 75 kilómetros al sur de Seúl.
Corea del Sur depende de EEUU para su defensa y la buena marcha de su economía. Para Washington, Corea del Sur es una pieza clave en su arquitectura de seguridad frente a su gran rival, China. El presidente Lee se comprometió con Trump aumentar los gastos de defensa para fortalecer la seguridad de la península Coreana. Según el Ministerio de Defensa surcoreano, el presupuesto de defensa de Corea del Sur para este año es de 44.200 millones de dólares, aproximadamente, o sea, un 2,32 por ciento del PIB y sin olvidar que Trump ha instado a sus aliados asiáticos a que aumenten los gastos de defensa hasta el 5 por ciento de su PIB, una cifra en consonancia con los compromisos de los miembros de la OTAN.
No obstante, Trump aseguró que ambos países tienen previsto hablar de nuevas compras de armamento estadounidense por parte surcoreana y renovó su oferta para que el país asiático -junto con otras naciones como Japón, India o Tailandia– invierta en un potencial proyecto para construir un enorme gasoducto en Alaska, aunque no añadió más detalles concretos sobre ambos asuntos.
Ha sido un encuentro armonioso, más positivo de lo esperado, una cita histórica para la nueva etapa política que inicia Corea del Sur con un presidente de centro-izquierda, Lee Jae-myung, tras el bochornoso espectáculo político de su predecesor, el conservador Yoon Suk Yeol, que era el favorito en Washington por sus duras posiciones contra Corea del Norte, y luego depuesto por intentar imponer la ley marcial en su país.
Trump ha bendecido al presidente Lee mientras Corea del Norte le llamó un «hipócrita presa de la paranoia de desnuclearización», tras las declaraciones del gobernante surcoreano durante su visita a EEUU.
En suma, una realidad política en la que las relaciones con China y Japón tendrán su impronta pero sobre todo las de Corea del Norte, en la que Trump valoró la conciliación acertada de Lee hacía Pyongyang, una cumbre en la que también Trump dijo que Xi Jinping le había invitado a Pekín y con la esperanza de un encuentro Kim-Trump pero sin olvidar para el presidente surcoreano la delicada situación económica que atraviesa Corea del Sur, y con la meta de enderezar la economía del país que no atraviesa un buen momento dada la desaceleración de las exportaciones e inversiones, unido a la baja natalidad y a la alta deuda de los hogares.







